Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capitulo 16

Sarah salió de su oficina como horda que llevaba el diablo. 

Taty se le fue detrás, intentando alcanzar sus pasos. 

—Sarah, espera...no vayas tan rápido. — murmuró mientras caminaba más deprisa. 

— Déjame. 

— No hagas una escena. El Sr. Piettro está aquí. 

—Pues con más razón me va a escuchar. Ese hombre recién llega. Él no es quién para pedir una oficina. 

—Sarah... — le pidió con tono casi a ruego su asistente. 

—Esta vez no vas a detenerme. 

—Es que no lo entiendes. Él fue quien le dio el permiso. — le informó ella casi temblando. 

Taty estaba vestida con un traje simple de color negro: pantalon de pierna ancha y chaquea negra sumamente ajustada que destacaba sus pechos pequeños. 

La mujer era bonita, de una forma sencilla, pero natural. 

Había aprendido a confiar en ella y le molestaba que intentase detenerla. 

—No vas a detenerme. 

—No entiendes nada, Sarah. Si ese hombre...

—Steven. Steven Lucas. — hasta el nombre le hacía doler la cabeza. 

Le daba náuseas. 

Quizá la injusticia, tal vez la forma en que él estaba manejando las cosas. 

—Eso mismo. — refunfuñò. — Él llegó y simplemente dio ordenes. Piettro no hizo absoloutamente nada. Es que el hombre parece más un dueño que...—No me importa! — casi chilla una vez delante de la oficina de Piettro. — ¿Primero lo de esta mañana y ahora esto? No voy a seguir permitiendole que me atropelle a su antojo. 

— ¿Esta manana? ¿Qué pasó esta mañana? — inquirió Taty y Sarah se lamentó de inmediato el haber metido la pata. 

Su asistente era buena, pero el chisme le apasionaba. 

Igual que a todos en CrossVille. 

Era como si su profesión innata fuese esa. 

Su madre, mientras ella era una adolescente, le decía una y mil veces: Si vas a hacer algo malo, procura hacerlo muy bien. Es mejor que digan que estas haciendo algo, tú haciéndolo, y no que desprestigien tu imagen en vano. 

Y eso precisamente era lo que habia regido su vida gran parte de los años de adultez. 

Sarah era de armas tomar, franca y simple. 

Así de simple como el aborrecimiento que comezaba a tener por Steven Lucas. 

—Escucha, Taty, no me importa quien es ese hombre. Tan solo tiene un día en la empresa. Este...este es su primer día. Él, ni él ni nadie, puede venir aquí a dar ordenes. 

— Él va a cubirte. ¡Quién sabe si no vuelves jamas! — Exclamó ella y abrió los ojos de par en par completament easustada. — ¿Y si soy la siguiente en la lista? 

—¿Cuál lista?— preguntó ella sin entender. —¿De que hablas?

—¿Tampoco lo sabes? ¡Es que has llegado tan tarde hoy! — dijo ella y le pasó una mano por el hombro para acercarse un pcoo mas. — Esta mañana despidieron a Berenice Holland. Esa mujer tenía ya cinco años en la constructora. 

Sarah casi se desmaya al escucharlo. 

Berenice tenía dos nietos recién nacidos, 

Lola, su hija, había quedado en coma luego del parto. 

¿Quién pudo haber sido capaz de despedir a una mujer en tales condiciones personales? 

Steven Lucas. 

Solo una persona despiadada y sin alma podia hacer una cosa así. 

Y definitivamente era alguien que ella no deseaba que fuese su sucesor. 

¡Jamas! 

Ella no iba a permitirlo. 

Le iba a decir sus verdades a ese hombre y hablaría con Piettro para que supiera, para que comprendiera que aquello era una muy mala decisión. 

—Te lo juro que me va a escuchar. 

—Sarah...espera...

—No. — se bloqueó. Dejó de escuchar a su asistente. No podía seguir permitiéndole a aquel hombre más atropello. 

Él no podia llegar a su pueblo como un extraño e intentar adueñarse de todo y todos, 

Primero su puesto, luego Mark, después el incidente de esta manana, ¿y ahora esto? 

No. La maleza se cortaba de raíz. 

Así no podía resurgir otra vez. 

Ella llegó hasta la puerta de Piettro y sin tocar la abrió sin más. 

Encontró a Piettro con la mano cubriendo su rostro y a Steven sentado frente a su escritorio ligeramente inclinado hacía adelante. 

—¿Que demonios...? — Gruñó al verla aparecer en tales modos. —¿No te enseñaron a tocar la puerta? 

—Ni me hables.

—¿ A ti no te enseñaron a ser más agradecida por las mananas? — le respondió él en cambio girándose casi por completo hacia ella. 

—Vete al...

—¡Sarah! — Exclamó Piettro una vez que vio por donde iban dirigidas sus palabras. — ¿Qué te sucede hoy? 

—Si te refieres al incidente de esta manana, permiteme decirte que me encuentro bien. — rezongo. — no era necesaria la ayuda de este hombre. Estoy bien y solo fue un mareo. 

—¿Este hombre? — preguntó el aludido. 

—No estoy hablandote. — le dijo ella con tono de soberbia pura. — Piettro,  ¿puedes decirme que demonios esta pasando? Taty acaba de decirme sobre Berenice....

—No tengo que seguir en esta...— comenzó Steven a decir pero Sarah le interrumpió. 

—Es cierto. No tienes que seguir en la oficina. — le dijo ella. — esta es una conversación  de adultos. De personas que si hayan firmado el contrato y tengan el más mínimo nivel de remordimiento antes de despedir a alguien. 

Él tuvo el descaro de elevar una de sus perfectas y tupidas cejas y sonreir. 

—Sarah...Linda... siéntate porfavor. — le pidió Prietto pero ella no lo hizo. 

Ella se cruzó de brazos. 

—No hasta que estemos a solas. —dijo sin quitarle los ojos de encima a Steven.

Por algún motivo ese hombre no le gustaba. 

No lo hacía. 

Al menos no a toda ella. 

Una parte de ella, la insuficientemente fuerte,la tonta, la delicada, esa minima parte de Sarah deseaba probar los labios de Steven. 

Ese pensamiento fue tan sorpresivo que sus ojos se fueron de inmediato a sus labios y este siguió el mismo movimiento y sonrió como un león que habia descubierto una nueva presa. 

— Cariño, las hormonas son las que te están haciendo hablar de...



#2607 en Novela romántica
#853 en Chick lit

En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.