En Plena Oscuridad

6 ESE BEBÉ ES TAN TUYO COMO MÍO...

*Brida*

Estoy despierta.

Siento la presencia de otros a mi alrededor.

Escucho sus voces.

Sin embargo, no puedo abrir mis ojos siento mis párpados pesados y dolor por todo mi cuerpo, además un ardor horrible en mi garganta.

¿Qué pasó?

El incendio.

El departamento quemándose.

Mi bebé.

Este última pensamiento parece que altera todo mi sistema, algunos pitidos comienzan a escucharse por toda la habitación, pero no se de donde provienen aun no puedo abrir mis ojos.

-Esta despertando. Será mejor que espere afuera...

Escucho una voz profunda, con un tono autoritario.

Me están revisando, puedo sentirlo.

-¿Ella está bien?

Esa voz la reconozco

¿Qué hace él aquí?

Los latidos de mi corazón son cada vez más fuertes y parece que la maquina que segundos atrás se escuchaba lo vuelve hacer.

-Le pido que espere afuera, parece ser que su voz la altera más.

Sebastián parece hacerle caso ya que no escucho más que al doctor hablar con la que parece ser una enfermera, siento como revisan, sin embargo, mi mente no se encuentra pendiente de ello, sino en, ¿qué hace él aquí?

-Señorita Dinmentilzon, se que puede escucharnos. Necesito que por favor intento abrir sus ojos...

La profunda y autoritario voz, del doctor ahora se escucha en un tono dulce y tranquilo. Intento hacer lo que me pide, pero no hay resultados.

Al intentar mover uno de mis brazos siento un dolor terrible lo cual me hace soltar un gemido de dolor.

-Tranquila, lo haremos despacio.

Solo necesito ver por mí misma, que lo abultado que siento en mi vientre no es producto de mi imaginación y de verdad mi bebé sigue ahí.

Sin importar la pesadez en mi cabeza y la sensación de dolor en mis ojos al intentar abrirlos lo hago, cerrandolos de golpe ante el choque de la luz de la habitación.

Intento decirle algo al doctor y enfermera, pero no puedo, mi garganta arde y se siente muy seca.

Esta vez intento abrir nuevamente mis ojos muy despacio y lo consigo, me toma un par de segundos adaptarme a la luz. Frente a mí se encuentra un hombre mayor examinando con atención, del otro lado se encuentra una enfermera suministrando lo que parece ser una solución a la vía qué va directamente a mi brazo perdiéndose entre el dorso de mi mano en una de mis venas , o que se yo.

-Y-o

Intento decir algo, pero solo consigo lastimar mi garganta. Miro mi vientre y puedo ver que aun esta abultado, ¿esta mi bebé bien?

El doctor parece leer mis pensamientos ya que de inmediato lo escucho decir: -Ambos están fuera de peligro por ahora.

Soltando un suspiro de alivio me relajo, la enferma se acerca esta vez con un vaso de agua.

-Bebe un poco, esto ayudará aliviar un poco lo maltratada que esta tu garganta.

Asiento aceptandolo, mi intención era beberla toda de un golpe, sin embargo al tragar el primer sorbo siento un dolor horrible lo cual me hace dibujar una mueca de dolor en mi rostro.

-Llevará días hasta que se recupere por completo tu garganta y algunas semanas tus pulmones, estuviste expuesta a una gran cantidad de dióxido de carbono que casi te cuesta la vida.

Asiento con la mirada puesta en la puerta.

A duras penas logro beber tres sorbos de agua, lo cual refresca un poco mi adolorida garganta.

-¿De verdad esta bien el bebé?

Mi voz se escucha ronca y es palpable la debilidad en cada palabra.

-Si. Hace un día que ambos están fuera de peligro.

Otro suspiro abandona mis labios al escucharlo.

Llevo mis manos a mi vientre, dando suaves caricias sobre la bata verde que cubre mi cuerpo. Sentí que mi vida dependía de un hilo al ver cómo el fuego se estaba esparciendo por todo el departamento y nadie venía ayudarme.

-Su obstetra se encargo de realizar los estudios necesarios para evaluar el estado del bebé, el cual se encuentra bien. No tiene nada de que preocuparse.

Vuelve a hablar el médico, terminando de examinarme la enfermera acomoda mi cama dejándome en una posición más cómoda lo cual le agradezco con una sonrisa.

Siento mi cuerpo adolorido, sin embargo, eso no me quita el alivio de saber que estoy bien, que no morí quemada en el departamento como creí que lo haría.

-Gracias. ¿Hay alguien más afuera, aparte del hombre que estaba aquí hace unos minutos?

Decir cada una de esas palabras me han costado un mundo, es horrible el dolor y ardor en mi garganta.

-Dos señoras, las cuales han estado aquí desde el momento que ingreso de emergencia. La han venido a ver, sin embargo, usted ha permanecido dormida hasta ahora.

-¿Las puedo ver?

Cuestiono con lágrimas en los ojos. Amara y Melissa no me han dejado sola, Dios. Pobres deben estar agotadas.

-Terminamos aquí y doy la orden de que la dejen entrar.

Asiento con una sonrisa, que es más parecida a una mueca. Escucho atentamente todo lo que me dice ansiosa de que termine y así poder ver a Amara y Melissa.

*****

Amara podía jurar mil veces que está bien, pero su demacrado rostro la delata.

-Dios, Brida. Sentí mi corazón en la garganta cuando me avisaron que el edifico se había incendiado y yo no estaba ahí. Al llegar aquí nadie me decía nada, pensé que moriría de la agonía.

-Siento mucho que tuvieran qué pasar por esto. Todo fue muy rápido, de un momento a otro se comenzaron a escuchar los gritos, el olor a humo y todo se descontroló.

Conversamos un durante una hora, bueno ellas lo hacen hasta que una de las enfermeras ingresa a la habitación y avisa que ya ha acabado la hora de visitas y debo descansar.

Sin esperar mucho se despiden, no sin antes avisarme de que estarán afuera por si se me ofrece algo. Ambas están cansadas y no lo quieren admitir, por lo que les digo que estaré bien y que por el amor que se tienen así mismas vayan descansar un poco.

-No te dejaremos, así que no insistas...




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