Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capitulo 12

— Sarah, entra al coche. 

—¿Sarah? 

— Cariño, entra al coche. No estás bien. — su hermana volvió a llamarle y Sarah se secó las lágrimas que bajaban ilusionadas por sus mejillas, creyendo que podían conseguir un mejor futuro fuera de sus ojos. 

El paraíso prometido. 

Sin embargo ya no habia nada similar para Sarah, y ella lo sabía. 

Al igual como supo que ese hombre era un problema. 

—Sarah, Tony ya viene, él dijo que te quedaras...

— ¿Estás bien? Te veo muy palida.—Le dijo el hombre que estaba interesado en quedarse con su empleo. 

Sin embargo, el que le dio la oportunidad de quitárselo fue Prietto en primer lugar. 

Él era quien creía que ella necesitaba un reemplazo con tan solo tres meses de embarazo. 

Estaba disociando. 

Pensando en mil cosas más antes que en lo más importante. 

Pero siempre había alguien para recordarlo. 

—¡Sarah! — escuchó ella la voz de la Sra. Murriel. La misma que la había cuidado a ellas de pequeñas y que su hija Linda había llevado lejos del pueblo para poder cuidarla. —¡Oh, cariño! ¡Esto es una barbaridad! — gritaba mientras se dirigía con paso lento hacia ella. 

Muy lento. 

Murriel debía tener al menos setenta años, pero su mente estaba tan lúcida como si apenas estuviera llegando a los treinta. 

La mujer traia puesto unos pantalones de algodón y un abrigo de color gris que le llegaba a las rodillas. 

—Lo siento tanto. —Dijo Murriel cuando llegó frente a ella. — ¡Esto es una catastrofe!  ¡Y tu en estás condiciones! Dios mio, mi niña. ¡No puedo imaginarme como te sientes! — Exclamaba la mujer pero los ojos de Sarah estaban fijos en los de su reemplazo. 

El hombre la miraba confundido. 

Sus expresiones eran profundas y espesas como las aguas del mar. Estaba escrutandola con la mirada y ella a él. 

—Dios sabe como hace sus cosas. Tu ten fé de que todo saldrá bien. 

Su corazón se detuvo en ese instante. 

—Murriel...— Susurró y la mujer no le soltó pero se alejó un poco. 

Su antigua niñera le secó las lágrimas y le miró triste. 

—Ten fe, querida niña. 

—¿Fe? — preguntó. No entendía como la fe en un momento así podía ser funcional. 

Dos mujeres más se acercaron a Sarah y de pronto se vio rodeada de manos y abrazos y perdió de vista al visitante extravganate dueño del coche deportivo. 

—Esto debe ser tan duro para ella. — escuchaba a sus vecinas hablar — llegar  y encontrarse a la otra aquí. Esto es penoso. 

—Yo misma no hubiese venido. — dijo otra. 

Sara buscó a su hermana y esta le apretó la mano. Bajó la mirada y siguió el camino del brazo que le tenía sujetada. 

Su hermana estaba ahí. 

Aunque cuatro pares de manos le acarciaban e intentaban consolarla, sus ojos estaban fijos en los de su hermana. 

Ella era su roca. 

—Creo que mi Sarah necesita espacio. — Sarah miró, buscando el dueño de la voz, el único que siempre estaba para protegela aparte de la pequeña Danny y descubrió a Tony allí. 

—¡Oh, Tony! — chilló la más joven de las mujeres que le rodearon: Gwendolyn Furrel. 

Una cuarentona que estaba segura de que aun se veía como si tuviese veinte años y que perseguía a cuan hombre soltero se pasara por su frente. 

—¡Que bueno que estas aquí para cuidar de nuestra Sarah! — Dijo Murriel secundando a Gwendolyn. —Esto es una pena. Pobre Mark. Esperemos salga de esto. Confio en que...

—¿Salir? — preguntó Danny. — ¿No esta muerto? 

—¿¡Que!? ¡No!— chillaron dos al unísono. — ¡Claro que no esta muerto! 

—Casi. —dijo la otra interrumpiendo. 

—Pero no esta muerto. — contestó Gwendolyn. — Ese hombre se esta aferrando a la vida. Siempre ha sido un luchador. 

Estaba vivo. 

Vivo. 

Mark no había muerto. 

Sarah parpadeo y sintió que volvía a respirar. 

¿No estaba muerto? 

Su hijo no iba a...

No. 

No podía seguir cultivando más la incertidumbre. 

Ella necesitaba confirmarlo por sí misma. 

—Disculpen. — dijo zafandose de las manos regordetaas y cálidas de dos de sus vecinas y apartó a la cuarentona calenturienta del brazo de Tony. — permiso. Necesito...necesito aire. 

Se dirigió al tumulto y como pudo se adentró entre los mirones. 

—Sarah, espera. — escuchó a Tony y a su hermana llamarle, pero ella ya se había colado entre cuatro personas y estaba a varios cuerpo sudoros de ellos. 

—¡Sarah! — le llamó Dany. 

Pero no se detuvo. 

Se acercó con caminar rapido y sediento de informacion. 

Dos paramedicos le detuvieron de inmediato. 

Paramedicos que ella conocía de toda la vida. 

—Jean, Lucas...— les saludó. — No se atrevan a meterse en mi camino. 

—Sarah, cariño, has pasado por mucho como para que... — comenzó a decir Lucas pero ella le detuvo subiendo una mano y colocándola en su brazo. 

—Necesito verle. — aseveró. —Necesito confirmar que está con vida. 

—No tienes que hacerlo, Sarah. No le debes nada. — Jean habló con voz gruesa. 

El hombre de mirada oscura, cejas gruesas y voz tenebrosa, de esas que si hablaba en la oscuridad terminarías con la orina en el suelo: sin embargo, para ella siempre serían los amigos de secundaria. 

Sus amigos con los cuales compartió noches de películas antes de que sus padres murieran. 

—No lo entiendes, ninguno de los dos. — murmuro. — solo quiero saber si está con vida. Solo eso necesito y me iré. 

— No tienes que hacerlo — repitió. — Ya te lo digo yo, está con vida. Ahora vete. 

Todos en el pueblo sabían lo que Mark habia hecho. Para su secretaria aparentemente era un logro el hecho de haber destruido su relación. 

Todos en Crossville se enteraron. 

Lo que ella no sabía es que nadie estaría de su lado en el pueblo. 

Todos estaban del lado de Sarah. 

Se preocupaban por Mark, claro que si, para muestra un botón, sin embargo, él siempre sería el hombre que dejó embarazada a la huerfana Sarah Wright. 



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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