En un mundo oculto

Capítulo 11

Carolina permaneció distante a su prima y su amiga durante un buen rato. Incluso vio de reojo a Fernando y Edson —desnudo— subir las escaleras. No dijo nada. Se quedó tan quieta como si ninguno de los dos hubiera pasado frente a ella.

Agradeció que ni Sara ni Alicia intentaron interrumpirla; le dieron el espacio que necesitaba. La comodidad del sofá desató algo que no lograba comprender. La mansión despertaba una extraña de cercanía, de hogar, que aún no terminaba de aceptar.

Y, entre todas las personas que estaban a su alrededor, Valentine fue el único que se acercó lo suficiente. Sin embargo, se sumergió en un silencio profundo y respetuoso, sin mirarla siquiera. Carolina se giró ligeramente, ofreciéndole la oportunidad de iniciar una conversación.

Cuando sus miradas se cruzaron, Carolina contuvo un suspiro.

Valentine le sostuvo la mirada, una dulce que la abrazaba.

—Dime que tú no te transformas en un animal también.

—No —respondió en un tono bajo.

Silencio.

Carolina le sostuvo la mirada a Valentine, aquellos ojos castaños brillaron escasa la luz que colaba por los ventanales.

—No quiero ni imaginarme.

—No tienes que hacerlo.

Carolina le sonrió apretando los labios.

—Cuando te vi pensé que podía pasar muchas cosas: un tipo en medio de la nada, con pinta de ser “amable” … es algo turbio.

—Tienes razón.

—No es la forma en que me gusta conocer personas.

Valentine dejó salir una risita nerviosa.

—Es normal para mí encontrarme con mujeres bonitas en medio del bosque y que quieran huir.

Las mejillas de Carolina se tiñeron de rojo y el calor subió hasta las orejas. Luego, dejó escapar una risa contenida. Aquella risa hizo que Valentine alzara las cejas con curiosidad.

—Es tiempo de que Carolina descanse —intervino Sara.

Valentine alzó la mirada y asintió. Se despidió de las chicas una sonrisa.

Sin embargo, Carolina se puso de pie en cuanto él atravesó el umbral. Lo observó bajar las escaleras y dio un paso al pórtico. En ese momento, Valentine se dio la vuelta, como si ella lo hubiera llamado.

Una sonrisa se dibujó en aquella piel pálida.

—Quizá en otro punto podríamos hablar… o algo —dijo Valentine.

—Sí… eso esperaba.

—Vendré a buscarte. Si quieres.

—Me gustaría.

Carolina no comprendía de dónde había nacido aquel impulso de acercarse a él. La sola idea de verlo marcharse despertó una sensación extraña. A pesar de lo extraño que había sido su primer encuentro, Valentine poseía algo que le atraía como un imán.



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En el texto hay: vampiros, hombres lobo

Editado: 18.06.2026

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