Enamorada del enemigo

La realidad de las cosas

Cuando estamos por entrar a la biblioteca, algunos guardias nos impiden el paso.

"¿Te irás?" la voz de una niña resuena en mi cabeza provocando una punzada.

"Tengo que hacerlo, nosotros estamos en peligro de extinción… Los puros nos matarán como ratas de laboratorio, tenemos que protegernos, tengo que cuidar a mi hijo" la voz de la reina resuena con fuerza.

Mi cuerpo se debilita y caigo al suelo de nuevo, sujetando mi cabeza por el dolor punzante que sentía en esta.

Siento las manos del doctor rodear mi cintura y tirarme hacia arriba en un vano intento de levantarme, pero parece que mi cuerpo pesaba más de lo que él y yo creíamos.

—Déjenos pasar, esto es urgente— dijo el guardia rápidamente.

—Lo sentimos mucho, Nico… Pero es una orden directa de la reina— dijo firme, dando unos pasos hacia nosotros— Si no se van ahora mismo me estarán obligando a hacerles daño.

—¡Pero…!— les gritó Evan, sacado de quicio al ver su terquedad.

—No nos dejan pasar porque la reina está dentro— dije enderezándome lentamente para mirar al guardia— ¿Puedo saber qué es tan privado?— las venas de mi cuello se marcan para no elevar la voz— No me importa si la reina se encuentra dentro o si te ordenó que no nos dejaras pasar. Nosotros también tenemos nuestros problemas y para solucionar el de ahora necesitamos pasar a esa puta biblioteca de una maldita vez, ¿entiendes eso?

—Lo entendemos perfectamente, pero no podemos— dijo uno de los guardias que protege la puerta, provocando que cerrara los ojos con fuerza y tomara aire lo más posible para mantenerme en calma.

—No, no entienden en absoluto— les dije molesta mientras me acercaba a ellos.

Mi vista se fija en el guardia frente a mí que me apuntaba con la lanza en el estómago. Me acerco lo suficiente como para sentir la lanza rozar mi estómago, provocando que el guardia se tensara.

—Estás obligado a hacernos daño, dices— agarro con fuerza la lanza y la aprieto contra mi estómago— Entonces, ¿Por qué no lo haces? ¿Qué te impide hacerlo? ¿Tus valores que la reina desecha sin interesarle en lo absoluto o quizá soy yo? ¿No puedes matarme porque sirvo de carnada para que el pez gordo caiga redondo?

Este presiona más la lanza contra mi estómago, provocando un leve sangrado.

—Deja de manipularme— claramente se molestó más de lo que había imaginado en mi ingenua cabeza.

"¡Elijar!" la voz de la misma niña resonó con fuerza en mi cabeza nuevamente. Parecía estar alegre mientras se dirigía hacia una persona y fue ahí cuando me di cuenta. Era la persona que tenía en frente, ese su nombre… Yo, ¿lo conocía? Es decir, ¿mi anterior yo lo conocía?

—No es manipulación— una sonrisa aparece en mi rostro, y claramente parece que era aterradora porque este no pudo evitar dar un paso hacia atrás por el miedo— Son los hechos… Es la realidad en la que vives… quieras o no admitirlo… Elijar.

—Tú…— los ojos de Elijar se abren a más no poder, mostrando su asombro.

—Déjame pasar, será lo mejor para los dos— le dije agarrando su hombro— Cuanto menos pierda la paciencia, más posibilidades de sobrevivir tienes— mi sonrisa desaparece tan rápidamente que claramente se dio cuenta de que era falsa.

El guardia baja la cabeza algo temeroso y mira a sus compañeros, haciéndoles una seña con la cabeza.

—Déjenlos pasar.

Mi sonrisa no tarda en aparecer y rápidamente los guardias se hacen a un lado, dejándonos pasar sin rechistar.

Una vez en la biblioteca, rápidamente Nico sale corriendo al segundo piso en busca del libro y nosotros llegamos momentos después.

—El libro no está, mierda— le da un golpe fuerte al estante provocando que comenzara a balancearse peligrosamente.

Rápidamente me pongo detrás del estante y lo sostengo para que deje de balancearse. Salgo de detrás de este y lo miro fijamente.

—Si tiras el estante todos aquí se darán cuenta de que estamos, modérate, idiota.

Claramente el insulto estuvo de más y lo sabía bien, más cuando este puso los ojos en blanco y dio un salto bajándose de las escaleras.

—Tu carácter no es el mejor para esta situación— dijo el guardia, aún algo sacado de quicio.

—No es momento de peleas— dijo Evan rápidamente para que nos callemos— ¿Dónde está el libro?

—Debe tenerlo la reina, está desesperada por esconderlo en casos de emergencia— les dije mientras comenzaba a caminar escaleras abajo con rapidez en busca de la reina.

—Pero… ¿Por qué esconderlo? ¿No puedo simplemente destruirlo?— preguntó Nico con el ceño fruncido sin entender.

—Vives aquí desde más de mil años, ¿Y no lo sabes?— dije mientras lo miraba de reojo.

—Ese libro solo se puede destruir con cierto fuego, con una poción especial y solo las brujas pueden encender esa poción y convertirla en fuego— dijo Evan mientras se acercaba sigilosamente a un estante por si estaba la reina ahí.

—Eso no servirá— me mira confundido— Digo, es inútil. La reina posiblemente esté escuchando nuestras conversaciones ahora mismo y se esté escondiendo como rata, no nos daremos cuenta dónde está hasta que salga por la puerta de la biblioteca. Aparte, por lo que escuché por ahí, la ciudad de las brujas fue destruida hace una década, las brujas deben estar esparcidas por todo el país, escondiéndose de los reyes.

—¿Por ahí? ¿Escuchas conversaciones ajenas?— dijo Nico con cara de pocos amigos.

—No soy sorda, ¿Sabes?— dije claramente irónica— Lo escuché de una compañera de salón, si ella sabe algo es porque deben ser una y a la que se lo contó debe ser una también. Pero es mejor dejarlo así, necesitamos ese libro, si lo destruimos de todos modos terminarán haciendo otro.

De golpe un estruendo nos hizo voltear rápidamente hacia atrás. La puerta de la biblioteca se había forzado y aun así no se había abierto.

“Perfecto, Elijar no está dejando salir a la reina de la biblioteca”, pensé con una sonrisa.

Los tres nos acercamos rápidamente hacia la entrada de la biblioteca, pero el mareo provocó que tropezara con mis propios pies y cayera al suelo.



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En el texto hay: #amor, #acción, #romence

Editado: 29.01.2026

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