Steven salió de la casa como si el mismo diablo lo estuviera persiguiendo. Se quedó en el pórtico de la casa de sus padres mirando la nada, de aquellos que le dieron la vida, mirando hacia la calle, que ya había oscurecido y tan solo se podía percibir la soledad.
Igual que la soledad que había en su corazón.
La soledad que le había estado abrazando desde que tenía 10 años y le arrancaron de su hogar.
Tan solo 10 años. Era un niño. Un niño que lo único que necesitaba y requería era amor. Amor de sus padres, sin embargo, al parecer era más el amor que sentían por el alcohol que por él, al menos en el caso de su padre.
Tan solo amor.
Cuidado y salud tuvo en casa de Trent Williams. El hombre no se descuidó. Tuvo comida, techo y excelente educación.
Pero le faltó ese pequeño detalle.
No le amaron.
Sus padres no lo hicieron.
Fue lo único que no tuvo, porque de haberlo amado lo suficiente no lo hubiesen entregado a un desconocido.
Su teléfono vibró en ese momento y aunque no quiso contestar la llamada, algo le dijo dentro de él que lo hiciera.
Su teléfono personal pocas personas lo tenían. Su madre y su tío. Su madre porque era el único contacto con su vida pasada, y Trent Williams porque era parte de su nueva vida.
Salía con una mujer, pero ésta no tenía ningún medio de contacto con él, pero él sí con ella.
La llamada de forma privada cada vez que tenía ganas.
Eso era lo único que podía ofrecerle, no iba a casarse jamás, no estaba disponible para tener una relación con nadie mucho menos como una modelo de alta costura, acostumbrada a tener los más grandes lujos, sería una pérdida de dinero y una pérdida de tiempo sostener una relación con alguien así de superficial.
Sin embargo Merlina era buena en el sexo.
Una cosa con pensaba la otra.
—Hijoz no te vayas por favor. — su madre abrió de repente la puerta justo en el momento que iba a tomar la llamada del celular. Así que dejó que el teléfono siguiera vibrando.
—No puedo estar aquí, porque sé que voy a cometer una tontería. — aseveró. — Voy a golpearlo en el rostro. Voy a sacarle esa maldita arrogancia a golpes. —Le dijo y en verdad pretendía hacerlo.
Estaba seguro que de durar cinco minutos más dentro de la misma habitación con su padre terminaría por destruirle la cara.
—¿Por qué eres tan agresivo? ¿Cómo es que te convertiste en este hombre y no en el niño dulce que yo...?
— ¿Qué tú qué, madre? —La interrumpió él. — Tú no me criaste. Ese niño dulce se murió el mismo día en que me entregaron a mi tío.
—¡No es tu tío! ¡él no es tu tío! — le gritó exaltada y perdiendo los estribos como Steven jamás la había visto.
—Perdóname, es más que un padre. Trent ha sido más un padre para mí que ustedes dos. Es quién me llevó al médico cada vez que me enfermé. Es quién estuvo ahí cuando me dio varicela y la fiebre la tenía en 40. Es quien me llevó a la escuela, que me dio mi primer carro, que estuvo mi cumpleaños número 18, el que me presentó a sus amigos empresarios. — se detuvo y tomó aire. — es la persona que dio todo para que yo fuese el hombre que soy hoy en día.
Él estaría eternamente agradecido por eso, no le importaba como su tío consiguió su custodia, dejó de importarle hace mucho tiempo.
No le prestaba atención a esas nimiedades, ya no venían al caso.
Si sus padres habían renunciado a él, ellos eran los culpables, no su tío por ofrecerse a darle una mejor vida.
—No tengo nada más que hablar contigo, madre y espero en verdad no tener que volver a verlos a ninguno de los dos.— le dijo con el corazón en la mano y siendo completamente honesto. —vine aquí buscando una disculpa. Vine buscando una explicación, pensando que podía llenar ese vacío que había estado conservando desde hace 20 años tan solo para descubrir que ustedes no se arrepientem de haberme entregado. Me doy cuenta que siempre vas a escoger al alcohólico de mi padre por sobre mí, siempre lo hiciste mientras era un niño y ahora lo sigues haciendo.
El terminó de bajar los tres escalones que conducían directo hacia la calle, le dio al control de su carro para que se abriera; un vehículo un poco escandaloso pero su tío le había permitido un solo Lujo al regresar a que el pueblo de mala muerte: su Audi A6.
Podría renunciar a todo pero no a su coche favorito.
—Por favor, Steven, no te vayas, por favor no te vayas — le rogó su madre persiguiendole hasta el vehículo. — sabes que tu padre está enfermo, tiene comienzo de alzheimer. Sabes que esa conducta agresiva es producto de eso mismo....
No podía creer que su madre estaba tocando esa tecla, no podía creer que siguiera prefiriendo creerle a ese hombre, no a él.
—¿Es enserio, mamá? ¿en serio me estás diciendo que le perdone su insensibilidad y descaro tan solo porque tiene comienzo de alzheimer? — le preguntó levantando la voz y mirándola con total desaprobación.
Sus ojos le ardían, las lágrimas que había estado conteniendo durante años, lágrimas de dolor, traición y más que nada rabia, rabia por no poder desahogarse, rabia por tener esa maldita costumbre de contenerse guardarse todo dentro.
—Sabes que te amamos.
—¡Renunciaron a su hijo y ahora le piden ayuda!
—No viniste aquí ayudarnos, viniste porque te extrañábamos. Viniste porque tú nos extrañabas a nosotros. — susurró ella y se secó las lágrimas con lentitud que caían en sus mejillas. —no tienes idea del infierno que he pasado desde que te fuiste aquel día. — susurró
—Ese es el problema, mamá, yo no me fui aquel día, ustedes me regalaron y estoy harto de ser un maldito objeto que las personas pueden utilizar a su antojo.
—¿Y para ese hombre qué crees que eres? ¿Te crees especial para el? ¿Crees que en verdad él te ha querido todo este tiempo? ¡Eres una jodida pieza más de su rompecabeza!
Steven se dijo que no podía seguir escuchando más a su madre porque ahí a quién él más odiaba era a su padre y allí su madre no tenía la culpa de si el explotaba sacaba todo lo que había estado guardado durante esos años.