En Tu Mirada

CAPÍTULO 3

 

 

Sentir la brisa e incluso la arena golpear ligeramente sobre mi cara fue suficiente para lograr olvidarme de lo horrible que había sido aquella mañana. Observé a Henrik andar entre las olas y busqué rápidamente a Cole con la mirada y lo vi en la orilla sacudiendo el agua de sus rastas negras.

Elevé mi mano haciéndole señas para que lograra verme entre la gente y una vez al notarme trotó hacia mí.

—Quisiera odiarlo —empezó a hablarme luego de enterrar su tabla en la arena y apuntó en dirección a Henrik—. Es un idiota presumido.

Si Cole era bueno en los videojuegos, Henrik era bueno en el surf y le encantaba presumir de ello porque, según él, Cole era un asco en eso. Fue inevitable no reír a causa de ese par, ya que siempre parecía que ambos estuvieran en una competencia para ver quién era el mejor. Saqué mi vaso de café enterrado en la arena, empecé a beberlo y de nuevo volví mi vista a Henrik surfear porque pese a que fuera bueno, no quitaba el hecho de que siga siendo Henrik y pudiera terminar ahogado solo por querer seguir presumiendo.

—¿Cuántos cafés llevas? —con mis dedos señalé dos veces—. ¡Apenas son las 2 de la tarde!

Me encogí de hombros.

—El café está sin mis extras de espresso. Jake no me dejó pedirlo.

Y el mencionado apareció caminando hacia nosotros tomado de la mano de su novia. Sin planearlo, hice una mueca de asco porque llevaban más de 30 minutos perdidos, siendo bastante obvio que estaban haciendo alguna cochinada.

—Quita esa cara —me pidió Jake—. Y también deja la envidia.

—¿Envidia, yo? —bebí de mi café mientras veía a los dos detenidamente—. Ya quisieran.

—Envidia por no tener una novia con la cual perderte en la playa.

Mi boca se abrió por la sorpresa causando la risa de todos, mejor dicho, cualquier cosa que me involucrara con alguna novia lo relacionaban con Dani y, por lo tanto, era gracioso para todos.

Seguí bebiendo de mi café ignorando sus burlas y contra mi voluntad, pensé en ella y que de seguro debía de estar con el aburrido de su novio. Ellos ni siquiera tenían algo en común, así que ni siquiera entendía cómo fue que ella se enamoró de él.

Henrik de lejos llamó a Cole y este no dudó en agarrar la tabla y correr directo al agua, miré de reojo a Jake y Brianna, quienes seguían con su asqueroso coqueteo.

—¿Quieres algo de beber? —me preguntó Jake después de un rato—. Compraré lo que quieras, aprovecharé que iré a comprarle algo a Bri que no ha comido.

—Quiero café —mostré mi vaso vacío—. Ya sabes cómo me gusta.

—No volveré a comprarte ese asqueroso café.

—Entonces, no quiero nada.

Sonreí cuando lo vi irse mientras resoplaba acerca de lo insoportable que solía ser a veces.

—Puedo ir por tu café —Brianna seguía a mi lado, observándome con sus grandes ojos cafés—. Claro, si quieres.

Se sentó reta y miró hacia la playa a la vez que jugaba con sus dedos sobre su regazo.

Ella sabía que no era de mi agrado, pero aun así ella hacía oídos sordos a todo lo que decía con malas intenciones y continuaba siendo agradable hasta el punto de hacerme sentir mal.

—Eres tierna —admití en voz alta, logrando sorprenderla—. Pero aún sigues sin agradarme.

—Lo sé, pero aun así tengo la esperanza de que tan siquiera podamos lograr llevarnos bien —cuando una vez más sus ojos me miraron, recordé a mi prima Elizabeth, ambas tienen esa aura de inocencia super tierna—. Sé por todo lo que ha pasado Jake y sé que son ustedes los que están ahí para él, sobre todo tú. Por eso quiero estar en buenos términos contigo para hacerte entender que de verdad amo a ese chico.

Entrecerré mis ojos como si quisiera escanearla y poder detectar alguna mentira, pero sin poder tener ese poder, me conformé con la sensación que tenía de que algunas de sus palabras podrían ser ciertas.

Había dos opciones; o ella mentía muy bien o yo era una mierda tratando de descifrar a las personas.

De igual forma no me confiaría y no le haría saber que ni siquiera le creía un 60% de lo que había dicho.

Me asusté cuando la vi levantarse tan de repente para empezar a sacudir la arena de su trasero.

—Voy al auto por mi celular —anunció—. ¿Quieres algo?

Negué y, aun desconfiado de tanta gentileza, le di las gracias.

Me estiré un poco después de levantarme y mientras caminaba con mi tabla en busca de montar algunas olas, lo que más logró llamar mi atención fue ver a los chicos haciéndome señas un tanto extrañas, en eso Henrik apuntó con bastante hincapié hacia una dirección y al voltear a ver, no pude creer lo que estaba viendo.

Pareciendo bastante molesta, se acercaba una chica delgada que podría reconocer sin importar entre cuánta gente se encontrara rodeada, justo como ahora. El vestido blanco con flores rojas que traía puesto se movía al ritmo de la brisa, al igual que su cabello negro. También venía descalza, pues sus sandalias blancas de tacón bajo las traía sostenidas en su mano.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.