CAPITULO 25
¿Qué rayos estaba haciendo allí?
¿Qué demonios buscaba en casa de esa mujer?
Steven Lucas sabía que no tenía por qué estar allí.
Los comentario que emitió la secretaria de Sarahh le hicieron despertar.
Una mujer más que le había visto la cara de idiota.
Al parecer no había tenido suficiente con Melanie, ahora se daba cuenta que cualquier mujer que llorara y dejara escapar un par de lágrimas, acusando a otra de robarle su marido, acusando a otra de haber intentado destruir su felicidad y atravesarse en su relación, él era capaz de creerle de forma ciega.
Había sido un tonto, había tratado mal a una mujer inocente.
Sarahh no se merecía la forma en la cual él se había comportado la noche anterior en el accidente de Mark.
Ella no merecía que él hubiese tomado la decisión de colocarla en la lista de indeseables para que ninguno de los médicos o enfermeras le ofrecieran información sobre el estado de Mark en cuidados intensivos.
Él le había creído a Beverly a ciegas.
Justo como lo había hecho con Melanie.
—Este no es buen momento. — Sarah intervino de inmediato y colocó una mano en el pecho de Steven y éste sintió el calor que está irradiaba.
—¿Estás bien? — tuvo èl que preguntar de inmediato pues vio en los ojos azules de Sarah que esta estaba ligeramente asustada.
—Sarah cariño nos vas a presentar a tu amigo? — él escuchó una voz dulce miró de inmediato hacia dónde se encontraba una mujer muy similar a Sarah quizás unos años mayor que ella por lo cual supuso que sería la hermana de esta. — creo que nuestros padres te enseñaron mejor que eso.
A Steven de inmediato le cayó mal la mujer.
Sarah le miró a él y este bien pudo ver cómo esta se encontraba: completamente incómoda con la situación.
Dentro de la casa, se encontraba la hermana menor de Sarah, la cual había ido a su casa a buscarla cuando Sarah aquella misma mañana se había desmayado.
Parecía que había pasado toda una vida desde aquel momento en que la llevó junto a su pecho y la acostó en su sofá.
Un par de horas habían sido más que suficientes para que esa mujer desestabilizar a todos los cimientos con los cuales él había llegado a aquel pueblo.
Cuando piso Crossville solo tenia en mente la constructora y sus padres.
Ahora se deba cuenta de que talvez había mas.
La misma sonrisa fingida que había utilizado una y mil veces. La misma que había convencido a cientos de mujeres de acostarse con él. La misma que había logrado cerrar negocios millonarios para su tío Trent Williams.
—Penélope Wright. — Dijo ella.
—Es un placer. — dijo el.
Aunque lo cierto es que lo más lejos que tenía era sentirse bien conociéndole. Esa mujer se le veía por encima de la ropa que era un problema andante, un problema con piernas.
Y la cara de Sarah y su hermana era más que suficiente para entender que allí no estaban a gusto recibiéndole.
—Él ya se iba. — él se quedó mirando a Sarah con cara de sorpresa por la intervención, ella colocó una mano en su pecho y lo empujó hacia afuera. — luego hablamos de lo que sea que necesites saber de la constructora.
Todos se dieron cuenta de la forma en cómo ellos dos intercambiaron la mirada.
—Sé tu nombre, pero no sé qué eres para mi hermana. — la mujer se acercó no iba a dejarlos solos no iba a dejar que él se fuera sin sacarle toda la información necesaria.
¿Cómo decirle que no había ido allí a hablar sobre la constructora?
—No hay nada que saber, no hay nada que preguntar — dijo Sarah y él se sintió ligeramente confundido y a la vez molesto
Sin embargo no tenía razón para aquella frase incomodarle.
Él lo sabía que no tenía por qué estar allí, sin embargo, su corazón le había hecho conducir después de haber escuchado a la asistente de Sarah explicarle cómo ese hombre le había sido infiel una y otra vez y todos en el pueblo lo sabían mientras hablaban de Sarah a sus espaldas. Hasta que un día ella fue a darle una sorpresa y lo encontró en una posición comprometedora con su asistente, Beverly.
Mark Rewards se había comprometido y roto su palabra.
Esa mujer, la misma que había dicho una sarta de mentiras y falacias en contra de Sarah, él estaba seguro de que ella era capaz de poner a todo el pueblo en contra de la pobre e indefensa Sarah.
Ahora, Steven, comprendía un poco más la actitud agresiva de Sarah para todos y con todos.
El hombre en el cual había creído durante tantos años, le había sido infiel con su asistente, le había traicionado su confianza y ahora ella sufría por los comentarios de los mismos vecinos de prácticamente todo el pueblo. El vecindario sabia todo y no escatimaba esfuerzo en comentar.
Él era un desgraciado que había asumido que ella era igual que Melanie sin darse cuenta que en verdad estaba creyéndole a la verdadera Melanie en efecto.
Al menos a una muy similar a ella: igual de mentirosa y maquiavélica.
Alejándole de sus hermanas.
—No puedo hablar ni contigo ni con nadie ahora mismo.
—¿Qué es lo que quieres tú aquí? — preguntó el mismo hombre que se había estado con Sarah la noche anterior del accidente de su mejor amigo.
El hombre tenía la espalda ancha, era bastante alto aunque no tanto como él, su cabello era de un color Rubio y estaba peinado de forma desorganizada, al igual que su ropa; una camisa holgada de cuadros y un pantalón que había visto mejores