En Tu Mirada

CAPÍTULO 19

 

 

En definitiva, me encontraba en la fase final del amor no correspondido.

La jodida y triste aceptación.

La mejor parte de todo esto es que me lo estaba pasando mucho mejor de lo que pensaba. Gina, con sus ideas divertidas, estaba haciendo mis días realmente agradables. Y ni hablar de mis abuelos, lo primero que se les ocurrió preguntar cuando me vieron fue si Gina era Dani…

Sabía lo que cruzaba por la mente de cada uno de ellos; creían que estaba escapando a causa de mi gran pelea con Dani y en gran medida tenían algo de razón, pero también se debía a mis padres.

Mi papá estaba furioso y era imposible negar que yo también lo estaba, por lo tanto, estar los dos bajo un mismo techo era una pésima idea.

—¡Vaya mierda increíble! —exclamó Henrik—. Jamás imaginé emborracharme con vino. ¡Me siento como un hijo de millonarios!

—¡No tenía ni idea de que tus abuelos fueran capaces de hacer algo tan increíble como esto! —Estaba casi seguro de que el grito de Cole debió haber resonado en todo el viñedo.

De los que no pude escapar fue de esos tres idiotas que, con apenas una semana después de mi partida, ya estaban metiéndose en el viñedo de mis abuelos para buscarme. Les había contado todo sobre la discusión con mi padre, pero me había guardado los detalles de mi pelea con Dani.

Para mi paz mental, a ellos les había sido suficiente saber que, sin importar cuál haya sido mi relación con Dani, había llegado a su fin.

Sin esperarlo, Bri se acercó y se sentó a mi lado, colocando su delgado brazo alrededor de mi hombro para darme un breve abrazo.

—¿Sabes que ella ha estado buscándote desesperadamente? —permanecí en silencio, sonriendo ligeramente hacia los chicos—. Sabes, nos hemos vuelto muy cercanas y estuve a punto de decirle dónde encontrarte, pero tus decisiones son más importantes para mí, por eso decidí guardar silencio.

Me incliné ligeramente y le devolví el abrazo, agradeciéndole por su comprensión.

Durante estos días he llegado a comprender algo que Gina mencionó hace un tiempo: no importa con quién esté la persona que amas, lo fundamental es que sea feliz. Pero, ¿por qué con él? Maldición, ni siquiera con alguien que sea menos idiota que yo.

Aquello me hizo pensar en que me molestaba que fuera él quien se quedara con su amor, ¿por qué un tonto como él? ¿Y no yo, que estaba dispuesto a luchar y ganarme su amor? Yo, que la amaba como un loco, dispuesto a hacer cualquier cosa por ella y nunca engañarla como él lo había hecho.

Estaba realmente enfadado, pero cuanto más me repetía a mí mismo que no debía estar enojado con ella porque esto era algo que podía pasar, más me enfadaba porque ella se merecía más.

Maldita sea, de verdad lo decía en serio, no quería estar molesto con ella y quería desearle lo mejor, pero esta decepción y tristeza solo lograban ahogarme en mi propio dolor.

Necesitaba tiempo, algo de tiempo o quizás, mucho tiempo.

Tiempo en el que, por el bien de mi cordura, lo mejor era tener cero comunicación con ella.

—Tu madre me está preguntando por qué tiene que llamarme para poder hablar contigo.

La diversión en la expresión de Gina no pasaba desapercibida para nadie mientras apuntaba a su celular con una llamada en curso.

Me había olvidado por completo de mi celular en casa y ni siquiera me había molestado en ir a buscarlo o pedirle a alguien que me lo trajera. Al contrario, tener el celular lejos de mí era una excelente manera de evitar la tentación de llamarla y saber cómo estaba, porque a pesar de todo quería saber de ella.

—Mamá, ¿cuántas veces voy a decirte que dejes de molestar a Gina?

—Las mismas que yo te diga que regreses a casa.

Suspiré, de nuevo tendríamos la misma conversación.

—¿Cómo está papá?

Me dirigí hacia el balcón mientras los chicos estaban ocupados divirtiéndose con mis abuelos.

La impresionante vista del viñedo me hizo suspirar y al mismo tiempo me hizo sentir un poco tonto por desear tener a Dani a mi lado para que también pudiera disfrutar de la puesta de sol.

—Sigue molesto por tu decisión en no querer continuar con la universidad, pero también está arrepentido y extrañándote.

—¿Está contigo?

—Por supuesto que estoy aquí —reí al escuchar la profunda voz de papá—. ¿Cuándo tienes pensado volver?

—¿Sabes qué sería una buena idea? Que vinieras aquí. Al abuelo le vendría bien una ayuda extra.

—Si llegara a ir, lo más probable es que tu abuelo querría matarme.

—No querría matarte si de vez en cuando vinieras a visitarlo.

—No cambies de tema y dime cuándo vendrás.

—Me exiges que te visite, pero tú no visitas a tu padre.

—¿Visitar? ¿De qué hablas? ¡Tú vives aquí!

Escuché a mis padres tener una discusión bastante cómica en la que mi madre le estaba reprochando a mi padre por la manera en que me estaba hablando. La verdad es que me tranquilizaba el hecho de que mi padre aceptara que no quería seguir con la universidad, aunque no ocultaba lo mucho que esa decisión le molestaba, al menos estaba intentando respetarlo.




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