Enamorada del chico enamorado.

T R E S

Después de algunos días hoy es la cita deportiva con Noah, luego de desayunar, busqué en mi closet ropa deportiva, decidí ponerme unos leggins negros con una franja al costado de las piernas en color azul turquesa, una blusa de manga larga gris y unas zapatillas deportivas del mismo color.

Aun sabiendo que iba a sudar después de correr, fui a bañarme porque no quería darle una mala impresión a Noah, además de que nunca salía de casa sin antes haberme duchado.

Cepillé mi cabello, me hice una coleta alta, humecté todo mi cuerpo, me perfumé y tomé mochila con mi cartera y mi celular para bajar a la sala.

—¿A dónde vas, bonita? —Maxwell es muy dulce cuando quiere.

—Iré a correr.

—Mami, ¿puedo ir a correr con Karolita? —elevó la voz para que mamá lo escuchara porque estaba en la lavandería.

—¡No! —hablé por mamá —no te invité, enano.

—¡Mami, no quiere llevarme! —bufé cuán toro ante mi dulce y chismoso hermanito.

—¿Qué tanto discuten, niños? —preguntó y al verme sonrió con ilusión —¿vas a ir a correr?

—Sí, má.

—Y no quiere llevarme —Maxwell subió y bajó los hombros al tiempo que soltó un suspiro haciéndome reír por su dramatismo.

—No quiero llevarlo porque iré con el chico del instituto.

—¿Con tu novio?

—¡Qué no! —refunfuñé.

—Con más razón deberías llevarte a Max, así se asegura de que no son novios —mi rostro adquirió un color rojizo y mis ojos saldrían de impresión —estoy bromeando, amor… Relájate —estalló de risa.

—No vuelvas a hacer eso, mamá —me quejé —bueno, se me está haciendo tarde, ya me voy —me despedí de ella con un abrazo.

—Te cuidas, amor.

—Bye, bonita que no me llevó a correr con ella —dijo Max mientras me hizo un ademán para que me agachara y besara mi mejilla.

—Si te portas bien, iremos la próxima semana —despeiné su cabello, saltó de emoción y tomé algunas botellas de agua para salir de casa.

Caminé hasta llegar al centro deportivo cercano a casa y a lo lejos pude distinguir a Noah por su alta estatura, además de su guapo rostro «mis hormonas están en su máximo esplendor, así que todos me parecen guapo, sobre todo por sus actitudes… Aunque ninguno como Zev».

Agité mi mano al darme cuenta de que me miró y corrió hasta llegar a mi lado.

—¡Hey!

—Hola —besó mi mejilla.

Aquí las cosas eran muy diferentes a donde vivíamos antes «en un pueblo a las afueras de la ciudad», si alguien besaba tu mejilla en el pueblo, todos los habitantes se enteraban y te catalogaban como una chica fácil, siendo que ese era un simple saludo.

—Te miras muy bonita.

—¿Ahh sí? —hice un gesto de confusión.

—¡Sí! No todas tienen la fortuna de que los leggins se les miren tan bien.

—Si un día me convierto en una egocéntrica, tú serás el culpable, sueles halagarme mucho —lo regañé.

—Sería dichoso de que convirtieras en ego todas tus inseguridades —me sonrojé al instante, sonreí tontamente y sin decir una palabra, empecé a hacer estiramientos, Noah me imitó.

Estábamos a nada de empezar a correr cuando escuché que mi acompañante gruñó.

—¿Qué pasa?

—Que ya no respetan a las chicas lindas.

—No entiendo.

—Ese imbécil está mirándote el trasero —enfoqué mi mirada a donde Noah miraba y me encontré con un chico que vivía cerca de casa.

—Es un estúpido, no le tomes importancia, quizás fue mi error por no taparme el trasero.

—¿Qué? No fue tu error, el problema está ahí, en pensar que deben taparse hasta el cuello porque los imbéciles se las devoran con la mirada, pero el problema está en ellos, en la educación que les dan en casa. Karo, una mujer puede andar en traje de baño si se le plazca y eso no es motivo para que los hombres empiecen a cuchichear lo linda que es, un verdadero hombre debe de respetarte.




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