Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capítulo 6

Diez  años tenía cuando sus padres renunciaron a él.

Diez  años cuando comprendió que su familia no tenía el dinero suficiente para mantenerse, para darle todo lo que un niño necesitaba, para darle todo lo que él necesitaba y cuando se habla de padres, es bien conocido es que si es realmente un padre que ama a su hijo, este siempre va a querer lo que es mejor para el.

Aunque esto no sé a lo mejor para el padre. 

Cuando era un adolescente cumpliendo sus 16 años entendió que quizás la mayoría de los padres habrían estado de acuerdo con que se lo regalaran a un completo extraño. 

Él se sentía como si hubiese sido un obsequio para una persona que jamás pudo tener hijos, para un viudo qué su mujer había muerto de cáncer con tan solo 28 años de edad.

Sin embargo con diez años esas cosas no le importaban, esos detalles le valía menos que un centavo.

Él, mientras fue infante, no siempre pudo ir a la escuela, porque no siempre tenía desayuno sobre su mesa para poder comer, para poder pensar, porque un cerebro sin comida es un cerebro que se va a desgastar tarde o temprano, más temprano que tarde

Steven Lucas a pesar de vivir con un extraño que le hablaba mal, que le maltrataba, buscó la forma de ser feliz a su manera. Ya al menos, en aquel momento, se dio cuenta que la comida no sería un problema.  Para Prietto era parte de su enseñanza comprarle rompecabezas de mil piezas, comprarle artículos que agilizaran su mente, que ayudasen con el desarrollo de su inteligencia, pero para Steven esos más que juguetes. Retos. 

Él nunca tuvo tantos juguetes, tantos artículos con los cuales divertirse,  tantos artefactos tecnológicos y esto era como estar en el paraíso para él.

Muy pronto se dio cuenta que el paraíso no era la tierra prometida, muy a su pesar comprendió con el pasar de los meses, con el pasar de los años dentro de la mansión de color blanco colonial, que su padre adoptivo en verdad no quería amarlo, no estaba allí para hacerlo feliz. 

 No eran juguetes lo que le daba, estaba entrenando a su heredero, al hombre que se quedaría con toda su fortuna y lo estaba entrenando a su forma a su gusto a su deseo.

Estaba entrenando para ser como él 

Un hombre sin afecto por nada ni nadie.

"No te aman lo suficiente" "Dicen que lo hacen pero no te abrían regalado" "¿Crees que van a venir por niño tinto?"

Y así, lentamente, comenzó a despreciar a los que le dieron la vida, comenzó a entender que si el hubiese sido padre jamás habría renunciado a su hijo, si hubiese tenido que pedir en las calles lo hubiese hecho, si hubiese tenido que regalar a su hijo lo hubiese hecho a una persona que viviera cerca para poderlo ver todos los días.

Si la vida lo hubiese exigido de esa forma tan maquiavélica no poder mantener y sostener a su único hijo, él, en la posición de sus padres, habría buscado la forma de al menos estar en su vida.

Pero eso no fue lo que pasó.

Cómo se a Steven  lo hubiesen borrado de la faz de la tierra, como si lo hubiesen borrado de sus vidas, como si estos jamás hubiesen tenido un hijo.

Muchas veces se imaginó que sus padres volverían por él, muchas veces y se despertaba sudoroso, llorando, amargado porque la realidad era otra, porque realmente sus padres no estaban allí reclamandolo como suyo.

—¿Stevie?

Tan solo mencionar su nombre hizo que la piel se tornara de gallina y el corazón se le estrujara. 

Él extrañó durante demasiado tiempo a su padre y a su madre, ambos estaban enfermos; su madre sufriendo de diabetes  y el corazón, y su padre con comienzo de Alzheimer.

No pintaba nada bien para ambos y cuando Prietto le dijo que deseaba que fuese a su ciudad natal, no se lo pensó dos veces, su madre le había contado  la situación en la que su padre se encontraba.

Sí bien no les tenía el mismo amor que cuando era un niño, aún así seguían siendo sus padres y aunque eran sentimientos encontrados sobre sí quererlos incondicionalmente, sin tomar en cuenta que se habían deshecho de él cuando era un niño, el se prometió a sí mismo que estaría allí para ellos. 

Era una deuda moral. 

Les debía a ellos haberse convertido en el hombre que era hoy en día. Les debía los millones en su cuenta. 

Pero más se lo debía a Trent Williams que le había dado todo.

Y si él quería que la empresa estuviera su cargo así lo haría.

Sin importar a quién tuviera que arrastrar en el camino.

Su mente se fue de inmediato para la mujer que lo recibió al llegar allí hacía unas horas, se notaba a leguas que la mujer era fuerte, de carácter intenso , explosivo y tajante.

Una a la que obviamente él no le había agradado.

Probablemente sería la primera en despedir desde que el tomara el control de la empresa.

El plan de su tío era bastante simple, Trent Williams le encargó hacerse pasar por un empleado más, ver la función durante unos meses  sería más que suficiente para darse cuenta en el estado en el que se encontraba la empresa y para saber qué empleados podían conservar y cuáles había que despedir. 

Él no los conocía a ninguno, sí, había nacido en aquel pueblucho de mala muerte, pero se había ido demasiado joven, muy pocos de ellos podrían saber quiénes eran sus padres biológicos.

—Creo que nadie me había llamado así en años. — dijo mirando al hombre desgarbada frente a él. 

El rostro de su padre se iluminó con un brillo que el jamás creyó posible ver en la cara de alguien.

Su padre estaba feliz de verle sus ojos se llenaron de lágrimas y sus labios temblaron.

Steven creyó que el hombre se pondría a llorar allí mismo frente a él.

Una parte de él hizo que se le arrugase el corazón pero la parte que había sufrido en manos de su tío, con maltrato tanto físico como verbal, para hacerlo el hombre que era en la actualidad, esa parte se quedó inescrutable.

Se quedó fría mientras observaba como los labios que su padre temblaban y por su expresión pasaban toda clase de sentimientos y emociones encontradas.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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