Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capitulo 30

 

CAPITULO 30

STEVEN LUCAS

 

Él se regresó a la oficina, era lo único que podía hacer, aunque su cabeza estaba en aquella casa, en aquella familia que obviamente habían estado discutiendo, que no se sentían a gusto con la hermana de Sarah Wrigth

El hombre, ese que era el supuesto amigo de Sarah, le alteraba de una forma incompresible, el hecho de haberlo visto la noche anterior cuando Mark había tenido el accidente y después aquella misma mañana en casa de Sarah, le hacía pensar que él quería ser algo más que un amigo para ella.

Por alguna razón eso lo alteraba. Le molestaba. Le encabronaba.

Steven no quería reconocer que se estaba sintiendo muy atraído por Sarah Wright.

Pero si por un segundo, por una milésima de segundo, él se atrevía a pensar, a calcular, se daría cuenta que en verdad estaba sintiéndose muy atraído por aquella mujer, esa de cabello oscuro y ojos azules como el mar.

Mientras entraba a su oficina su celular sonó de inmediato y casi hizo que se le detuviera el corazón del susto.

Más vale que sea algo urgente— murmuró  mientras tomaba la llamada.

  • Hijo, soy yo. — le saludó su madre en el instante en que él le dio a responder.

La fachada que Trent Williams quería que el tuviera en Crosville, se estaba yendo al retrete. Hacerle creer a todos que su familia lo recibiría con bombos y platillos, que él estaría a gusto en aquella casa, que el dinero de su tío había dado para sus padres con la adopción cerrada; esa historia no era real, era como vivir en una jodida fantasía y él no estaba de acuerdo con eso.

Se daba cuenta que no estaba listo para perdonar a sus padres, para perdonar principalmente a su padre que fue el de la gran idea de venderlo.

¿Quién demonios vende a su hijo y no tiene remordimientos y no le da pesar el hecho de no poder recuperarlo?

—¿Qué es lo que quieres, mamá? — le preguntó sin saludarle. — creo que ya nos dijimos lo suficiente.

—Nunca será suficiente para recuperarte, Steven. Quiero hacer las paces contigo.

—No hay nada por lo cual hacer las paces, tú no tienes la culpa. — sin embargo, su madre pudo haber evitado que su padre lo vendiera por un par de dólares. — al menos no completamente. — completó.

—Dime qué hacer para que me perdones, te juro por Dios Santo que lo único que quiero es que volvamos a hacer una familia feliz,  las cosas no debieron de haberse dado de esta forma, tu regreso...

—Mi regreso será temporal, mamá. — la interrumpió. — no te creas que voy a pasar mucho tiempo aquí, no voy a estar mucho tiempo aquí

—Pero tu padre…

—Si mi padre está enfermo está muriendo, por mí puede morirse ahora mismo— y aunque las palabras sonaron aún más duras de las que se escuchaban en su cabeza, él las pronunció de igual forma.

Era la verdad, era como se sentía, era como se había sentido cuando fue aquella casa y su padre encontró la forma de justificarse, o al menos lo intentó. ¿Cómo demonios un padre podría justificar el hecho de haber vendido a su único hijo?

No, él no iba a odiar a su tío por haber realizado aquel proceso legal.

Allí sus padres eran únicos responsables de aquel odio completamente infundado.

Ellos desarrollaron esa tempestad y ahora se arrepentía al menos su madre lo hacía.

Se quitó la corbata, aflojándola un poco. Sentía que el cuello de la camisa le apretaba y desabrochó también el primer botón de esta que le ajustaba tanto la nuez de Adán que sentía que en cualquier momento dejaría de respirar

Tal vez morir no era tan malo, pensó.

—Hijo las cosas se dieron de una forma pero tú eres el que tiene la capacidad de seguir delante, de perdonar, de sanar, de darte cuenta que nosotros como padres lo único que queríamos era que tuvieses un mejor futuro y lo tuviste. ¡Mira el hombre en el que te has convertido!

Él no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar como su madre estaba tergiversando el sufrimiento que él había padecido a lo largo de su infancia y adolescencia  a raíz de su lejanía y separación.

Un niño de diez años que sus padres habían vendido por un techo y comida.

—Te aseguro que todo lo que soy no es gracias a ustedes dos, mamá.

—¿Y gracias a quién?  ¿vas a decir que gracias Trent  Williams por haberte adoptado? — inquirió su madre de forma sarcástica. — Te aseguro que él no merece ese afecto que le tienes, ¡él te compró! ¿cómo demonios somos nosotros tus padres los únicos malos en esta historia? ¿qué rayos fue lo que te metió este hombre en la cabeza para que nos odies tanto?

—No fue necesario que él me dijera nada, lo viví yo mismo, mamá. Yo estuve ahí todo este tiempo en el que ustedes no me llamaron, en el que no me procuraron, en el que no pensaron si yo vivía o moría, me vendieron a un completo extraño, mamá. — se formó un nudo en su garganta sin embargo él lo tragó con fuerza, necesitaba sacar todo eso de su corazón de una vez y por todas— vine aquí con intenciones de hacer las paces pero siento que no hay necesidad de hacerlo, ustedes no lo merecen.

Su madre se quedó en silencio y él pudo jurar que estaba sollozando, que quizás estaba cubriendo su boca con la mano como muchas veces él lo había visto que lo hacía mientras su padre llegaba borracho y le golpeaba

Su madre había pasado por demasiado y aún así ella seguía disculpándole.

Pidiendo perdón por un hombre que no estaba interesado en el perdón de nadie, ni tampoco buscaba el arrepentimiento, no le interesaba nada más que sus propios vicios.

—No tienes idea del infierno que viví sin ti.. — murmuró ella.

—Lo viviste porque quisiste, mamá. porque nunca fue tu intención alejarte de ese hombre.

—Este hombre es tu padre. — aseveró ella.

—El mismo hombre que te golpeaba cada vez que se emborrachaba sin importar si era de día o de noche. El mismo hombre que me hablaba como si yo fuese un perro que no merecía la más mínima muestra de afecto.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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