CAPITULO 24
TONY SPELLING
Y ahí estaba el, consolándola.
Cuidándola.
Protegiéndola de todo lo malo.
Esperando internamente esperando por un milagro.
Esperando que su mejor amiga de todos los años finalmente se diese cuenta que estaban hechos el uno para el otro.
Su esposa se había dado cuenta y lo había abandonado, aunque tampoco iba a mentirse pensando que ella se había ido solamente porque se había dado cuenta de los sentimientos que él cargaba por su mejor amiga.
Ella se había ido porque así lo había querido, porque sentía que merecía más que quedarse en aquel pueblo pequeño.
Se había ido por la misma razón que la hermana de Sarah se había largado hace tantos años.
Ninguna de las dos los merecían a ninguno de ellos. .
Su esposa no merecía a ese niño que habían criado juntos por once años.
Batch en verdad no era su hijo biológico. Pero él lo amaba aún más que sí este lo hubiese sido.
Él amaba ese pequeño de 11 años con toda su alma y haría lo que fuera para que fuese feliz.
Así como estaba seguro que Sarah haría lo que fuese con tal de que su hermana menor estuviera bien
Sarah Wright se había encargado de darle todo lo bueno a su hermana menor, se había hecho cargo de esta por completo. Ella no merecía lo que les estaba sucediendo. Penélope se había largado con aquel vecino y las había dejado a ellas dos solas. Tanto él como los vecinos de a su alrededor se encargaron de que ambas chicas no pasarán necesidades no más de las que pasaría cualquier parte hermanas que se habían quedado huérfanas de repente.
Él tenía sus padres con vida. Los tenía y podía contar con ellos cada vez que los necesitara.
Aunque éstos en primera instancia no habían estado de acuerdo con él firmar los documentos de la adopción para Batch
Él sabía en su corazón que era lo correcto.
Chelsea llegó aquel pueblo con ese pequeño en brazos recién nacido. Él se enamoró de ella en el instante en que la vio, aunque apenas estaba en secundaria terminando los estudios. Nadie le creyó cuando dijo que se casaría con Chelsie. Sin embargo, una vez que Anthony Spelling tomaba una decisión nadie le hacía cambiar de parecer así de sencillo. Quizás por esa misma razón él no buscaba tanto a Sarah
Porque ambos de una manera extraña se parecían.
Y ahora estaba allí acariciándole el cabello con suavidad mirando esos profundos ojos azules llenos de lágrimas que miraban a los suyos de color avellana, esperando que le diera una respuesta, esperando que él dijera que podía protegerla igual como había estado haciendo a lo largo de los años.
Anthony se enamoró de Chelsie como premio de consolación. Sarah no sentía por él lo mismo que él sentía por ella. Justo cuando decidió que era el momento de expresarle sus sentimientos ella inició su relación con Mark Rewards.
Y allí todo se fue a la mierda.
— No te pongas a llorar ahora. — le ordenó. — has pasado por demasiadas cosas, pequeña. — le dijo sonriendo cariñosamente. — tu hermana no tiene idea de la mujer fuerte en la cual te has convertido ella sigue pensando que eres la niña débil que dejó hace 10 años.
— No puedo evitar pensar que ella es capaz de quitarme a Danny.
— Nadie va a quitártela.
El sonido de un vehículo al estacionarse les indicó a los 3 que la tan esperada Penélope ya estaba allí.
Sarah se levantó del sofá como un resorte y éste se hizo a un lado para que ella no tropezará con él.
Tony interpretó la mirada de ambas hermanas justo en el momento indicado
Estaban aterrorizadas.
Una por miedo a lo desconocido y la otra por temor a perderlo todo.
Los 3 estaban claros de la respuesta a esas preguntas.
Penélope no había ido a Crossville hacer las paces.
Penélope pudo haber estado durante más de una década fuera de El pueblo sin embargo algunas cosas no cambiaban y una de éstas era la voz seductora y cantarina que Penélope poseía y con la cual había logrado cautivar a más de medio equipo de fútbol del pueblo.
Las 3 hermanas eran completamente distintas, aunque Danny y Sarah se parecían porque vivían juntos porque se habían criado juntas habían aprendido a conocerse a amarse y a cuidarse entre ellas pues solo se tenían a ellas dos