En Plena Oscuridad

3Enfrentando Con valor A la Encarnación del Dolor

"Brida"

*2 MESES DESPUÉS *

—Tampoco es para tanto, Melissa, te pasas.

—Querida, ¿ no viste cómo te estaba mirando ese muchacho? Por poco y se babea sobre el mostrador.

—Es mejor que vayas a ver las galletas que pusiste a hornear hace un rato, creo que se están quemando.

—Alegó con diversión, tomando una de las libretas para las órdenes de quienes no vienen directo a la caja.

Sonrió y saludo a cada persona que llega en busca de los deliciosos postres, o bebidas calientes de Melissa. Con el pasar de las largas semanas este lugar se a convertido en un refugio para mí entre tanta tormenta.

Hasta ahora he seguido con la universidad, no voy a rendirme tan fácil, no cuando aún se puede seguir hasta el final si hace falta.

Melissa ha sabido como llegar a mi corazón y esto es relativamente inquietante, dado que, soy una de las personas que no ha parado de decir que simplemente es un órgano. El apego a sido mutuo y me siento bien con ello, pase a la traición que vivida por alguien que pensé que era una amiga.

Quisiera decir que esa misma sensación de confianza que siento por la dulce mujer, también la he sentido por una de las chicas que trabaja en la panadería, la cual ha intentado por todos los medios conseguir un poco de mi soltura, sin resultados algunos.

Cada noche pienso en el idiota de Sebastián, imposible no hacerlo.

¿Habrá logrado diseñar algún plano que se robe la vista de todos?

¿Pensará en mí?

¿Aún sigue pensado que lo he engañado?

Mierda. Es tan difícil decir que dejaré de pensar en él y listo.

Con ayuda de Amara y Melisa he podido alquilar un pequeño departamento a dos cuadras de mi lugar de trabajo y mucho más cerca para ir a la universidad que mi anterior residencia.

Un lugar pequeño, pero acogedor. Poco a poco he ido dándole ese toque de que es mío y me pertenece sólo a mí y que no vendrá otra persona a sacarme cuando quiera, a excepción de la mujer que cobra la renta y esta no lo hará sin razón alguna.

Sorpresa inmensa fue descubrir que Melissa y Amara se conocen. Las dos vivían en la misma ciudad cuando eran jóvenes, sin embargo, la vida les hizo tomar caminos diferentes, hasta ahora, que volvieron a encontrarse y revivir sus recuerdos de aquellos lindos años que pasaron juntas. Ambas mujeres son un tarro de miel, y me siento feliz de saber que son parte de mi vida, porque cada una ha sabido brindarme de su sabiduría para persistir.

Las dos consultas agendadas en la clínica fueron cambiadas y no fue hasta el mes pasado que logre visualizar la primera ecografía de mi oruguita, tan pequeño e indefenso, su corazón late con un ritmo que hasta ahora es una dulce melodia para mis oídos.

Perra sentimental

Definitivamente soy un saco de emociones andante en los últimos meses.

Tanto la obstetra como el especialista han estado trabajando juntos en mi caso y “la bendita mancha en mi cerebro”, que gracias a Dios no es maligna (por ahora). Antes de entrar a los cuatro meses de gestación ambos especialistas recomendaron que iniciará con un tratamiento para desaparecer dicha mancha y reducir los síntomas que ha estado provocando en mí y que ahora con el embarazo no ayudan.

Existe un 30% de riesgo en el embarazo, lo cual me dejo por tres días en un dilema grande, sin embargo, me arriesgue a ello. ¿Cómo podría estar bien el bebé, si yo no lo estoy?

Hasta ahora todo ha ido muy bien, comenzando a sentir mejoría. A finales de este mes nuevamente tengo cita con el especialista y descartar por completo cualquier riesgo.

Tomo algunas ordenes y voy hasta donde Melissa la cual se encarga de pasarla a los demás y tenerla lista en pocos minutos.

Voy de un lado a otro tomando ordenes o atendiendo la caja durante un rato, el lugar no se deja de llenar nunca y creo que el día que decidí entrar por primera vez fue suerte, porque desde entonces no han habido mesas libres.

Con una de mis habituales sonrisas me dirijo hasta una de las mesas donde una mujer se encuentra de espaldas, sin prestar mucha atención me acerco hasta ella para tomar su orden.

—Buenos días, ¿que desea pedir?

Cuestiono con voz dulce, fijo mi vista en la pequeña libreta dispuesta escribir.

—Santo cielo. Cuando dijiste que harías sentir orgullosa a la familia, no imagine que sería de esta forma, Brida...

Al escuchar esa voz, la paz y tranquilidad de todos estos meses se tambalea. Levanto la mirada hasta encontrarme con esos ojos que me hicieron creer que algún día me mirarían con cariño y amor...

Siento como si mi lengua no existiera dentro de mi boca. Muy dentro de mí invoco la fuerza y voluntad con la que he estado viviendo estos meses, intento por todos los medios hacerle saber que su presencia me provoca miles de cosas menos alegría.

Su mirada desciende lentamente por todo mi cuerpo, desde mi rostro hasta mi vientre abultado y una mueca difícil de descifrar se dibuja en sus labios. Su mirada desprende un aura fácil de leer, nada esta bien.

— ¿Te has quedado muda, querida?
Debo decir que me sorprende, ya que, tú eres de todo menos silenciosa.

— ¿Qué haces aquí?

Cuestiono con frialdad. Esas son las únicas palabras que logran escabullirse de mi boca.

— ¿Acaso este país no es libre? Hasta donde sé, es un 100% libre para sus turistas...

Alega sonriente, puedo percibir como por dentro se está debatiendo por no explotar.

—Cielos. Por un momento olvide eso, disculpe señora. —contesto con fingida culpa, sonriendo de la misma forma que lo ha hecho antes.

Que este en Alemania no es buena señal, algo grande se acerca. Está mujer no hace algo por simplemente hacerlo, siempre hay algo escondido.

—Deseo un café doble sin azúcar. Luego necesito hablar contigo.

Escribo el bendito café doble sin azúcar sujetando la libreta con más fuerza de la necesaria, no me sorprende porque es tan amarga...




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