—¿Te has vuelto loca? —su hermana estalló desde que entraron a la casa. —¡Ese hombre tan solo te ayudo! ¿Cómo puedes ser tan ingesta?
—¡Me llevó a su casa! — le gritó ella. — ¿No ves eso? ¿Por que no llamaste a Tony? —Le preguntó. —Prefiero mil veces..
—Siempre has tratado a Tony como si no te importara. — Gruñó su hermana menor mirándole a los ojos.
—¿Qué dices?
—¿Crees que el no lo ve? ¿Crees que él no lo sabe?
Sarah se quedó muda.
—No entiendo...
—Tony no tenía porqué venir a ayudarte si todo estaba bajo control. Es solo tu amigo. Lo has dejado más que claro.
¿En verdad eso pensaban todos? ¿Eso pensaba Tony?
Ella estaba segura de que no era así. Sarah llamaba a Tony para todo.
Aunque tenía una buena situación económica, Tony siempre se habia involucrado en su vida, y aún más después de la muerte repentina de sus padres.
—¿Qué es lo que intentas decirme?
—Que es la primera vez que veo que un hombre intenta ayudarte aparte de Tony, claro, y tu solo le das con la puerta en la cara. ¡Vas a quedarte sola y amargada!
—¡Claro que no!
—Me molesta que te cierres al amor. — Danny le dio la espalda y se fue a la cocina. —No todos los hombres son como Mark.
—No hables de Mark.
—Es que tengo que hacerlo para que abras los ojos, Sarah. Él te hizo daño, si, es cierto, pero no todos son como él. Te has encerrado a querer a otros.
—¿Qué me cierro al amor? ¿Acaso te has vuelto loca? ¿Que diabos tiene que ver una cosa con otra?
— Déjalo ya, me prepararé algo de desayunar. Te haré café porque sé que no...
—¡Ese hombre es un extraño! — le dijo con tono fuerte. —No lo conocemos de nada.
—Eso no importa.
Su hermana aun traía puesta la pijama, comenzó a preparar café en la cafetera eléctrica y con la mirada centrada en lo que hacía siguió hablando.
—Alejas a todos con tu forma, Sarah. Alejas a Tony...
—Vuelves a lo de Tony. — se comenzó a exasperar. No entendía porqué de repente su hermana se enfrascaba tanto en ese tema. —Tony sabe muy bien que solo somos amigos.
—¿Estas segrua?
—¿Segura de que?
—¿Estas segrua de que el lo sabe? —Esta vez Danny levantó la mriada y sus ojos azules se quedaron fijos observándole mientras con las manos apretaban la tapa negra de la cafetera. —¿Enserio puedes mirarme a la cara y jurarme que nunca has sentido que Tony quiere algo más contigo? ¿Que no has visto o sentido que él no está en la misma sintonía que tú?
—No estoy alejando a nadie y mucho menos a Tony,
—¡Perfecto! ¡Cambia el tema! ¿Qué me dices de Penelope? ¿Cuándo pretendes decirle que estabs embarazada?
—Ella no necesita saberlo. No tiene vela en este entierro. — Mucho menos porque sabía que iba a hablarle con ese tono condecendiente y falso que tantas veces habia utilizado.
—¡Es increible! — su hermana colocó la cafetera y se quedó alli mirando mientras el café se hacía sin volver a mirar a Sarah a los ojos.
Sarah esperó, un minuto, dos, cinco. Su hermana no dijo nada más.
— Estás conmigo. No alejo a nadie, D. Pero tú y yo somos más que suficientes.
—No tienes porque seguir viviendo sola. Que Mark te haya engañado no significa que todos los hombres vayan a hacerlo. Que todos vayan a defraudarte.
—No puedo arriesgarme.
Se fue a su habitación y se dio una ducha rápida. Se colocó un vestido negro que escondía el poco crecimiento de su vientre y se ató el pelo en una cola alta que luego convirtió en un moño con varias orquillas que consiguió en una cajita blanca dentrod e una gaveta.
No se puso ni pizca de maquillaje, no tuvo ánimos para hacerlo. No se sentía bien en lo absoluto.
Sin embargo, dos cosas seguían rondando por su mente: Cómo se conocían Steven y Mark y que diablos iba a hacer con su amistad con Tony.
Tony siempre habia estado en su vida y no quería perderlo, pero su hermana tenía razón, su cercanía, su disponibilidad, su cuidado y sobreprotección.
Demonios, a lo mejor ella habia estado ciega con respecto a Tony todo este tiempo.
Terminó de colocarse unos zapatos de plataforma corrida para evitar el dolor en la espalda baja y aunque sintió un leve mareo, se repuso casi al instante.
—¿Te irás asi al trabajo? ¿Crees que vas a aguantar?
—No puedo faltar. — le dijo a su hermana con tono cansado.
Desde que había descubierto su embarazo y Danny se había enterado, ella se esforzaba aún más por cuidarla.
Aunque cuidar de Sarah era casi un desperdicio de energia.
—Tengo que hacerlo, Dan. Ya sabes que Piettro me envió a buscar un reemplazo y... — justo en ese momento recordó que su reemplazo era ese hombre.
Steven Lucas.
—¿Qué pasa? ¿Otra vez te sientes mal?
—¿Que? ¡No! — exclamó. —¿Por que dices eso? Todo está bien.
— Pues por un momento abriste los ojos como si te estuvieses muriendo — exclamó su hermana.
—¡Ay, Danny! La gente no se muerse así no mas.
—¡Que voy a saber yo! — gritó y le entregó la taza de café que traía en sus manos y que Sarah ni siquiera se había percatado. —Toma. Por lo menos tómate algo antes de irte.
El desayunar se había vuelto un tema. Sarah comenzaba a tener nauseas matutitvas y sospechaba que el resto del embarazo las tendría.
Su madre, su difunta madre, le habia dicho que asi mismo había sido con ella cuando estaba en su vientre.
—No tienes porque hacer esto sola. Cuentas conmigo. Y si quisieras podrías...
—No voy a molestar a nadie más.
—No es molestia. — Su hermana seguía con la ropa de pijama puesta y dos trenzas hechas con su largo pelo negro azabache.
—¿Quieres decirme algo mas?
—¿De donde conoces a ese hombre?
—Hablaremos de eso mas tarde. — sonrió de forma forzada y se marchó dándole un beso a su hermana en la frente y bajando con más rapidez de la necesaria.
Le dio tres tragos al café descafeinado endulzado con endulcorante pues según Danny cuidar a su sobrino era una tarea importantísima.