En todas mis primeras veces

CAPÍTULO 23

MARTIN (ACTUALIDAD)

En estos momentos llegar a la editorial se siente diferente, muy diferente. Sentir tu sueño hecho realidad es felicidad pura, no hay nada que se compare a esto. Escribir y ser reconocido por lo que amo. Trabajar de lo que amo.

—Buenos días Juanma — saludo con una sonrisa a mi amigo, el cual todavía me reclama por haberlo abandonado y por no decirle que era yo el escritor anónimo.

—Buenos días traidor.

—Te traje café —digo y le dejo la bebida en su escritura

—¿Crees que un café puedes comprar mi perdón?

—Y también traje tus donas preferidas

—¡En serio! Ay Martin eres un buen amigo, con el hambre que tengo.

—Que lo disfrutes — Le digo mientras marcho a mi oficina. Su mirada pasa otra vez a un enojo, gracioso y actuado.

—¡Adiós traidor!

Al llegar saludo a mis nuevos compañeros de oficina, son geniales, aunque admito que también extraño a Juanma.

La mañana es tranquila llena de email que contestar, he sido invitado a la fiesta anual de lectura, la cual no quería asistir. Aun no he enfrentado a mi padre, cree que sigo trabajando en finanzas y me siento un cobarde, porque a mis veinticinco años aun le temo como si fuera un niño. Lo único que he cambiado es que ya no me esfuerzo para agradarle, para hacerlo sentir orgulloso, antes con tal de su reconocimiento hubiera trabajado toda mi vida en algo que no me gustaba.

Me he ganado a pulso el apodo de “Escritor anónimo”, no soy el único, pero si supieran que la razón no es el miedo a las críticas del público.

—Buenos días a todos — Nos saluda Jeremías.

—Hola

—Escucha escritor anónimo. Has sido elegido para asistir a la feria anual de lectura.

—Lo sé, es la quinta vez que me lo dices.

—Entonces…. Por qué no confirmas asistencia.

—Lo haré

—O lo haré por ti — afirma y se retira.

Al terminar el día me dirijo a la casa de Lucia, hace tres días que no nos vemos. Y está más que rarísima. Se que algo le sucede y solo espero que esta noche me lo diga.

Diez minutos después estoy tocando el timbre de su departamento.

—Hola amor — me dice con una sonrisa y prácticamente se tira a mis brazos.

—También te extrañé — digo respondiendo a su abrazo.

—Pasa amor, pasa — dijo y me tomó la mano llevándome a la sala. Luego tomó asiento en el sillón y yo la seguí —. Martin te pido perdón, sé que he estado distante y rara, pero no fue fácil procesar esto.

—¿Procesar qué? Me estas asustando —digo preocupado. Ella no paraba de mover sus piernas nerviosa y su mirada estaba en el piso hasta que fue directo a mis ojos.

—Estoy embarazada

Queeee, no puede ser. No-No-No

No ahora, no aún. Mis pensamientos volaban a mil por hora, ¿Cómo es esto posible? Siempre he sido extremadamente responsable.

—¿Estás segura? — pregunté con la voz rota. No quería tener un hijo a los veinticinco años cuando recién estaba despegando en mi carrera.

—Claro que estoy segura.

—Pero yo-yo siempre me cuido.

—Martin sabes que nada es seguro.

—¿Qué quieres hacer? — pregunté con la voz apagada.

—Tenerlo, por supuesto. Es nuestro bebé.

—Lucia…Aun no quería ser padre —contesté con los dientes apretados.

—¿Y crees que yo sí?

Sabía que debía decir algo y reaccionar de una vez, solo que las palabras no salían, porque por primera vez en mi vida, algo no estaba saliendo como lo planeaba. No me gustaban las sorpresas, al menos que sea algo por lo que había soñado toda mi vida, como escribir. Pero esto definitivamente no, no estaba listo para ser padre.

—No te mentiré, esto me toma de sorpresa y no me agrada en absoluto —dije una vez que me tranquilicé y luego tomé sus manos —. Pero estoy contigo, también soy responsable.

—Debemos comprometernos —soltó sin más.

¿Qué? ¿Comprometido y con un hijo en camino? Tu vida puede cambiar para siempre en cuestión de minutos.

Amanda…. Mi futuro está a punto de cambiar para siempre y solo se me viene su sonrisa a la mente. Todo terminó, para siempre. Eso que nunca comenzó, terminó así de repente.

¿Y tuve el valor de llamarla cobarde? No he conocido a alguien más valiente que Amanda. No hacia nada que no quería, cuando odiaba estudiar no lo hacía, cuando la cargaban por su vestimenta a ella no le importaba y a pesar de que se burlaban de ella, siempre lo tomaba con humor y seguía como si nada. Jamás perdía su sonrisa.

Lagrimas comenzaron a salir de mis ojos sin control, jamás lloraba. Y en estos momentos no me importó.

Fui un imbécil, tal vez toda mi vida lo he sido. Por no luchar por lo que siempre he querido, por no haberla escuchado. Por no haber luchado por ella.




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