Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capítulo 7

A él le constaba que ellos no tenían exactamente la culpa de la situación económica. Sin embargo en la mente de un niño que ahora era un adulto siempre se quedarían plasmados  sus traumas. Sin importar si sus padres tenían o no la culpa. 

Su padre, un ex combatiente, que debido a los traumas sufridos por la guerra en Vietnam, se alcoholizó durante muchos años, incluso sus primeros años de vida, recordaba las constantes peleas entre él y su madre por su conducta agresiva. 

Se volvió un manojo de inseguridades y dolores. 

Si, la guerra cambiaba a los soldados, pero está también cambiaba al resto de la familia. 

Su padre se quedó allá. Al menos el padre que iba a tener. 

Steven supo desde pequeño que su padre por más que se esforzara en darle comida y techo sobre sus cabezas, lo que el gobierno le pagaba por su contribución al país, jamás sería suficiente si se lo tomaba cada día. 

Él se quedó observando a su madre largo rato,  no sabía que decirle. En el instante en que ella apareció en escena algunas de sus barreras cayeron de inmediato.

Era su madre.

Era su madre la que estaba allí con una bata de flores azules y blancas, esa que se dejaba caer algunos flequillos indeseables rostro, el mismo rostro que le sonreía mientras lo arrullaba cuando era un niño, un rostro que estaba lleno de arrugas. 

Su madre había envejecido bastante desde la última vez que le vio. 

Veinte años atrás. 

Sabía que la situación que estaba pasando su madre no era fácil de sobrellevar, con un esposo que comenzaba a olvidar por momentos quién era ella,  situaciones  que solo duraban pequeños instantes pero qué hacían doler toda el alma.

Y no había nada más que avejentara  una madre tan rápido como el dolor en el corazón por la enfermedad de su esposo y el distanciamiento con su único hijo. 

Su madre se lanzó a sus brazos y él pensó en rodearla con los suyos.

Se quedó quieto,se quedó allí observando a su padre a los ojos, unos ojos azules igual que los de él. 

Ojos intimidantes decían muchos, otros decían que eran ojos que escondían un gran sufrimiento, para Steven, solo eran ojos. Unos cualquiera. 

Unos ojos igual que los demás. 

Estos estaban arrepentidos, sufriendo, en puro dolor, mientras lo miraba a la cara y no decían nada más.

Él sabía lo que estaba pasando por la mente de su padre, supo en el instante en que su padre se arrepintió de haberlo entregado. 

Él tuvo muchas preguntas por hacerle en ese mismo, sin embargo se quedó callado mientras los brazos de su madre lo envolvían.

¿Por qué lo regalaron?

¿Por qué se lo entregaron a un desconocido para que lo cuidara?

¿Por qué no le quisieron lo suficiente para luchar por él?

¿Por qué de repente vivían en esta casa tan bonita y que no  se estaba cayendo a pedazos como la que ellos tenían cuando él era un niño?

¿Por qué todo es mejor ahora que él no estaba a su lado?

Intentó contener las lágrimas de pura impotencia. 

Ahora sus padres vivían en el centro del pueblo, su tío era quién había entregado la dirección de la nueva casa, puesto que para él ellos seguían viviendo en el mismo rincón alejado.

—¡No sabes cuánto te extrañado, hijo mío!

Él siguó en silencio.

—¡No sabes cuánto he esperado por este reencuentro!— su madre sollozaba en sus brazos, sintió su pecho temblar, sintió su respiración entrecortada y ella le apretó fuerte como si no quisiera que se alejara nunca  más.

Pero alejado ya estaba.

Su madre se alejó dando un paso hacia atrás después de varios segundos más

Has cambiado tanto mi pequeño. — murmuro mientras subía una mano hasta su mejilla y la caricia va con delicadeza. — Eres todo un hombre.

—¿Por qué no vamos dentro? Así me enseñan su nueva casa.

No quería que nadie más supiera sobre su reencuentro.

Mientras menos personas se enteraran mucho mejor.

Si algo su tío le había especificado es que debía mantenerse bajo perfil para que los empleados llegaran a confiar en él. 

Y los únicos empleados de la constructora eran sus propios vecinos.

Esos que no le tendieron la mano cuando él era un niño, cuando los necesitó, ahora él se iba a encargar de hacerle sentir que lo necesitaban a él para poder sobrevivir y que él no estaría allí para ninguno de ellos.

Sintió tanta rabia que apretó los puños y los metió dentro de los bolsillos de sus pantalones.

Su padre estaba en silencio observandole. La cara de arrepentimiento no podía disimularla.

—Vamos adentro. —dijo su madre agarrando su antebrazo y entrando con él a la casa.

Steven se dejó llevar.

Mientras menos curiosos a su alrededor mucho mejor.

Dentro todo era tan diferente, parecía realmente un hogar.

Muy contrario a cuando él vivía aún con ellos

Los nueve años que pasó junto a sus padres biológico fue de pura precariedad.

—Lindo lugar. —dijo mientras entraba cada vez más a la sala.

Su madre comenzó a retorcer una toalla que él ni siquiera se había dado cuenta que llevaba en las manos

Estaba nerviosa.

El reencuentro con sus padres después de casi dos décadas era colosales, sin embargo él se mantuvo frío, inescrutable.

—No te voy a negar que hemos estado en peores condiciones.

—Lo sé, al parecer yo era parte de esas peores condiciones.

No pude evitar sonar con rencor.

—Stevie no digas eso...— fue su padre el que intervino esta vez.

—Nosotros jamás quisimos renunciar a ti.— añadió su madre mirándolo con pena y con dolor

Pero para él solamente había desilusión rabia una ira que había estado conteniendo durante demasiados años.

No había forma de hacerle sentir menos molesto. 

Ellos estaban bien ahora. 

Ahora les iba mejor. 

Mejor sin él. Estaban mucho mejor sin él. 

—¿Tomas café?—su madre volvió a retorcer la toalla. — Dios mio, hay tantas cosas que no sé sobre ti. Eres todo un hombre ya, hijo mío.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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