En todas mis primeras veces

CAPÍTULO 24

AMANDA

Ahora pertenecía a “Luxor Books”, la misma editorial en la cual Martin trabaja. No fue fácil con Tomas y Laura, porque se sintieron traicionados, aun así, me apoyan, saben que es una muy buena oportunidad para mi trabajar allí, no saben que la verdadera razón es Martin, a diferencia de Mar y Estelita que lo supieron antes de que hable. Además, ya era hora que me aleje de mi amiga porque hace mucho quiere convivir sola con Mar, aunque no me dijeran nada, lo sabía, querían su privacidad por lo tanto todo resultó muy bien, mi decisión fue la correcta. Solo esperaba que mi plan funcionara, me interesaba crecer profesionalmente, pero en este momento lo más importante para mi, es recuperar a Martin.

Entré a mi nuevo departamento que Jeremías me ayudó a rentar en tiempo récord, mi condición fue que sea una sorpresa y que no dijera nada hasta que me hiciera presente en la editorial, no opuso resistencia ni me preguntó la razón, ya me caía bien.

Recorrí el departamento pequeño pero acogedor, una habitación espaciosa, un baño y una sala, también bastante pequeña, con un hermoso ventanal. No necesitaba más, es la primera vez que viviré sola, extrañaría mucho a Estelita y a Mar. Pero me adapto rápido y todo esto valdría la pena, lo sé.

Dos horas después terminé de acomodar todas mis cosas, aunque no eran muchas tardé en tratar de dejar lo más arreglado posible. Saqué mis fotografías, esas que llevaba conmigo desde el primer año que me fui de casa, en una de ellas Martin sonreía a mi lado mientras me abrazaba, estábamos en el árbol, “nuestro árbol especial”, ese que había trepado millones de veces para colarme en su habitación. No sé cuánto tiempo me quedé observando la fotografía, pero fue imposible no viajar a diez años atrás.

—¡Amanda! — me llamó la madre de Martin

—Señora London me asustó —dije avergonzada. ¿Cuántas veces me ha visto entrar por la ventana?

—¿Qué sucede? —preguntó Martin mientras se asomaba a la ventana.

—Hijo siéntate al lado de Amanda así les tomo una fotografía.

—No le gusta mucho subir a los árboles — dije mientras reía —, le da miedo.

—Claro que no — dijo y aun reía cuando me abrazó y la señora London congeló ese momento.

Una lagrima recorrió mi mejilla ante ese recuerdo. Aún la extraño, y no me quiero imaginar cuanto más Martin. Dejé la fotografía en su lugar y fui directo a tomar un baño, luego me acosté y comencé a dar vueltas en la cama, estaba nerviosa, muy nerviosa. Mañana sería el gran día, primer día de trabajo con mi mejor amigo. Nunca habíamos trabajado juntos, sonreí ante la idea, seria divertido.

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Creo que nunca me había levantado tan temprano para ir a trabajar, dos horas y media exactamente. Tuve tiempo de elegir bien mi atuendo. Quería que Martin me vea diferente. En verdad había cambiado, me sentía más segura de mí misma y se notaba en mi manera de vestir. Tome un vestido negro elegante hasta la rodilla y ajustado al cuerpo, con unos zapatos no demasiado altos. Tomé mis llaves, cartera y salí, al subir a mi coche coloqué el GPS y arranqué , media hora después le mandé un mensaje a Jeremías que ya estaba tomando el ascensor directo a las oficinas de redacción. Al llegar me quedé observando la puerta, respiré y luego toqué. Al instante Jeremías me abrió.

—Muy buenos días — Saludé, él estaba aquí de espaldas sirviendo café, al instante reconoció mi voz porque sus hombros se tensaron y lentamente se dio vuelta.

—¿Amanda? — Dijo mientras me evaluaba de arriba hacia abajo.

Sí, me arreglé exclusivamente para ti Martin.

—Hola Martin.

—¿Ya se conocen? —preguntó Jeremías.

—Muchísimo — dije con una sonrisa.

—¿Es en serio? —preguntó Jeremías

—Así es, nos criamos juntos — contestó Martin seriamente. ¿Estaba enojado?

—Bueno…entonces no debo hacer presentaciones. Los dejo para que organicen su trabajo. Deben presentarse a la feria anual de literatura — dijo mi nuevo jefe y se marchó.

—¿No te alegra verme? — pegunté sin rodeos. Su mirada es tan intensa, y observvo como sus ojos se llenan de lágrimas. Y se exactamente lo que está pensando.

—¿Por qué ahora? — preguntó.

No, no lo digas, suplico con mi mirada, ahora también tan intensa como la suya.

—Martin… — dije con un suspiro. Él comenzó a caminar hacia mi sin dejar de observarme con tristeza. Fue como si el tiempo se hubiera detenido, sus pasos eran lentos, porque cuando él me miraba de esa manera todo se detenía para mí. Sentí que una lágrima recorrió mu mejilla sin siquiera haberme dado cuenta de que se había formado. Otra vez no nos estábamos diciendo nada y a la vez con nuestras expresiones, diciéndolo todo. Él se estaba despidiendo.

Cuando se acercó del todo a mí, apoyó su frente en la mía y sus manos cálidas en mis hombros. Sus manos siempre han sido cálidas para mí.

Quería decirle que lo amaba, que siempre lo había amado. Amaba saber que me conocía como nadie más lo hace, amaba que nos entendiéramos solo con miradas, como ahora. Amaba que siempre me haya empujado a ser mejor persona.




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