CAPITULO 22
— ¿Qué le dijiste? — dijo el hombre al verlo regresar a la oficina.
— ¿Qué le dije de qué a quién?
—Sabes muy bien a lo que me refiero. No es necesario hacerse el tonto conmigo.
El hombre le miró con cara de pocos amigos.
Sarah acaba de irse de la oficina completamente, molesta al máximo, el que había intentado simplemente ayudarla, consolarla, pero más que nada acercarse un poco más quizás para conocerla.
¿Conocerle?
¡Solo para sacar ventaja!
Lo cierto es que se estaba mintiendo, él lo sabía, se mentía asimismo para no pensar en que en verdad se había preocupado por ella al verla en ese estado.
— ¿Que estaba pasando en la oficina cuando llegué? ¿Qué fue lo que interrumpí? — preguntó el hombre observándole con cara de pocos amigos, el ceño fruncido y los labios vueltos una línea fina. — Ella no tiene idea de que usted está comprando la compañía, ella no sabe quién es usted..
—Y prefiero que las cosas se sigan manteniendo de esta misma manera.
—No entiendo porque su tío...— comenzó a decir Pietro pero Steven le interrumpió con voz profunda.
—Cuida muy bien lo que va a decir después de esa frase.
Al hombre se le fue el color del rostro y se pasó la mano por la cabeza después se sentó detrás del escritorio.
Después de largo segundos el hombre subió la mirada otra vez hacia Steven.
—No entiendo porque si usted está comprando mi compañía, no líquida a todos los empleados de una vez. Esto de ir liquidando uno por uno lo único que hace es volver el ambiente laboral Pesado.
—Lo que menos me importa es el ambiente laboral de la compañía, si tengo que traer a todo el personal de Tennessee, así lo haré.
Y era cierto a él no le dolían esas personas una vez y había dolido alguien esa persona lo único que había hecho era traicionarlo.
Gracias a Melanie, él se había vuelto el hombre que era.
Gracias a que sus padres lo regalaron cuando apenas era un niño, él se había convertido en una persona fría.
Por eso más que nada estaba sorprendido por cómo se sentía cuando tenía a Sarah cerca.
—Usted no tiene idea del daño que le está ocasionando a esas personas. Ellos son...
—Son sus empleados — le dijo él interrumpiéndole. — no son nada más que eso. En el instante en que usted empieza a desarrollar lazos sentimentales con sus empleados estos dejan de hacer su trabajo.
—¿Cómo puede vivir así? — inquirió l hombre levantándose de la silla detrás del escritorio, cerrando la laptop y cruzándose de brazos. — a su tío le comprendo, es un ex veterano de guerra, ha visto y ha pasado por demasiado, pero usted es tan joven, tiene tanto por delante y lo único que quiere es dejar desamparadas a decenas de familia tan solo porque tiene un capricho. Tan solo porque tiene el dinero para hacerlo.
Steven sonrió.
—¿Usted cree que esto es un capricho, Pietro? —le cuestionó acercándose a él. — esto es una inversión para mí, nada más. Mi tío me ha dado la oportunidad de tener esto y no voy a desaprovecharla ni mucho menos a destruir la confianza que él me tiene.
— ¿A qué costo, Steven?
—Creo que ese no es su problema, como tampoco es su problema lo que sucedió entre esa mujer y yo.
—Esa mujer como usted le llama...— Pietro dio un paso hacia atrás, se alejó de él y se dirigió al mini bar donde se sirvió un trago un de whisky y se lo dio de un solo sorbo. —... Así como usted dice, esa mujer ha sido nuestra mejor encargada y por muchos años ha estado conmigo en mis peores momentos, así que le aconsejo....
—No sé cómo usted llegó a pensar que necesito sus consejos. — Steven le interrumpió se acercó al minibar y también se sirvió una copa de un coñac que descubrió allí — recuerde que usted ya cedió sus derechos, usted ya vendió la compañía. Que sus empleados no lo sepan no tiene que ver conmigo, así que mientras más pronto usted me ayude a evaluar el desempeño de todos, más rápido será el destino de los empleados de la constructora.
Al hombre le cambió el rostro, Steven estaba seguro de que Pietro jamás hubiese imaginado qué el sobrino de Trent Williams iba a ser así de despiadado.
—En verdad usted no le molesta dejar a decenas de familias a la intemperie?
—No es mi problema si las personas no hacen su trabajo bien, usted ha sido el principal responsable de que estos se quedan sin empleo.
El hombre volvió a quedarse en silencio, se sirvió otro trago de whisky y se lo bebió de otro sorbo, esta vez un poco más largo. Como si quisiera que el líquido le quemara las cuerdas vocales.
El hombre llevaba traje y corbata, a una camisa blanca, el traje hecho a medida, sin embargo, aun así se veía decaído, sus ojeras estaban allí, se le veía lo cansado y lo agotado que estaba con el proceso de la venta de la constructora.
Sin embargo este ya no debía de ser su problema y no lo era, el único que no lo había aceptado era él.