En un mundo oculto

Capítulo 5

Valentine seguía una cuidadosa rutina: levantarse temprano, ducharse y vestirse, desayunar y finalmente salir a dar un rondín matutino. Generalmente por las mañanas no había tráfico, algunos brujos o cambia formas salían de la ciudad a su trabajo mortal. Muchos de ellos preferían un trabajo fuera de la Ciudad del Quetzal porque los mantenía cercanos con su humanidad. En el caso de los brujos les dejaba hacer rituales y hechizos para los humanos, aunque ya no vivían en la Edad Media los pedidos de los humanos hacía los brujos eran desde endulzamientos, amarres y matar a una persona. Curiosamente aquellos trabajos de brujería eran cotizados.

La hermana de Valentine que le contaba que muchos humanos llegaban a su consultorio con mucha desesperación por amor o porque deseaban que alguien se alejara. Si hermana no hacía brujería oscura si la conocía y la practicaba en ocasiones muy necesarias. Elizabeth decía que si realizaba algún ritual que necesitara algún sacrificio era demasiado para ella, a pesar de la condición de su hermano, ella estaba en contra de cualquier ritual donde tuviera que asesinar a alguien.

Así que aquella mañana se preparó como todos los días que salía a trabajar. Le gustaba ser el Guardián de la ciudad. Le daba algo de respeto entre los cambia formas, algunos elfos que seguían viviendo en la ciudad, las hadas y sobre todos los viejos vampiros.

En días pasados había ayudado a una mujer lobo que pertenecía a la familia más importante de cambia formas: los Villareal. En la antigüedad se llamaban Villalobos, pero consideraba que era demasiado obvio aquel apellido y lo transformaron. Por más que Valentine quería no podía dejar de pensar en Penélope, se había conservado bien desde su destierro. Se preguntaba si seguiría casada y qué había pasado con la hija que tuvo con el humano. Sabía que su hijo estaba a cargo de Alexander, pero no sabía más.

Y recordaba aquella noche como si hubiera pasado unos segundos atrás.

El perfume de su hermana le llegó y la imagen de borró de su mente. Salió de su habitación con rapidez y llegó a la cocina para no cruzarse con su hermana. No tenía ganas de escucharla tan temprano. Pero ella le ganó y llegó a la cocina un momento después de él. En ocasiones deseaba que ella no tuviera sus dones, aunque no estaba sujeta a la inmortalidad como él, si poseía cierta fuerza y velocidad. Sin embargo, había momentos en el mes que su hermana parecía un torbellino de alucinaciones y estaba en aquella semana.

Él intentaba no prestar demasiada atención a todo lo que su boca profería. Su tía Karla decía que su don era especial porque todo lo que decía se cumplía. Valentine no prestaba demasiada atención a sus palabras.

Se dio la vuelta y cruzó la mirada con su hermana. Aquellos ojos verdes y grandes lo miraron expectantes. Valentine apretó la mandíbula con una bolsa de un líquido rojo carmesí.

—¿No recuerdas? —inquirió ella.

—No.

Valentine pasó de largo a su hermana a la salida. Pero la mano de su hermana se envolvió en su bicep y se detuvo.

—Por favor, Valentine —estiró su nombre.

—No, por favor tú. —Se giró en medio camino—. No quiero escucharlo, no de nuevo.

—La he visto, y nunca había visto nada parecido, es decir, es que sólo quiero que te cuides y que esta vez no dejes ir tu felicidad por miedo a que sea igual. Puede ser diferente.

La miró por un largo rato.

—No me gusta prevenir lo que sea que la vida me esté preparando, me cuide por muchos años y mírame ahora.

Se soltó del agarre de su hermano y siguió su camino a la puerta principal. Bebió de la bolsa y la tiró en el bote de basura antes de salir. Pero su hermana se interpuso entre él y la puerta. Valentine suspiró con fuerza, no quería pelear con ella tan temprano y necesitaba comenzar su guardia. Era una de las razones porque ellos tenían un lugar en la Ciudad del Quetzal, no podía dejar el trabajo, él era uno de los mejores porque no se cansaba con facilidad y le daba tiempo para pasar consigo mismo.

Y muy en el fondo creía en su hermana, pero su orgullo no lo dejaba admitirlo.

—Déjame tranquilo —dijo mostrando los colmillos.

Una declaración para Elizabeth que era momento de quitarse del camino.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que me estés atosigando.

—Sabes que es verdad.

—No lo creo.

—Vaya que lo crees.

Valentine salió de la casa y comenzó su guardia sin darle más vueltas a las palabras de su hermana. Se acercó al buzón por si había algún encargo especial. La mayoría de los ciudadanos sabía si algún familiar o visitante extranjero podía llegar a la ciudad. Sacó el papel que le importaba, provenía de la Ciudad de los Monstruos…

Leyó el papel con cautela, le agradecían por mantener a salvo a Penélope Villarreal. Hasta que vio otro nombre y una petición de cuidado a una nueva inquilina de la mansión Villarreal.

Ahora todo tenía sentido, la forma en que actuó Penélope aquel día. Los secretos de aquella familia volverían locos a los medios de la ciudad y caerían en boca de todos. Eso era seguro.

Valentine pensó que debía de mantenerse al margen de cualquier situación con esa familia. Desde su llegada al continente americano había encontrado un lugar seguro para su hermana y tía, y por nada del mundo podía perder aquella posición. Le faltaba al menos cinco años más para terminar de pagar la casa y los terrenos del jardín.



#1720 en Fantasía
#854 en Personajes sobrenaturales
#338 en Magia

En el texto hay: vampiros, hombres lobo

Editado: 13.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.