Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capítulo 17

CAPÍTULO 17

 

—No se me acerque mucho. —le ordena ella incomoda por completo. — no crea que porque usted me ayudó ahora puede aprovecharse de mí. —objeta.

— ¿Siempre es tan agresiva con las personas? — le preguntó el y sonrío mientras daba un paso más hacia ella. — Le recomiendo que se relaje un poco…Sarah.

Sara se encontraba completamente petrificada mientras el hombre se acercaba.

Jamás en su vida se había sentido tan impotente y a traer a la vez por la misma persona.

La sola pronunciación de su nombre de la boca de ese hombre, le hizo estremecer.

Comenzaba entender porque su secretaria había estado tan insistente diciéndole que no había nada que hacer.

El hombre tenía un poder de convencimiento sin siquiera proponérselo, sin siquiera hablarles para obligar  a los demás a no dar su opinión

Ella podría hacerlo, ella podría decirle lo que pensaba ella, podría  mandarlo al carajo.

Sin embargo todo se quedaba en pudiera ser.

Todo se quedaba en algo que no iba a pasar en lo absoluto

Y maldición Claro que le molestaba le ardía entre las extraña el quedarse allí congelada y no poder coordinar un solo pensamiento coherente.

El mirar aquel hombre que según su currículo estaba aún es empeñar su función hígado a imponerse a la empresa. 

Sí por allí debían de irse sus pensamientos por la rabia que le provocaba el hecho de El haber llegado a destruir la vida de varias personas.

—¿Quién te crees que eres para llegar al pueblo y de inmediato comenzar a desvincular a personas que han dado todo y se han dado por entero para esta constructora? —le dijo mientras daba un paso hacia atrás y mantenía un poco más despacio personal libre. — ¿No tienes corazón, Steven? ¿Quién le hizo tanto daño como para importarle una mierda los demás?

—No sé de lo que estás hablando. — hijo el entrando las manos en sus bolsillos de los pantalones y haciendo un gesto de indiferencia con los hombros. —Lo que sea qué crees que sabes que aseguro que no lo sabes

—Rayos. —Ella sonrío sin ganas. — Sé que eres un arrogante, prepotente, pero jamás te vi como un mentiroso. — ella se cruzó de brazos sobre el pecho y elevo la mirada hacia él.

Odiaba tener que levantar el rostro para poder verle a los ojos.

—¿Es enserio? — Inquirió él. — lo de la desvinculación de esa señora madre de esos niños no tiene absolutamente nada que ver conmigo.

—Pues qué coincidencia que sepas de inmediato de a quién me refiero y aún más el día en que te integras al equipo.

—A veces hay personas que están sencillamente en el lugar correcto y otras que lamentablemente llegan al momento equivocado en el lugar equivocado.

—Vaya, todo un poeta nos salió el hombre. — ella volvió a sonreírle sin ganas. — admítelo de una buena vez. —le ordeno. — Dime quien eres y que diablos pretendes en mi constructora.

—No tengo porque responder a ….

—No es una jodida pregunta.

—¿Siempre eres así de salvaje e intensa? — el dio un paso más y ella se quedó casi pegada a la silla, y su trasero chocho con el borde de esta indicándole que ya no había más espacio a donde correr de él.

La insinuación estaba hecha.

Obviamente no hablaba de lo laboral.

Se estaba yendo por otro lado y ella al darse cuenta se sonrojó.

—¿Qué buscas aquí?

—Tu puesto. — dijo claramente sin mostrar ni pizca de arrepentimiento.

—¿Cómo conoces a Mark? — la pregunta al parecer había estado esperando durante demasiado tiempo porque nada más pensarla esta salió de inmediato de su boca y no le dio tiempo a sus neuronas a analizar.

—Si quieres saber cómo sigue después del accidente de anoche, tomate un café conmigo esta mañana y te daré cada detalle. — él subió una de sus manos y con lentitud retiro el flequillo de su frente. —Así estas mejor. Se te ven esos ojos tan grandes y azules que tienes.

Sin respirar.

Sin parpadear.

Sin mover ni un solo musculo.

Así se quedó ella mientras el bajaba su mano y le miraba tan intensamente.

Sus ojos bajaron otra vez a los labios de Steven y el de inmediato se percató del movimiento de su mirada.

—Completamente inapropiado, Srta. Wright.

—Me alegro que… —Piettro abrió la puerta y se quedó mirando la escena congelado.

Sarah se alejó todo lo que pudo del hombre y salió de la oficina sin decir nada más.

Camino como si el mismo diablo la estuviese persiguiendo.

Se fue a su oficina y aunque su asistente le fue detrás para averiguar más información y esparcirla, ella no le respondió a ninguna de sus preguntas ridículas e invasivas.

Sarah necesitaba irse de aquel lugar.

Necesitaba escapar de ese hombre.

De lo que él le hacía sentir,

Eso no era normal.

Como su corazón se aceleró al sentir el ligero toque de sus dedos en la frente. Fue tan suave y simple que casi se pensó haberlo imaginado.

Pero ella estaba segura que no lo hizo.

—Sara, ¿A dónde vas?

—Saldré. Toma nota y guárdame los mensajes. Vuelvo más tarde.. —le ordenó a su asistente.

—Pero… ¿Qué pasó con ese hombre? ¿Qué dijo Piettro? — ella pregunto sin respirar. —¿Me van a tirar patitas a la calle? ¿Cuál es el próximo en irse?  ¡Sarah! ¡no me dejes así!

—Haz tu trabajo y deja de ser tan cotila.

Su asistente soltó  un grito ahogado y ella no le importo. Era la verdad. Estaba siendo honesta. Esa mujer debía dejar de pensar en la vida de los demás y comenzar a vivir la suya propia.

Sarah salió del edificio de la constructora y se dirigió al parqueo. Abrió la puerta de su coche y se sentó allí durante largo rato.

Su teléfono móvil comenzó a sonar y ella supuso que sería Tuty nuevamente. Ella dejó que la llamada se callera. No iba a atenderle. Ella solo llamaba para recriminarla por haberse marchado sin decirle antes que había pasado en la oficina de Piettro.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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