En tus recuerdos

Tu primera mirada

Acabo de mudarme en un pequeño pero acogedor apartamento cerca de la universidad, tiene una habitación, una pequeña sala , y un hermoso balcón.

Era la primera vez que vivía sola y en mi familia que me dejaron hacerlo antes de la mayoria de edad era una proesa.

Estaba emocionada.

Por fin podría demostrarles a mis padres que ya no era una niña, y que podía lograrlo sola.

Las siete de la mañana y voy camino a mi primera clase, paso por una pequeña tienda de accesorios del hogar y pienso en todo lo que tendría que comprar para decorar mi pequeño espacio.

Mío.

Aquel apartamento era alquilado, sí, pero sería mi refugio durante los próximos cuatro años.

Al llegar a la explanada principal, una figura llamó mí atención.

Y como siempre, me olvidé de todo lo demás.

Marcos estaba allí.

Sonriendo y rodeados de mujeres como siempre.

Era como si el mundo entero conspirara para lo notara.

Cada vez que entraba en un salón, sentía que el aire se volvía un poco más pesado.

Y aunque sabía que era una tontería, me gustaba observarlo desde lejos.

Aquella era la segunda vez que compartíamos clases.

Probablemente él ni siquiera sabía que yo existía.

Siendo sincera, tampoco había hecho mucho para llamar su atención.

La timidez siempre terminaba ganando.

-Hola, ¿te molestaría ayudarme con este ejercicio? No logro entenderlo.

Me quedé inmóvil.

Aquella voz.

Conocía perfectamente aquella voz.

Levanté la vista y casi olvidó cómo respirar.

Marcos acababa de dejar su cuaderno sobre mí escritorio.

Asintí rápidamente.

Aúnque mis neuronas se habían declarado en huelga.

Mientras tanto, él seguía observándome con una sonrisa divertida.

Tomé el cuaderno con manos ligeramente temblorosas.

Es solo un ejercicio.

Solo tienes que explicarlo.

Respiró hondo y comencé a revisar los números.

-Aquí es donde te equivocaste -expliqué señalando una fórmula-. Si reemplazas este valor primero, el resto sale mucho más fácil.

Intenté concentrarme en los cálculos.

Lo intentó de verdad.

Pero tenía la incómoda sensación de que Marcos observaba me miraba y no necesariamente para entender el problema.

Debe ser mi imaginación.

-Entonces solo tendrías que...

-¿Estás nerviosa? -preguntó con una sonrisa traviesa.

Sentí que las mejillas comenzaban a arder.

-No... yo...

El inclinó ligeramente la cabeza.

Un mechón de cabello cayó sobre su frente, y sentí que perdi la batalla.

-No tienes que estar nerviosa.

Su sonrisa se suavizó.

-Me pareces adorable cuando te sonrojas.

Durante un segundo, el resto del salón desapareció.

solo se escuchaban el insoportable sonido de mí propio corazón.

-¡Sofi!

La voz de Clara rompió el hechizo.

Di un pequeño respingo y volví a la realidad.

Me aparte de Marcos mientras intentaba recuperar la compostura.

Clara llegó con una sonrisa curiosa.

Miró a Marcos.

Luego a mí.

Y volvió a mirar a Marcos.

La expresión divertida que apareció en su rostro dejaba en claro que se estaba imaginando todo lo que no era.

El bullicio del campus quedó atrás mientras Clara y yo caminábamos hacia el café que solíamos frecuentar.

Era pequeño, pero acogedor, ya las camareras nos conocían.
— lo mismo de siempre?
— si por favor, para ambas— ordenó clara.

Tenia pensado hoy pedir otra cosa, pero estaba tan distraída y Clara ordenó tan rápido, que termine conformandome con lo que trajeron.

Tomábamos asiento siempre junto a la ventana, desde allí veíamos a todos los maestros entrar al campus.

Apenas había dado el primer sorbo cuando Clara apoyó los codos sobre la mesa y sonrió con picardía.

-A ver, Sofi. Cuéntamelo todo. Hoy estás más distraída de lo normal, y eso ya es mucho decir.

le lanzé una mirada desafiante.

-No sé de qué hablas.

-Claro que sí. ¿Qué te dijo exactamente ese bello ejemplar?

La emoción en la voz de Clara era digna de una investigadora resolviendo un caso importante.

suspiré involuntariamente.

-Nada especial. Solo me pidió ayuda con un ejercicio.

Clara levantó una ceja.

Las dos sabían que esa no era la respuesta que estaba buscando.

-¿No es el mismo que te gustaba el trimestre pasado?

-Sí.

-¿Y el mismo que nunca te había prestado atención?

Baje la mirada hacia la taza.

-Está fuera de mi alcance, así que no me hago ilusiones.

Clara negó con la cabeza.

-Esa es exactamente una de las razones por las que le llamas la atención.

-¿Qué?

-No intentas impresionarlo. No andas persiguiéndolo por los pasillos como todas las demás.

Solté una pequeña risa burlona.

-¿Y eso debería impresionarlo?

-Quién sabe. Los hombres son raros.

Ambas reimos.

-La verdad -admití-, lo que me llamó la atención de él no fue su apariencia.

-Mentira!!.

-Estoy hablando en serio.

-Continúa.

-Es muy alegre. Siempre está sonriendo. Además, una vez lo vi alimentando a unos cachorros que viven detrás del campus.

Clara se llevó una mano a la frente.

-Amiga, definitivamente vienes de otro planeta.

Solté una carcajada.

-¿Y qué fue lo que te llamó la atención a ti?

-Sus glúteos de deportista.

Las dos estallamos en risas.

Cuando logramos calmarnos, dí otro sorbo al café.

-Admito que me pone nerviosa.

-Eso ya lo noté.

-Porque es la primera persona que me gusta de esa manera.

Clara sonrió con ternura.

-Eso es normal.

-Pero no pienso tener nada con él.

La sonrisa desapareció del rostro de mi amiga.

-¿Por qué no?

-Porque mis padres han trabajado demasiado para que yo esté aquí.

Mi tono se volvió más serio.

-Con mucho esfuerzo lograron enviarme a esta universidad.




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