—Bajame —le dijo a Evan, haciendo que este la mirara sorprendido.
—Apenas podés caminar erguida, ¿qué pensás hacer? —Evan frunce el ceño, sujetándome más fuerte al sentir cómo intentaba bajarme de su espalda.
—Eso no importa —la reina se voltea hacia nosotros con el ceño fruncido, al igual que Evan— No recuerdo todo lo que sucedió, pero si este tipo sabe quién soy es porque estuvimos relacionados —los ojos de ambos me observan expectantes— Están en peligro aquí, y si no vamos rápido al laboratorio se desatará un infierno —les susurro— Es posible que sepa que están conmigo, pero también es posible que no sepa el motivo del porqué. Vayan al laboratorio, yo lo distraeré.
Con todas mis fuerzas tiro mis piernas hacia abajo, zafándome del agarre de Evan, obligándolo a dejarme en el suelo.
—Váyanse, necesitamos detener a Airon antes de que se vuelva completamente loco —les dije y salí detrás del árbol.
La figura se voltea hacia mí con una sonrisa escalofriante y procede a hablar— Sé que no me recuerdas, pero te hemos buscado por todo el mundo humano —se comienza a acercar a mí, al ver mi dificultad al caminar— El único lugar que nos faltaba era aquí —mira a su alrededor con asco— Pero nunca pensamos que estarías con los que te hicieron la vida un infierno.
Apoyo mi espalda en el árbol para sostenerme con este y mantenerme de pie— ¿Pensamos? ¿Hay más aquí? —pregunté, mirándolo fijamente.
—Hay muchísimos más —dijo, siendo honesto conmigo— Solo que están escondidos para que no te sientas amenazada —una sonrisa aparece en su rostro y se acerca más a mí— Queremos que cumplas lo que Elizabeth no logró, pequeña.
—No sé qué es lo que prometió Elizabeth darles a cambio de su cooperación —su sonrisa se vuelve más ancha— Ni siquiera sé en qué acuerdo de cooperación tenían —mi mirada se enfoca en sus ojos marrones oscuros— Y no daré a cambio nada si no sé qué es o si es verdad lo que piden.
—Tenemos un documento firmado por ella —dijo y dio un paso hacia atrás, alejándose de mí— El contrato de lo que debe.
—Elizabeth murió —le informé irónicamente— Ese contrato es inválido ahora mismo —sonreí— Es mi decisión si cumplir con lo que ella prometió o no; después de todo, yo no soy ella —con cada palabra que digo su sonrisa va desapareciendo poco a poco— No estamos en el mundo humano, las leyes son otras.
—¿Y cuál es esa diferencia? —sonríe falsamente— Si puedo saber.
—¿Vienes aquí pidiendo algo que una antigua yo no cumplió sin saber las reglas de este mundo? —le dije con una sonrisa burlona— Es algo muy básico y te lo diré fácilmente —me acerco a él lentamente— Las reencarnaciones de personas tienen el derecho de decidir o no hacerse responsables de lo que hizo esa persona —lo miro directo a los ojos— No me haré responsable de algo que dijo una persona llena de odio.
—Entonces…
—Entonces tendrás que esperar aquí escondido hasta que yo termine con lo que tengo que hacer —mi sonrisa desaparece al instante, mostrándole lo falsa que podía ser realmente— Si se te ocurre arruinar todo, juro que te arrepentirás.
—Llevate un caballo —una mujer sale de la profundidad del bosque con un caballo ya con las cuerdas correspondientes— Si dices que te esperemos aquí es porque quieres hacer un acuerdo más firme y para el bienestar de todos —dijo esta, entregándome la cuerda del caballo— Nosotros solo queremos el bienestar de nuestra raza, los humanos hemos sido el alimento de los vampiros por miles de años. Si tu trato nos favorece, lo hablaremos con el gobierno e intentaremos llevarlo a cabo —me subo al caballo con ayuda de la mujer— Primero tendrás que convencer a todas las partes.
—Eso ya lo sé —la miro de reojo— Primero hablaremos nosotros y después con el resto.
Al decir esas palabras, rápidamente comienzo a cabalgar el caballo a bastante velocidad hasta encontrar el río de nuevo. Cuando lo encuentro, al instante giro hacia la izquierda, volviendo al camino para llegar al laboratorio.
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A la lejanía logro ver la estructura del laboratorio y hago que el caballo acelere más la corrida.
Escuchaba los pasos rápidos de Airon acercarse cada vez más a la puerta del laboratorio; claramente estaba huyendo de la reina.
Cuando estuve cerca de una de las puertas, que a mi favor se abrían tirando hacia afuera, la agarré y tiré de ella con todas mis fuerzas para cerrarla, sintiendo un potente impacto para después escuchar un gemido de dolor.
—¿¡Qué creés que estás haciendo con eso!? —le gritó a Airon, molesta— ¿¡Sabés lo que ocasionaría esa sangre!?
Sorprendentemente, Airon se gira hacia mí con una mirada que nunca había visto en él; el odio lo consumía por dentro y se notaba. Quería destruir todo lo que se le interpusiera.
—Nos están usando como ratas de laboratorio, Judy —dijo, levantándose del suelo mientras me miraba— ¿Dejarás que te usen? ¿Cuánta paciencia tienes como para soportar esta mierda?
—La suficiente como para no cometer una estupidez de tal calibre —dije, mientras la reina por fin se ponía detrás de él por si intentaba irse por otro lado— Devuelve las bolsas de sangre, Airon, sabes que no es la mejor solución a esto.
—Le prometimos a tu madre que estaríamos juntos —dijo esta vez, provocando que sintiera cómo mi pecho se contraía por la angustia— Y estamos así, tú por tu lado y yo por el mío —mira hacia la reina con la rabia impregnada en sus ojos— Todo esto es culpa de este asqueroso mundo que tú hiciste; jugaste con mis recuerdos y con los de tu propio esposo, ¡y solo para hacer lo que suponías que era lo correcto! —extiende los brazos— Toda esta porquería la creaste tú.
—Eso ya lo sé —dijo la reina secamente— Yo quiero solucionar todo esto —levanta la mano, pidiéndole las bolsas de sangre— Pero si tú haces esto, se me hará imposible.
—Como si ya no fuera imposible solucionar todo esto —su mirada seguía sobre ella y se notaba que no tenía planeado quitársela por un buen rato.
Editado: 29.01.2026