AMANDA
Recorría las tiendas del shopping pasando por todas las tiendas de ropa para bebes que había. Ya me había resignado, Martin se casaría, y sabia que seria un esposo y padre responsable. Porque no conocía una persona más responsable que Martin, el chico diez, sonreí al recordarlo en nuestros años de primaria cuando me retaba por no hacer la tarea y solo dibujar. Imposible no recordar nuestras tontas competencia por todo, esas que más de una vez me había salvado de caer en un principio invisible de tristeza.
Las primeras semanas de haberme enterado del embarazo de Lucia, fueron un completo desastre, no dormía, no comía y solo tenía ganas de llorar. Jamás pensé que algo me dolería tanto, perder a mi mejor amigo para siempre, no es algo fácil de superar.
Lo que más me dolía fue mi cobardía, fue creer que estaríamos mejor siendo solo amigos. Dolía saber que debía seguir adelante, porque no podía quedarme en el pasado para siempre. Saber que no habría nadie como él en esta vida, ni en ninguna otra. Había nacido para amar a Martin London, y ahora quería creer desesperadamente en las historias románticas en las cuales convivía cada día. Quería creer que en otra vida nos encontraríamos, y no cambiaria absolutamente nada, salvo la parte en donde no lo dejaría escapar de mí, en donde lo amaría sin miedo; el resto quedaría intacto, todavía nos gustaría los comics y las películas de superhéroes, también pelearíamos en competencia tontas, yo seguiría siendo un desastre divertido, pero más valiente y Martin no seria tan extremadamente responsable, de vez en cuando seguiría cometiendo locuras conmigo.
Pero en esta vida no podremos amarnos , en esta vida si hubo miedos que nos alejaron.
Pero nunca es tarde para ser valiente, lo seria ahora y de una vez por todas trataría de perdonar a mi padre y ya no le tendré miedo a las tormentas, en vez de eso, ahora las tormentas me recordarán a él para siempre. Seré valiente para seguir con mi vida y así poder ser tía de su adorado hijo, porque será un excelente padre, lo sé. Porque Martin es bueno en todo lo que hace, él siempre será mi chico diez.
—Por favor este — Le dije a la chica que me atendía, levantando en alto el hermoso conjunto color blanco para recién nacido. Diez minutos después estaba saliendo del shopping, aún deprimida, porque no es algo que superaré pronto, pero lo intento.
Seguí caminando sin rumbo viendo la linda ciudad, hasta que observé una figura conocida, era Lucia, estaba parada en una esquina esperando a alguien, sonreí dispuesta a ir a su encuentro y saludarla, aún no nos veíamos desde que llegué y sospechaba que Martin le había ocultado que trabajamos juntos, porque cada vez que le sugería cenar los tres juntos, me evitaba.
Cuando estaba por alcanzarla una figura conocida, la abrazó.
—Hola amor — La saludó su mejor amigo.
—Ya te he dicho que no me llames así, no soy tu amor.
Comenzaron a caminar y los seguí sin que me vieran, después de unos metros entraron a una cafetería. Agradecí mentalmente traer un suéter con capucha y rogué que en verdad no supiera que estaba aquí, porque tenia un mal presentimiento.
Se sentaron en la mesa más alejada de la cafetería, yo me senté atrás.
—Te he dicho que no me molestes más — Le reclamó Lucia.
—¿Cómo puedes decir eso Lucia? ¿En verdad no piensas decirle?
¿Decirle qué?
—Martin es el padre de mi hijo.
—Sabes que no. Sabes que siempre has estado con los dos y que ese niño también puede ser mío.
¿Qué? Al instante se formaron lágrimas en mis ojos y tuve que taparme la boca para no gritar. No, a Martin, no. No voy a permitir que le hagan esto.
—¿Tú, padre? — dijo ella y rio con amargura —. No puedes ser padre porque no tienes donde caerte muerto.
—Pelearé por mi hijo.
—Tú cerraras la boca.
—Por ti sabes que lo haría, pero…
—Bien, gracias. Así me gusta.
No lo soporté más y furia brotaba desde lo más profundo de mi ser. Me levanté de un salto y me di vuelta a encarar a esa zorra.
—Ustedes podrán mantener la boca cerrada, yo no — dije
—¿Amanda? — dijo
—La misma. Y Martin sabrá lo que acabo de escuchar.
—¿Y crees que va a creerte a ti? —peguntó desafiante.
—Por supuesto — dije y luego salí de ese lugar echa una furia, corrí antes de que le arranque todos los pelos, porque no olvido que es una mujer embarazada y que hay una probabilidad de que Martin pueda ser el padre. Aunque conociéndolo, lo dudo.
Comencé a llamar a Martin y no contestaba, lo volví a intentar muchas veces y no tomaba el celular. Desesperada comencé a correr como si la vida se me fuera en ello.
Maldije por dentro por haber querido caminar y no traer mi auto. Corría y corría mientras lloraba. Estoy segura que Martin no es el padre, pero debía tranquilizarme, mi cabeza estaba hecha un lío, y no quería aferrarme a esa posibilidad para recuperarlo, porque ahora lo único que importa es Martin y su felicidad.
Al llegar a su casa comencé a tocar el timbre muchas veces como una demente, cómo no perder la cordura. Martin me abrió la puerta y ya se encontraba esa zorra a su lado.
Editado: 02.01.2026