Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capitulo 14

Esa noche ella no durmió. 

No pudo hacerlo. Solo pensaba en Mark. 

En el desconocido. 

Pero más que nada en Mark. 

No podía seguir negandose así misma que el odio que creía sentir por él no era tanto. 

Se había intentado crear una coraza lo suficientemente fuerte y ahora se daba cuenta que no era inmune a ciertas situaciones. 

Y menos si se trataba de su ex prometido. 

Del hombre que le prometió llevarla al altar. 

Del que falló en llevarla. 

El hombre que juró amarla por toda la vida. Muy corta que fue la vida para ellos juntos. 

Lo que más le dolía era que todo el pueblo se había enterado de su situación, de la ruptura, de los detalles. 

Ella no merecía ser de quién se  hablara. Y aunque todos en el pequeño pueblo alejado del mundo le apoyaban, ella no podía evitar sentirse como objeto en un laboratorio. Que todos podían manosear, cuchichear, hablar a sus espaldas e incluso frente a ella. 

A las cuatro de la mañana se dijo que no podia seguir estropeandose más el cuerpo acostada en la cama. Lo mejor que podía hacer era levantarse, prepararse un cafe descafeinado, recomendación del doctor, y salir a caminar para ver si despejaba la mente. 

Y así lo hizo. 

Pero no salió dispuesta a ejercitarse, ni mucho menos buscando quedarse en forma durante el embarazo. 

Solo quiso olvidar. 

Olvidar que se había enamorado de un hombre que le había hecho demasiado sano y aún así, pasado los meses, ella seguía sufriendo por él.

Preocupada por él. 

—¡Maldita sea! — murmuró mientras aceleraba el paso con la taza en la mano. —¡Me lleva el demonio! — gruñó y Miró al cielo estrellado que aun oscuro, le pareció verle sonriendo. 

El cielo madrugador se burló de ella. 

Era su castigo. 

Por gritar a los cuatro vientos la mentira mas grande: Que no le importaba Mark Rewards. 

—¿Por qué no puedo ser feliz con mi bebe? — se preguntó en voz alta. —¡Dejame ser feliz sin el!

Estaba hartandose de todo. Siempre pensó que podía contra lo que fuese, pero comenzaba a darse cuenta que no.  

Una lágrima bajó por su mejilla y decidió, después de dar no más de cincuenta pasos lejos de su casa, que era tiempo de detenerse. 

Tres meses de embarazo pero era demasiado para su corazón. 

No por su bebé, sino porque llevaba demasiadas cosas en su espalda. 

Cosas que nadie veía, que nadie percibía, pero que estaban allí, haciendo peso y molestándole. 

Si tan solo pudiese tomar a su hermana y largarse lejos a una isla en Hawaii. 

Pero no podía hacerlo. 

Su vida estaba ahí. 

—Extraña hora para salir a tomar café. 

La voz le sobresaltó y ella soltó un grito y se llevó la mano libre a la boca. El café caliente que le quedaba en la taza salió disparado y ella abrió los ojos de pa en par. 

—¡Que costumbre tienes de salirme en todas partes! — exclamó cuando se dio cuenta de que era Steve. 

¡Eso era! Casi gritó de alegría al darse cuenta que el nombre correcto apareció en su mente sin tener que pensar mucho. 

Steven Lucas. 

Así se llamaba el intruso de CrossVille. 

—¿Qué quieres ahora? ¿Buscas la forma de humillarme mas? 

—¿Humillarte? — inquirió él y se sacudió la sudadera que traía puesta de color blanco.—¡Mira eso! ¡Me has manchado de café!

—Claro que no. — dijo pero miró con los ojos entrecerrados ya que la oscuridad tampoco le ayudaba a ver mejor la sudadera. 

Con ella se veía aún más atractivo de lo que era.

Como si eso fuese posible, pensó. 

Sacudió la cabeza y agarró la taza con ambas manos. 

—¿Como es que conoces a Mark? — le preguntó cambiando el tema. —¿Por qué tú entre tanta gente de Corssville fuiste quien le quiso llevar lejos? 

—Lejos no —le corrigió con voz cargada de arrogancia. — A un lugar donde en verdad fueran a atenderle. 

—No puedo creer que hables en serio. — farfulló Sarah. — El doctor Dallawer esta sumamente...

—¿Un solo doctor en emergencias? ¿Es en serio? 

Ella casi soltó un improperio. 

Ese hombre era exhasperante. 

Comenzó a caminar lentamente lejos de él. 

No tenía caso alguno serguir escuchando ese enervante tono de voz. 

—¿Qué tanto conoces a Mark? 

—No es de tu incumbencia. — le respondió ella. 

—Lo es.

— No lo es. Y por si es que lo olvidaste tan rapido, yo soy quien...— dejó de hablar pues de pronto sintió un terrible dolor abdominal que le hizo sisear. 

—¿Estás bien? — preguntó él acercándose de inmedaito y colocando una mano en su hombro. 

—No me toques. — gruñó y casi se agacha para apretar su vientre contra los muslos y hacer que el dolor sesara. —Ahh....— murmuró de puro dolor. 

—¿Necesitas que te lleve al hospital? ¿Que es lo que tienes? — el hombre volvió con intención de tocarle y esta vez ella no le detuvo. 

El vientre le ardía, le dolía, sus ojos estaban cerrados y agarraba la taza a duras penas. 

Sin previo aviso, Steven Lucas la levantó con facilidad y la pegó de su pecho. Vamos a buscar donde recostarte. llamare una ambulancia. 

—¡Bajame ahora mismo! — chilló entre dientes pero no tuvo fuerzas suficientes para lanzarse al suelo y alejarse de sus musculosos brazos. 

—No voy a bajarte. 

—Dejame en paz! 

—Cuando un medico ya te este poniendo las manos encima. Solo así voy a dejarte.  

—No necesito a na...ahh! — volvió a encogerse y la taza cayó a la acera haciendo un estruendo. 

—Aguanta. — le dijo él y le apretó más junto a su pecho. — Aguanta que ya llego.

 

 

***

 

Sarah se despertó y se encontró en un lugar que no reconoció. 

Su boca estaba reseca y sus manos y pies entumecidos. 

—¿Qu-que rayos? — preguntó en poco más que un murmullo. 

—¿Ya estas despierta? — Steven se acercó a ella y le sonrió. —Vaya susto que nos has dado. 

—¿Ya desperto? ¡Que bueno!— Escuchó a su hermana y se levantó como un resorte del sofá y esto le hizo marerar. 



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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