En Plena Oscuridad

9 RICO ALGODÓN DE AZÚCAR

*DÍAS DESPUÉS*

"Brida"

Al iniciar esta mañana no estaba segura de aceptar su invitación, y es que vamos, ¿a quién se le ocurre aceptar salir con su ex al parque?

Bueno, quizás otras personas lo hacen y claramente no es mal de morirse.

Así que desde que salí de casa al trabajo no deje de pensar en eso hasta que llego la hora de vernos... Y aquí estoy con una sonrisa tonta en mis labios al ver a Sebastián caminar hacia mí con dos algodones de azúcar en sus manos moviendo las dos bolas de azúcar como si fueran maracas. Me muerdo el labio y observo su rostro, mi corazón late con rapidez, luce tan bien como siempre, la expresión de su rostro refleja calma y en la comisura de sus labios una sonrisa pícara.

-AY DIOS. MUÉVETE, ME ESTOY MURIENDO POR LLEVAR ESA DELICIA A MI BOCA.

Estoy actuando como una loca, lo sé. Pero definitivamente tengo unas ganas tremendas de comer ese algodón de azúcar

-Si que estas agresiva. Me gusta, te ves sexy.

Ignoro sus palabras y tomó de un jalón uno de los algodones de azúcar y sin pender tiempo lo saco de su envoltorio. Pellizco una gran porción, llevándola a la boca. Inmediatamente siento cómo se va deshaciendo en mi lengua, mis papilas gustativas son complacidas con ese rico dulce. Un suspiro de satisfacción se escapa de mis labios, ganado un gruñido por parte de Sebastián, él cual me observa de una forma extraña.

-Deja de mirarme así, -reprochó comiendo el resto-. Dudo mucho que me vea sexy ahora. Me siento super rara he hinchada.

Sinceramente estos días han sido caóticos, entre malestares del embarazo y el trabajo en la cafetería, sin contar que cada vez que me veo en el espejo me siento extraña.

Lo cual es normal en mi estado, sin embargo, no siempre llevamos los cambios de buena manera.

-Siempre lo has sido. -relame sus labios lentamente, provocando en mi cuerpo una sacudida tremenda que desde hace rato no sentía.

¿Hace cuánto qué no lo beso?

-¿Brida?

-Ummm...

- ¿En qué piensas?

Interpela con voz grave. No lo he visto venir, o quizás me hice la loca en cuanto a eso, pero he podido sentir su aliento muy cerca. Mis pensamientos se dispersan y vuelvo a la realidad.

Me alejo torpemente y en el proceso el algo de azúcar o lo que quedaba de este se cae al suelo

-Mirad lo que has hecho.

-¿Qué? Si has sido tú quien lo ha dejado caer al levantarte como si te fuera a pegar alguna enfermedad.

Contesta con frialdad, apartando la mirada. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo al escucharlo, se ha enojado.

-No me hables así, idiota. -sin poder evitarlo mis ojos comienzan a picar y una sensación de tristeza me invade.

En cuestión de segundos ya me encuentro llorando como una niña pequeña. Sebastián se gira con brusquedad al escucharme sollozar completamente preocupado, no hay rastro de frialdad.

-¿Qué sucede? ¿Te duele algo? -comienza a cuestionar mirándome de arriba abajo en busca de alguna herida. Entre lágrimas niego a sus preguntas-. Oye, disculpame. No fue mi intensión lastimarte, Mariposita--sin importar si lo rechazo o no, rompe cualquier distancia entre los dos y me estrecha entre sus fuerte brazos me estrecha en sus brazos-. Shh. Shh. Shh, Disculpa...

Los latidos de su corazón captan por completo mi atención, a la medida que estos se siente mis lágrimas van mermando, así como mi estado de ánimo.

Dios mío.

Cuanto extrañaba escucharlos.

Ese calor que emana su cuerpo y me envuelve de pie a cabeza.

-Me gustan.

- ¿Qué?

-Los latidos de tu corazón, siempre me gustó escucharlos. -confieso con voz melosa, y las mejillas tan calientes como dos bolas de fuego por la vergüenza.

Me alejo de sus brazos con más esfuerzo de lo normal, y ahora lo contrario. Definitivamente no hay quien me entienda.

Algo sucede de repente, algo que nunca había sentido antes y, Santo Dios, me agarro fuerte al vientre cuando lo vuelvo a sentir. No es un dolor exactamente, pero es algo, y jadeo cuando sucede por tercera vez y algo, una pequeña cosa, se mete en mi mano. El bebé se está moviendo, lo está haciendo, sin embargo es completamente diferente a sus otros movimientos, esta pateando, esta pateando y creo saber porque lo hace.

Él o ella, ha sentido la calidez de si cuerpo, esa bendita calidez que muchas veces me volvió loca y los latidos de su corazón, jamás as había movido de esta forma. En cuestión de segundos tengo a Sebas arrodilló frente a mí con sus dos manos sobre las mías que aún están sobre mi vientre.

-¿Brida te encuentras bien? ¿Pasa algo con el bebé?

Miro fijamente su mirada de pánico y con la voz temblorosa por la emoción le digo:

-Estoy bien. Sólo me he asustado un segundo, el bebé se ha movido, pero no esta vez de una forma diferente, o es lo que creo, se sintió muy diferente.

-¿Estas segura? Es mejor ir al médico.

El pánico se refleja en su rostro y en la mirada, cuando estoy dispuesta a decirle que no se preocupe, la pequeña oruguita parece querer responder.

Mis ojos se abren de par en par y puedo sentir como su respiración se detiene por completo.

Su mano en mi vientre comienzan a descender, y a través de la tela de mi vestido puedo sentir la calidez qué emanan. Nuevamente otra patada y puedo ver que en sus ojos se instala ese brillo hipnótico que los caracteriza, pero esta vez es mucho más vivaz y alucinante dejándome prendada en ella.

-Hey, pequeño si que eres inquieto.-comenta con dulzura, lo cual parece gustarle ya que nuevamente patea y él se ríe ligeramente, sin apartar la mirada de mi vientre. Mis ojos vuelven a escocer pero esta vez con lágrimas de felicidad-. Me alegro poder sentirte, estoy aquí pequeña oruguita...

Sebastián permanece arrodillado un par de minutos más, en los cuales cierra sus ojos y tan sólo se dedica a susurrar palabras a mi vientre, qué parecen gustarle a la personita que crece dentro, ya que está responde con más patadas.




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