Enamorada del chico enamorado.

Q U I N C E

Era muy temprano cuando desperté al escuchar reclamos de mamá, froté mis ojos con cansancio, bostecé repetidas veces y me puse mis pantuflas para ver de qué se trataba la pelea, aunque podía imaginármelo.

Conforme más escalones bajaba más anonadada me encontraba al no sólo escuchar la voz de mamá, también era audible la de Connor, ¿¡qué hacía aquí?!

Me senté en el borde de las escaleras para no interrumpirlos y entender el motivo de su presencia.

—No tienes derecho de venir como si nada sucediera, Connor, no tienes derecho de venir por ellos sin avisarme con antelación, ¡no tienes derecho de nada!

—¿Por qué revuelves las cosas? Lo nuestro tiene tiempo que terminó, súperalo y déjame pasar tiempo con ellos, deja de ser tan egoísta y dame permiso para llevarlos a dar un paseo, te recuerdo que también son mis hijos.

—No revuelvo las cosas y lo sabes, ¿cuándo dejarás de ser tan egocéntrico? —mamá estaba muy molesta —lo que tú y yo tuvimos ya fue, y ya lo superé, el que parece no hacerlo eres tú —clavó su índice en su pecho —entiende que no estoy negándote el permiso ni la oprtunidad de salir con tus hijos, son ellos los que no quieren hacerlo.

—¡Les lavas el cerebro y los envenenas! —me molesté al escucharlo, si supiera las múltiples veces que mamá intentó taparle las estupideces que hacía, no se atrevería a decir bajezas como esas.

—Ellos se dan cuenta del tipo de hombre que eres, no intentes culparme.

—El problema es con Karolina y es por tu culpa, tú le has metido ideas erróneas de mí en su cabeza —mamá se burló en su cara.

—Karolina está creciendo, está madurando y está comprendiendo cosas que Maxwell no entiende por su corta edad, pero créeme que en cuanto crezca lo hará y no podrás seguirme culpando.

—Déjame salir con ellos.

—No estoy poniéndote una barrera, Connor, sólo evito que vuelvas a dañarlos.

—¿Dañarlos?

—No te hagas el pendejo —reí levemente, mamá solía ser recatada con su vocabulario por nuestro propio bien, pero era una fiera si alguien la hacía enojar —sé lo mal que se la pasaron cuando fueron a tu casa, sobre todo Karo.

—Ella exagera y de nuevo es por tu culpa.

—Mira, imbécil —tomo una larga bocanada de aire y estaba ansiosa por escuchar todo lo que tenía por decirle a ese patán que se hacía llamar nuestro padre —estás en mi casa, tu trasero está reposando en mi sillón, estás bebiendo de mi agua en mi vaso y no permitiré que vengas a gritarme, levantarme falsos, acusarme y joderme la vida en mi propiedad —en todo momento resaltó la palabra "mi" —así que si vas a seguir jodiendo te invito a largarte, ya conoces donde se encuentra mi puerta —oww, amo a mamá así se ponga furiosa «tiene suficientes razones para hacerlo».

—Estás cambiando, Josephine —comentó sorprendido —¿qué sucede contigo?

—Sucede que me harté de ser la sumisa, por eso lo nuestro no funcionó, eres un cabrón —rodó los ojos y estaba muy orgullosa de mamá, ella estaba pasando de llorar, lamentarse y culparse por las noches por sus "errores" a abrir los ojos, amarse y respetarse a ella misma, estaba comprendiendo que la culpa de su divorcio no fue ella, sino Connor —y no permitiré que sigas manejándome a tu antojo.

—Josephine —intentó abrazarla y la sangre me hervía, ¿¡a qué diablos estaba jugando ese hombre?! —hey.

—Aléjate.

—Ya me rogarás que te abrace.

—En tus sueños —se burló y la acompañé en la acción —y no te hagas tonto, ya toca pagar la colegiatura de los niños.

—Y, ¡¿tú qué haces, Josephine?! Te la pasas en casa, frente a un ordenador sin aportar nada, toda la carga me la dejas a mí.

—Querías llevar a pasear con los niños, eso implica dinero ¿y ahora me culpas por no hacer "nada"? Vaya que eres incoherente, primero enfócate en lo que realmente importa y después vienes a suplicar mirarlos.

—Estás absorbiéndome.

—Que estés gastando tu dinero en complacer los gustos de tu novia no es mi problema, sabes a la perfección que nuestros hijos deben estar sobre todo y todos... Nadie puede preocuparte más que ellos, no puedes invertir más en nadie si no es ellos y no puedes amar a nadie más que a ellos, que no se te olvide. Pago gasolina, pago los insumos de la casa, la despensa, gastos extras que salen tanto en la casa como en la colegiatura de los niños, no intentes hacerme ver como la gorila que se queda echada en su cama rascándose el ombligo y comiendo bananas, porque no lo soy —estallé de risa ante su comentario —si supieras todo lo que hago, todo lo que me cuesta conseguir a un jodido cliente valorarías lo que hago, pero a ti sólo te importa aparentar algo que no eres —Connor estaba atónito y yo estaba agradeciéndole al cielo que mamá finalmente hubiese abierto los ojos, todo lo que mencionó en ese momento debió haberlo hecho hace meses.




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