Han pasado varios días desde que me perdí, a veces me parece que fue ayer, otras, siento que han pasado años. Si no fuera por Dante, no sé qué habría sido de mí, el llegó cuando ya estaba al límite, cuando el miedo comenzaba a nublarme la razón. Pensarlo todavía me estremece.
Estaba agotada, llevábamos demasiados días sin alimentarnos bien, sin un baño como corresponde, sin descanso verdadero. La suciedad se pega a la piel y el cansancio al alma. Este lugar, con su silencio interminable y su cielo extraño, se habían convertido en un tormento constante. Mientras Dante se aleja en busca de comida, decido caminar hasta el lago. Necesito sentir el agua, aunque sea unos minutos, necesito recordar lo que es sentirme limpia. Recorro la orilla con cautela, observando cada rincón. Miro a mi alrededor para asegurarme de que no haya nadie, aunque siendo sincera, dudo que haya alguien más. No se ve ningún tipo de ser vivo, ni aves, ni insectos y ni siquiera el movimiento del viento entre los árboles.
Empiezo a quitarme la ropa, lentamente, dejándome envolver por una falsa sensación de calma. El agua refleja un cielo que no reconozco del todo. Estoy a punto de entrar cuando, de repente, escucho pasos apresurados, alguien viene corriendo. Levanto la vista hacia los arbustos, apenas logro distinguir una silueta femenina entre las ramas. Su ropa estaba desgastada, sucia, casi irreconocible. Mi corazón se acelera y cuando se acerca lo suficiente como para verle el rostro, el mundo parece detenerse. —¡Marian!. Grito su nombre sin pensarlo, ella, al verme, se queda inmóvil un segundo… y luego rompe en llanto. Corre hacia mí y me envuelve en un abrazo tan fuerte que casi me deja sin aire. —¡Heily! —dice entre sollozos—. Pensé que no volvería a verte…
—Creí que habías muerto —le respondo, sintiendo cómo la voz se me quiebra—. ¿Dónde estuviste todo este tiempo?
—No lo sé… —niega con la cabeza—. Muchas veces pensé que iba a morir. Tengo miedo, Heily, pero encontré un refugio con seis personas más, nos cuidamos entre todos. Hoy me alejé un poco… y me perdí. —Esboza una sonrisa temblorosa—. Supongo que, si no lo hubiera hecho, no te habría encontrado ¿y tú?, ¿has estado sola?. Respiro hondo,—he pasado por cosas que ni te imaginas. Algún día te las contaré.., y no, no he estado sola. Me hice amiga de un chico… hemos estado luchando juntos.
Sus ojos se iluminan al instante. —¡Heily! ¿Ya te conseguiste novio?.
No puedo evitar reír. —¿Qué cosas dices? ¿Cómo se te ocurre que voy a pensar en eso con todo lo que está pasando?. Sobre todo con lo de mi hermano…
Su expresión cambia. —¿Tu hermano?. No me digas que…
—Sí. Lo tienen ellos.
—No entiendo… ¿qué tiene que ver él con todo esto?.
—Más de lo que imaginábamos. ¿Recuerdas los dibujos extraños que hacía?.
—Claro que sí, ¿cómo olvidarlos?.
—Esos dibujos son de este lugar. Me han servido como mapa para guiarme. Él ha estado viniendo aquí desde hace mucho tiempo.
—¿De qué estás hablando? —pregunta, confundida.
La miro con seriedad. —He descubierto muchas cosas y una de ellas es que mi hermano es mitad humano… y mitad extraterrestre.
Marian parpadea varias veces. —¿¡Qué!? a ver, Heily, no estoy entendiendo nada. ¿Cómo que extraterrestre?. Tu madre lo tuvo… ¿o era adoptado?.
—Es una historia larga. Mi madre fue abducida y… quedó embarazada.
—Entonces… el padre de Liam es uno de ellos.
—Así es. Aunque no tengo idea de quién.
Marian se lleva las manos a la cabeza.
—Es demasiada información. Mi cerebro está colapsando.
—Imagínate el mío cuando lo supe —susurro—. Y créeme… hay cosas aún más turbias.
Seguimos conversando, todavía abrazadas, cuando escucho la voz de Dante llamándome a lo lejos. Marian me mira con curiosidad, pero antes de que pueda responder, él aparece entre los árboles con una sonrisa triunfante.
—¡Hey! Te estuve buscando. Encontré frutos de varios tipos y son comestibles —dice riendo—. ¿Y ella quién es?.
—Dante, te presento a Marian. Marian, él es Dante —respondo con una sonrisa que no puedo disimular.
—Ah, entonces tú eres la amiga perdida de Heily —dice él, extendiéndole la mano—. Me ha hablado mucho de ti. Ya quería conocerte.
—¿Ah, sí? —Marian arquea una ceja—. ¿Y qué te ha dicho?.
—Solo cosas buenas —responde él, divertido.
—Más te vale, Heily —dice Marian, riendo. Yo me uno a ella, sintiendo por primera vez en días algo parecido a la normalidad.
Regresamos a nuestro improvisado refugio y comemos lo que Dante ha recolectado. Mientras mastica, Marian nos cuenta sobre las personas con las que estuvo y, como si el fin del mundo no fuera suficiente, confiesa que tuvo un pequeño romance con dos chicos al mismo tiempo. No ha perdido el tiempo, sigue siendo la misma coqueta de siempre. Imaginarla intentando decidir con cuál quedarse me provocaba una risa silenciosa.
—¿Por qué estás tan callada? —pregunta de pronto, interrumpiendo mis pensamientos.
—No es nada.
—¿Segura?. Casi no has comido.
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Editado: 28.02.2026