CAPITULO 27
Al mal tiempo buena cara.
Al menos eso era lo que siempre solía escuchar cuando era niña a su madre.
Ella, de pequeña, solía pensar que nada malo podría sucederle ni a ella ni a su familia, que las cosas malas les sucedían a las malas. Sin embargo, con el pasar de los años se dio cuenta que en verdad las cosas malas les pasaban a las buenas personas aún más fácil que a las malas.
Al final del día, ¿Cómo saber quién es el malo y quién es el bueno?
Para muchos una persona que roba para comer, para alimentar a sus hijos es una mala persona y merece la cárcel quizás la pena de muerte porque le robó eso por lo que hay alguna persona luchó tanto y se sacrificó tanto
Sin embargo, para los niños que estaban en casa sin comer desde hace días pues sus papás estaban sin trabajo para esos pequeños que no sabían cómo controlar el dolor de la pancita, para esos indefensos angelitos su padre ese ladrón era el héroe más grande que podía existir en el planeta.
Todas las historias tenían doble cara. La vida de las personas
— Habla ya. ¿Qué es lo que tienes que decir? — dijo ella cerrando la puerta, encerrándose con todos dentro, lejos de los ojos curiosos. — Dímelo de una vez para que puedas irte.
— Sigue siendo igual que siempre. — murmuró ser su hermana mientras tomaba asiento en el sofá y cruzaba sus delicadas y bronceadas piernas
— No sé en qué planeta has estado viviendo hasta este momento pero muchas cosas han cambiado en este hogar.
— ¿Esa actitud agresiva es lo que le estás enseñando a Danny? — preguntó su hermana y todos quedaron en silencio, incluso Sarah pudo jurar que dejaron de respirar.
— No te metas en lo absoluto en lo que le he enseñado a Danny. —le dijo.
Su hermana hizo un gesto de desdén con la mano, ese mismo que había hecho anteriormente y Sarah sintió que los dedos de las manos se le engarrotaron.
Ya no sabía cuál de los dos tenía más deseos de darle una bofetada si ella o Tony.
— ¡Es increíble! — murmuró. — la casa no ha cambiado prácticamente nada.
El comentario fue hiriente.
¿Para qué demonios iba a cambiar el único recuerdo que tenía de sus padres?
Obviamente aparte de Danny y de ella misma.
Su hogar, la forma en la que estaban los muebles acomodados, la televisión de hace mas de dos décadas, todo formaba parte de su pasado, de esa vida que había tenido y que había sido tan feliz ,inmensamente feliz
¿Por qué alguien estaría interesado en arruinar la poca felicidad que le hacía desear tenerla en el presente?
¿Por qué destruir los recuerdos de una bonita vida?
¿Con que propósito?
— De yo haber estado aquí, al menos habría cambiado el color de las cortinas. — Penélope siguió con sus comentarios malintencionados, buscando encender la llama en Sarah.
— Dinos ya de una vez a qué viniste — esta vez fue Danny la que habló. — ¿no te das cuenta cuando alguien no te quiere en su casa? — le preguntó colocándose justo al lado de Sarah. — hace tiempo que hicimos nuestra vida sin ti, no nos interesa que tengas que decirnos. Te aseguro que no eres bienvenida en esta casa.
— Oh querida mía, mi hermana en verdad te ha hecho pensar que la vida es así de Rosa. No tengo que ser bien recibida, es mi casa, no me importa en lo absoluto como ustedes se sientan.
— Eres tan odiosa.
— Y tu una niña ilusa que cree que todo es perfecto. — ella hizo el comentario mirando a Sarah directo a los ojos.
No era una pregunta. Ella estaba asegurando que Sarah se había encargado de crear una mentira alrededor de Danny.
— Mi hermana, así como tú le llamas, ha sido mi madre, tú te fuiste nos dejaste a las dos, así que no te atrevas a criticar la forma en la que ella me educó.
Sara quiso llorar, sintió que el pecho se le abría en dos y desangrándose murmuraba el nombre de su hermana menor, en cambio se dirigió hacia la cocina en silencio, comenzó a preparar un jarrón de te helado con la intención de llevarle a los demás y así tranquilizarse las manos, pues estaban temblando como nunca antes, el corazón le palpitaba de forma acelerada, la cabeza le pulsaba como un dolor incesante que le decía que la migraña estaba al borde.
Ella jamás quiso que la relación entre sus hermanas fuera de aquella forma, sin embargo, sabía que la mejor manera de que Danny creciera con el corazón puro era manteniéndola alejada de su Penelope.
Ella había hecho cosas de las cuales no estaba orgullosa.
Y tenía miedo de que todo aquello se destapara en un santiamén.
Si Danny se llegaba a enterar que ella…
No, no podía pensarlo, no iba a pensar en lo absoluto en aquello. Su hermana no iba a recordar lo que había pasado 10 años atrás ni tampoco iba a echarle en cara aquella carta.
Una que había escrito con el corazón roto y pura angustia guiando sus dedos. Se arrepintió en el mismo instante en que la envió. Sin embargo, ya era muy tarde.
Sarah hizo el té helado con sabor a limón sumamente rápido, lo sirvió en varios vasos con hielo y con una bandeja de metal que su madre había utilizado cuando estaba viva, una que amaba, pues su padre se la había regalado de aniversario de bodas cuando ella apenas tenía unos ocho años, pero que recordaba a la perfección la alegría de su madre al recibirla.
Se acercó a la sala y les repartió a todos, aunque su hermana Penélope dijo que no deseaba, ella lo colocó frente a la mesa del sofá para que tuviera acceso a él
Se quedó con la bandeja en la mano sosteniéndola en la parte baja de su estómago como si este fue fuese su escudo contra las palabras que pudieran salir de la boca de su hermana.
— ¿Cuándo pensabas decirme que estabas embarazada? — esa fue la pregunta con la cual Penélope sorprendió y rompió el silencio.