Enamorada del chico enamorado.

D I E C I O C H O

NARRADO POR NOAH.

No sabía con exactitud que sucedió con Karolita, llegó de la nada a mi casa y un tanto triste, sus ojos azules delataban con facilidad sus emociones.

De lo que estaba seguro es de que todo tenía qué ver con el imbécil de Zev, Karolina fue a su casa para darle asesorías y me enfermaba pensar que ese cabrón de mierda hubiese intentado sobrepasarse con mi enana.

Luego de comer y de llorar con mucha intensidad, se quedó dormida cuán angelito en mis brazos, llevaba durmiendo más de 2hrs interrumpidas, por un momento me asusté, pero recordé la pesadez que solemos experimentar cuando un dolor se aloja en nuestro corazón, de vez en cuando me sentía así sabiendo que Karolina nunca enfocaría mi atención en mí, estaba muy ocupada haciéndose ilusiones con Zev, alguien que no valía la pena bajo ninguna circunstancia.

Debía llevarla a su casa, pero no quería despertarla y arruinar su glorioso sueño, fue por eso que decidí transportarla aún dormida.

Abrí la puerta de casa y la del auto para que la labor fuese más fácil, recliné el asiento del copiloto y volví por la rubia que se veía más dulce de lo normal con su rostro relajado.

Uno de mis brazos sostuvo su cabeza y el otro su músculo poplíteo «las clases de anatomía en mis institutos anteriores habían servido de algo».

Sentir la suavidad de sus piernas me erizó por completo, desde mis ojos, tacto y corazón, no había un defecto en ella.

Reposé su cuerpo en el asiento del copiloto, le puse el cinturón de seguridad y sin poder evitarlo, besé su esponjosa y nívea mejilla.

Estaba tan cansada que ni siquiera se inmutó del traslado a su casa.

Bajé del auto luego de aparcarlo y reí en cuánto Maxwell salió cuán bala de la casa para correr a abrirme el pequeño cerco de madera.

—¡Noah! —exclamó ilusionado y se trepó a mi cuerpo, sin esfuerzo alguno lo lancé al aire haciéndolo reír.

—Hola, campeón —sus carcajadas seguían siendo presentes al siendo lanzando al aire —¿acaso estabas vigilando o por qué saliste tan rápido a abrir? —reí y pataleó un poco para que lo bajara de los aires.

—Estaba en la ventana esperando a que llegara Karolita —confesó —¿dónde está? —se cruzó de brazos caprichosamente.

—En el auto, está dormida.

—¿Estaba contigo? —indagó más relajado.

—Sí —despeiné su cabello.

—¡Genial! —su porte se relajó.

Maxwell me caía tan bien precisamente por eso; era muy pequeño, pero siempre estaba al pendiente de Karolita, lo habían educado tan bien, que sabía que, aún siendo el menor, debía proteger a la mujercita de casa.

—¿Puedes hacerme un favor, campeón?

—¡Sí! —se columpió en mi rodilla y reí por su inquietud, no podía estar quieto ni un sólo segundo.

—¿Puedes hablarle a la señora Josephine? Por favor.

—Iré por mi mami, ya vuelvo —salió corriendo hasta el interior de su casa y en pocos minutos volvió de la mano de su mamá.

—¡Hola, hijo! —me saludó con alegría y nos abrazamos por cordialidad, jamás me había sentido tan cómodo con alguna otra señora, la mamá de Karolina me parecía una mujer increíble en todos los aspectos.

—¿Cómo está? —sonreí.

—Bien, ¿y tú, hijo?

—Bien, señora.

—Karolita no está, dijo que iría a hacer un trabajo con un niño de su salón —informó.

—Justo a eso vine, señora —rasqué mi largo cabello a causa de los nervios.

—No me asustes, Noah, ¿qué sucedió? ¡¿Mi hija está bien?! —se alteró.

—Al parecer las cosas con las asesorías no fueron como ella imaginó —ladeé mis labios —fue a mi casa muy triste, pero no quiso explicarme lo sucedido —estaba diciéndole eso porque sabía la confianza que ellas se tenían mutuamente, no sentía que estaba delatando la confianza de Karolina, más bien creía estar haciendo lo correcto —comió y al parecer su día fue tan pesado que se quedó dormida —mencioné excluyendo decir sobre sus llantos, eso podría preocupar a la señora Josephine.

—Ayyy, mi niña —se lamentó —¿qué habrá ocurrido? —musitó bajo, pero no lo suficiente pues la alcancé a escuchar.

—¿Me permite llevarla a su habitación?

—Sí, claro que sí —recalcó —y... —apretó mi mejilla —muchas gracias por siempre estar ahí para mi hija, sé el cariño mutuo que se tienen —sentí ser un completo ganador al escuchar esas palabras viniendo de ella.

Fui por Karolita al auto y estaba acostumbrado a cargar tanto peso, que a ella la sentí tan liviana como una pluma «eso no quitaba que su cuerpo fuese una verdadera obra de arte con ese trasero que tanto me enloquecía. Y no, no es que estuviese enamorada de ella por sus atributos físicos, más bien eran tan notorios que era imposible no prestarles atención».

Con delicadeza dejé caer su cuerpo en su amplia cama y me senté a su lado para acariciar su cabello y velar sus sueños hasta que su mamá me lo permitiera «me marcharía en cuánto ella me lo pidiera, no quería violar la confianza que me estaba dando, estaba en la habitación de su hija y a pesar de que no ocurriría nada malo entre nosotros, sabía la idea de que un hombre y una mujer estuviesen en el mismo cuarto podía distorsionarse de diferentes maneras.




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