Habían pasado dos días desde que Violeta y yo abandonamos el refugio y, para ser sincera, no habíamos avanzado demasiado. De forma inesperada, una intensa lluvia de meteoritos había comenzado a caer sobre la región. Muchos de ellos impactaban cerca de nosotras, obligándonos a detenernos constantemente para buscar refugio. Como si aquello no fuera suficiente, el cielo permanecía surcado por numerosas naves extraterrestres que iban y venían sin descanso.
Todo aquello despertaba nuestra curiosidad, ya que no teníamos idea de qué estaba ocurriendo.
—Heily, quizás sea mejor volver con los demás —dijo Violeta mientras observaba otro destello cruzar el cielo.
—Si eso es lo que quieres, adelante. Pero yo me quedaré aquí.
—Venir fue una mala idea, y todavía estamos a tiempo de regresar. Piensa que solas no vamos a lograr mucho. Solo nos tenemos la una a la otra y, si ocurre alguna emergencia, ni siquiera sabremos cómo defendernos.
—Te entiendo, Violeta, de verdad. Pero no voy a regresar. Es mi última palabra.
Violeta suspiró con evidente frustración.
—Está bien. Yo prefiero velar por mi bienestar y espero que recapacites, Heily. Lo digo en serio. Podemos volver otro día, no seas tan terca. Y si aún no has encontrado a tu hermano es porque... quizás ya lo mataron. Deja de engañarte pensando que sigue con vida.
Sentí que aquellas palabras me atravesaban el pecho.
—¡No puedo creer lo que me estás diciendo! ¿Cómo puedes decir algo así?
—¡Abre los ojos de una vez! ¿No te das cuenta de que estamos rodeadas de asesinos? —respondió alterada, sujetándome con fuerza del brazo.
—¡Hey, me estás haciendo daño! —intenté zafarme.
—Deja de victimizarte por todo, Heily. Ya me tienes aburrida.
Tomé aire para contener las lágrimas.
—Sé perfectamente la situación en la que estamos y soy consciente de los riesgos. Pero no pienso rendirme.
Sin añadir una palabra más, eché a correr.
Escuché a Violeta gritar mi nombre varias veces, pero no intentó seguirme.
Mientras tanto, en el refugio...
—Marian, hemos caminado durante horas y todavía no encontramos a Heily. Quizás se perdió.
—Eso es precisamente lo que me parece extraño. Ella conoce este lugar mejor que cualquiera. Es poco probable que se haya perdido... ¿y si le pasó algo?
—¿A qué te refieres?
—No lo sé... ¿y si fue capturada por algún extraterrestre?
—¡No digas eso! Sigamos buscando. Podríamos separarnos aquí. Tú ve por la izquierda y yo por la derecha.
—Espera...
—¿Mirian? ¿Qué ocurre?
—¿No escuchas ese ruido?
—Sí... viene alguien. Tal vez sea Heily.
—¡Es Violeta!
La muchacha apareció corriendo entre los árboles.
—¡Chicos! Qué bueno encontrarlos.
—Oye, ¿Heily estaba contigo? —preguntó Marian de inmediato.
—Sí, pero yo regresé porque me dejó sola en el bosque. Creo que está un poco obsesionada con el tema de su hermano.
—¿Hace mucho que desapareció?
—Sí. Y ahora lo mejor es volver. Los meteoritos podrían caer aquí en cualquier momento.
—¿Qué hacemos, Marian? —preguntó Dante.
—Violeta tiene razón. Permanecer aquí es demasiado peligroso. Será mejor regresar.
—De acuerdo, pero mañana seguiré buscándola.
—Es mejor que no insistan. Me dejó muy claro que no piensa volver.
—Eso lo decidiré yo, Violeta. Tú no decides por mí. Vamos, Marian.
—Sí.
Mientras emprendían el regreso, Mirian no podía ocultar su preocupación.
—No puedo creer que se haya ido sin decir nada y que además te haya dejado sola en el bosque.
—Así fue.
—Yo también estoy impactado —añadió Dante—, pero ahora mismo no podemos hacer nada. Solo espero que esté bien. Esta lluvia de meteoritos es aterradora.
—¿Y si le ocurre algo? ¿Y si queda atrapada por ahí?
—No te preocupes. Heily sabe cuidarse. Créeme, hemos pasado por tantas cosas juntos que, si escribiéramos un libro sobre nuestras aventuras, tendría más de mil páginas.
—Bueno... espero que tengas razón.
—Yo también. Aunque me siento culpable.
—¿Por qué?
—Porque nunca debí dejarla sola.
—No sigas pensando eso, Dante. Esto no es tu culpa.
—¿Entonces de quién?
Mirian bajó la mirada.
—Tal vez sea mía.
—No entiendo.
—Porque yo le comenté algo antes de que se fuera.
—¿Qué le comentaste?
—...
—Vamos, habla. Me estás dejando con la intriga.
La joven respiró hondo.
—Le dije que tú me gustabas.
Dante abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué?
—Lo sé, suena extraño. Pero pensé que quizás se sintió atrapada. Tú eres su amigo y yo también soy amiga de ambos desde hace años.
—¿Y qué tiene que ver eso?
—Que... estoy dispuesta a intentar algo contigo. Quizás así puedas olvidar más rápido a Heily.
Antes de que él pudiera reaccionar, Mirian se inclinó para besarlo, sin embargo, Dante se apartó inmediatamente.
—No puedo creer que me estés diciendo esto. Sabes perfectamente lo que siento por ella.
—Perdón... pero pensé que podría ayudarnos a ambos. Además, ni siquiera sabemos si regresará.
—Yo seguiré buscándola cuando termine la lluvia de meteoritos. Y si a ti no te interesa tu amiga, lo haré solo.
—No se trata de eso. Solo intento que entiendas que ella no está interesada en ti.
—¿Y tú cómo lo sabes? No eres una adivina.
—No... pero sé leerla.
—Déjame solo, por favor.
Mirian observó cómo Dante se alejaba hasta sentarse sobre un tronco caído. Permaneció allí, de espaldas, pasándose las manos por el cabello.
—Dante...
—¡Dije que te fueras! No quiero verte.
—Yo... está bien.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos. Cubrió su rostro con ambas manos y regresó a su improvisada cama para intentar olvidar aquel incómodo y doloroso momento.
Al día siguiente procuró encontrarse con Dante lo menos posible. Sin embargo, compartir el mismo refugio hacía que aquello resultara casi imposible.
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Editado: 13.06.2026