Cuando llegamos a las celdas, rápidamente nos dirigimos a donde se encontraba la supuesta reina del mundo impuro.
Ella estaba ahí, atada como la dejamos la última vez que la vi. Estaba claro que solo la desataban para comer tres porquerías y luego la ataban de nuevo.
—Veo que, por suerte, mi intuición falló —le dije, y esta elevó la cabeza con una sonrisa.
—No pienso morir tan fácilmente —mira mi rostro y sonríe más ampliamente— Aparte, tú facilitaste mi supervivencia.
—Es la idea —estiro mi mano hacia los barrotes de la celda y el sello aparece ante los ojos de todos, desapareciendo con la misma rapidez con la que apareció— Te necesito con vida, no me sirves de otra manera.
De la nada, Nico aparece del lado derecho de las celdas mientras sacude las llaves con una sonrisa radiante, como si estuviera leyéndome los pensamientos o incluso como si me hubiese seguido todo este tiempo.
—¿Acaso eres un acosador? —le pregunté frunciendo el ceño.
—Sí, bueno... —la piensa un momento antes de hablar— algo parecido.
—¿Tienes las llaves de la celda? —le pregunté levantando la mano.
—No —dijo claramente sarcástico mientras buscaba la llave correcta— Toma —extiende el manojo de llaves con una agarrada, dándome a entender que esa es la de la celda.
—Oye —una chica desde la celda del frente llama nuestra atención— Tú eres Elizabeth, ¿no? —preguntó inspeccionando mi rostro— Estoy segura de que no me recuerdas, pero de todos modos me hace feliz que estés aquí de nuevo.
—Este no es mi lugar de nacimiento —la miro de reojo— Estoy aquí por obligación. La reina mató a mi madre para que no tenga a dónde volver y mi padre desapareció cuando tenía 3 años —me doy la vuelta y abro la celda— O mejor dicho, mi madre fue el conjunto de personas para un puto experimento para traer un poder mayor a cualquiera —miro al pequeño cuerpo frente a mí, la cual me miraba con terror— Propuesto por la princesa de este mundo asqueroso. Solo porque tenía visión para su propia codicia, ¿no es así, Alison? —la pateo con fuerza dejándola acostada en el suelo.
—Te equivocas —esta se arrastra por el suelo hasta llegar a la pared para ayudarse a levantarse— Tus recuerdos no son reales o no son concretos —levanta la mirada con miedo— Yo nunca hice algo así.
—Los recuerdos de Elizabeth no pueden ser modificados, ya que recientemente están apareciendo —le sonrío abiertamente— Aparte, ¿no escuchaste el dicho? —mi sonrisa se ensancha— El pasado no puede modificarse, el presente sí para conseguir un futuro mejor.
—Mis bolas —dijo Oliver mirando la escena como si fuese su película favorita.
—Necesito que cooperes —me agacho y ella clava su mirada sobre la mía—¿Quién es?
—¿Quién es quién? —dijo al instante.
La miro con el ceño fruncido.
—Mi padre, ¿quién es?
—No tengo idea —rápidamente y con fuerza le doy un fuerte golpe en el muslo, provocando que diera un grito desgarrador— Mierda —susurra— Es Sebastián, él no lo recuerda, pero lo es.
—¿Dónde se encuentra? —le pregunto rápidamente.
—No lo sé, lo juro —dijo removiéndose en el suelo para acomodarse— Él desapareció hace años. Cuando tu madre se fue de este mundo contigo en brazos, él desapareció de todos lados —me mira directamente a los ojos— Lo buscamos en todas partes, en todos los lugares en los que estuvo con tu madre y en ninguno está.
—¿Y en lugares en donde no solía frecuentar pero conocía dónde quedaban? —le pregunté, pero esta negó— Por Dios, necesito tu ayuda.
—¡Entonces desátame! —me grita, provocando que yo solo frunza el entrecejo— No puedo ayudarte si estoy aquí atada —mueve las muñecas detrás de su espalda— Sé de dos lugares, los otros puedo señalártelos en el mapa —se pone de perfil— Pero así es imposible.
—¿Y cómo sé que no me estás engañando? —le pregunté seriamente.
—Escúchame, Judy —la miro sin expresión alguna— El rey impuro sabe toda la verdad, sabe que yo no soy su verdadera esposa y que tú eres Elizabeth —mi ceño se frunce al instante sin creerle una sola palabra— Él no piensa destruir el mundo en el que creciste, él solo busca sangre en los hospitales para su guardia —me levanto al instante— Es cierto que nosotros nos alimentamos de esa sangre, pero él no ha matado a ningún ser humano en toda su vida —me mira con los ojos brillosos— El verdadero enemigo está frente a tus narices. La reina es la que quiere destruir tu mundo. Ella pasó años sin beber sangre, ¿cómo crees que se está sintiendo ahora mismo?
—Es imposible.
—No, no lo es —me mira— Es cierto que ella cayó directo en tu trampa, pero tú también caíste en la suya —se levanta con dificultad— Escúchame, llévame al castillo impuro. Entra conmigo si es necesario, pero necesitamos la ayuda del rey —se acerca a mí— Él no se negará, él quiere ayudar.
—Airon...
—Sí, él estaba ahí para asegurarse de que estuvieras bien —me mira— El rey lo mandó.
—¿Por qué su madre también está ahí? —pregunté al instante.
—Porque fue gracias a él que aún estés viva —la voz de un chico resonó en toda la zona, provocando que me volteara hacia la celda del frente, encontrándome con un chico con rostro de ángel— Hola, Judy, cuánto tiempo sin verte. Por si no lo recuerdas, soy Hueningkai, el pequeño hombre lobo con el que solías jugar todo el tiempo cuando tenías 2 años.
—2 años, ¿eh? —le dije mientras me cruzaba de brazos— No recuerdo absolutamente nada de esa época.
—La reina está usando eso en tu contra —dijo este levantándose— Estuve esperando todo ese tiempo aquí.
—¿Para qué? —le pregunto mientras mi ceño se frunce sin entender— ¿Para que te libere?
—Claro, ¿quién más lo haría? —me mira con una sonrisa— Tú eres la única opción para todos aquí adentro —mira a su alrededor mientras mueve la cabeza— Todos los que estamos aquí somos los que te conocen a ti o a Elizabeth. ¿Sabes qué significa eso? —me mira mientras su sonrisa desaparece de a poco.
Editado: 20.02.2026