CAPITULO 29
Si. Defectivamente, debía reconocer que había cometido muchos errores en su vida. Uno de ellos, el principal, fue creer en Mark Rewards y en su falso amor por ella.
Sin embargo, para Sarah, todo aquel romance si fue real.
—Te odio, Penélope. En verdad lo hago. — Eso decía la carta que ella le había enviado a Penélope ese día.
El darse cuenta de que su amiga no iba a ayudarla, que no iba a prestarle dinero, que estaba a punto de perder la casa porque no tenia con que pagarla. No, en verdad, en aquel entonces, ella le odio, le aborreció.
¿Cómo era posible que una persona supiera que su hermana estaba en un aprieto y no tenderle la mano?
Aún sabiendo sobre su situación, le había dado la espalda, le había puesto contra las cuerdas sin miramientos.
Así que en cuanto tuvo la fortaleza suficiente, escribió una carta diciéndole que podía irse al mismo infierno y que no necesitaba su ayuda, que nunca más volviera a buscarlas ni a ella ni a Danny, que ninguna de las dos la necesitaban.
Sarah haría hasta lo imposible por criar a Danny sin que a esta le faltara absolutamente nada.
Y así lo hizo.
No necesitó de nadie
—¡Abre la puerta y dime de una vez de que habla!
No.
Ella era la responsable de que Penélope no volviera jamás a Crossville.
—Lo siento. — susurró.
Se metió a la ducha e intentó pensar. Aunque nada se le ocurrió mientras el agua bajó por su cuerpo desnudo.
Aunque sabía que no podía seguir retrasando lo inevitable, que las cosas iban a seguir así si ella no hacia algo para evitarlo, ni una sola idea se formuló en su cabeza y aquello le angustió aun más.
Así que después de relajarse con la ducha caliente se envolvió la toalla, dejó que su cabello oscuro cayera sobre su espalda y se miró frente al espejo; sus ojeras estaban cada día más pronunciadas, los pechos le dolían y el bajo vientre le daba pequeños y punzantes dolores.
Como si de repente su bebé intentara hacer más espacio dentro de su cuerpo.
Lo cual ella entendía que era algo normal
Pero ahora que estaba tan estresada con la situación de Penélope, con el regreso de su hermana mayor, no podía permitirse que nada le doliera. No podía ser débil, ahora menos que nunca.
Tenía cita pendiente con el doctor, una a la cual debía de asistir lo más pronto posible.
Ella sabía que se estaba descuidando de esa parte, sin embargo la llamada de su hermana avisando que llegaría al pueblo la desestabilizó por completo, sin contar con el accidente de Mark Rewards y el extraño que llegó a su vida de forma tan abrupta, que la juzgó sin pensar en que quizás ella no era a quien debía de odiar en aquel pueblo
Sarah tenía bastante para odiar a Mark. Sin embargo, aunque Tony le decía que lo hiciera, aunque su hermana menor se lo vivía repitiendo constantemente y aunque todos en el pueblo cuchicheaban a sus espaldas; ella por más que se decía a sí misma que lo odiaba, que no se iba a preocupar por él nunca más, la verdad es que si lo hacía.
¿Cómo borrar de su vida más de una década de relación?
¿Cómo obviar que había amado a ese hombre más que a nadie?
¿Cómo desligarse por completo de alguien con quien estaba dispuesta a casarse y amar para toda la vida?
Era cierto, Penélope tenía toda la razón para estar enojada con ella, a pesar de, ella también tenía sus razones para estarlo.
Penélope las había abandonado y ella le había dado lo poco que sus padres habían dejado como herencia.
En aquel momento sintió que era lo correcto, se dejó llevar por el instinto, tal vez por el amor, pero confió en el hombre equivocado y ahora su hermana menor estaba a punto de descubrir esta fatal realidad: el dinero jamás volvió a las manos de Sarah, ella nunca recuperó esos cien mil dólares que estaban en el Banco.
Los perdió todos y la fortuna de Mark era basada en una mentira, asi que tampoco pudo hacer nada mas que esperar un milagro. Uno que jamás llego.
Ciertamente él venía de una familia acaudalada pero Mark a temprana edad comenzó a consumir alcohol y también a jugar con sus amigos a las apuestas, hizo varios negocios por internet y perdió bastante. Asi que para que sus padres no se enteraran de lo que él había hecho, le pidió el dinero prestado a Sarah y ella, amándolo tanto como lo había hecho, se lo dio sin pensar en el futuro, en el suyo y de su hermanita.
A los pocos meses se dio cuenta que la hipoteca se estaba venciendo, que no tenía con qué pagarla, que no tenía ni un céntimo en la cuenta de banco.
Por más que la gente del pueblo quiso apoyarla, quiso ayudarle, por más que la esposa del director financiero del Banco municipal quiso intervenir para que ella no perdiera la casa, la verdad era que tres meses de pago pendiente de la hipoteca era bastante.
Era algo que sencillamente William Bennedit no podía disimular ante los dueños del Banco.
Sarah se colocó unos pantalones vaqueros y una blusa blanca un poco holgada, los pantalones los dejó con el botón desabrochado pues su abdomen estaba ligeramente inflamado o quizás sencillamente le estaba saliendo una pancita de embarazada. Ella se quedó mirando frente al espejo, acariciando su vientre con amor, las lágrimas bajar silenciosas por sus mejillas y ella se sintió terriblemente mal.
Quizás, de haberle dicho la verdad a su hermana menor las cosas no habrían estado sucediendo de esta forma.
A lo mejor si lo hubiese confesado esto a Tony hace años las cosas no habrían sido así y él no la hubiese mirado con los ojos cómo lo hizo: pura traición.
Se recogió el pelo con un gancho en lo alto de su cabeza y sin poner ni una pizca de maquillaje salió de la habitación, tomando su bolso al bajar los escalones, su hermana menor y Tony estaban ambos sentados en el sofá: Tony con uno de sus brazos alrededor de los hombros de Danny que al parecer seguía llorando.