Él se quedó observando la situación sin saber cómo diablos reaccionar.
Ella estaba con los brazos cruzados sobre el pecho y miraba asustada al hombre que le había vendido la empresa a su tío.
—¿Qué demonios está sucediendo? ¿A qué viene tanto jaleo? — preguntó Steven .
—No tienes nada que hacer aquí, Steven. — le dijo el hombre. Sin embargo él,no se movió.
—¿Estás bien? — le preguntó él a Sarah.
—Ella está bien, así que lárgate ya. No te necesitamos. Nadie lo hace. — igual fue el hombre que respondió y esto pudo más con la paciencia de Steven.
Steven Escuchó como Sarah ahogó un grito de sorpresa al escuchar a su jefe hablar de esa forma, supuso que ella también se había dado cuenta de que el hombre estaba borracho en pleno mediodía.
Se acercó a ella después de cerrar la puerta con un click y el hombre levanta un brazo y le señaló.
—¡Tú no eres bienvenido a mi oficina! ¡Tú no eres bienvenido a ninguna parte de este empresa!
—Una pena que lo pienses así.— dijo el sin prestarle el más mínimo interés a su tono acerado.
— Viniste aquí a joderlo todo. Viniste a llevarte lo que es mío. Lo que me pertenece.
—Nadie te está obligando a nada, si eso es lo que quieres insinuar. Has tomado demasiado, Marcus Pietro. Te recomiendo que te tomes una botella de agua o un café negro, a ver si las neuronas te comienzan a funcionar otra vez.
El Hombre soltó un gruñido y Sarah habló:
—Steven es mejor que salgas, lo tengo todo controlado.— murmuró ella acercándose un paso hacia él. Esto fue más que suficiente para el respirar su aroma y también notar el miedo en sus ojos.
Se lamentó el hecho de no haberse dado cuenta antes de lo transparente que eran sus ojos azules y no simplemente por el color, más bien por lo fácil que era entenderle por lo fácil que era comprender lo que estaba pasando por su mente con solo darle una mirada a sus ojos.
—Ni de juego voy a dejarte aquí sola con él en la oficina ¿no ves que está borracho? —inquirió el mirando con despecho al hombre. —está borracho porque no sabe manejar sus emociones ni mucho menos controlar sus demonios internos.
—Estás colmando mi paciencia, Steven Lucas. —Dijo el hombre con tono amenazador y se acercó hacia el. — ¿qué te crees? ¿Que voy a hacerle daño a Sarah? inquirió dejando que el tono molesto se apoderara de su voz. —¡Yo jamás tocaría a Sarah ni con el pétalo de una rosa! ¡Esa niña es como mi hija!
—Entonces habla conmigo. — Le pidió ella — habla conmigo y dime cómo poder ayudarte. Me tienes preocupada, Marcus. Si no me dices qué pasa, no podré hacer nada para aliviar está pena que te embarga.
—Ya te lo he dicho, niña. No hay nada que puedas hacer. Ahora solamente debes cuidarte tú y a ese bebé que viene en camino.
Steven abrió los ojos de par en par y por primera vez sintió que no tenía control alguno sobre lo que pasaba a su alrededor y aquello le sobrepasó.
Se sintió molesto pues él siempre tenía todo controlado a su paso, odiaba las sorpresas, odiaba que las personas a su alrededor supieran cosas que él no y se daba cuenta que todos sabían que ella está embarazada menos él.
¿Sarah estaba embarazada de su mejor amigo?
Sarah estaba embarazada de su único amigo.
Él bajó la mirada hasta el vientre de ella y esta se sonrojó al entender que él tampoco sabía hasta ese momento que ella está embarazada.
Sin embargo, la expresión de su rostro cambió de inmediato él, no iba a demostrarle lo incómodo y más que nada indefenso que se había sentido al enterarse.
¿Por qué demonios ella no se lo había dicho?
Muy fácil, se dijo en silenció.
Porque pensaba que él quería hacerle daño, que él quería destrozar la constructora por la cual ella se había sacrificado bastante.
Porque él no le creyó ni ayudó la noche anterior con el accidente de Mark a que ella fuese a verlo.
A que ella se acercara a su amigo.
¿Ella aún guardaba algún sentimiento por Mark Rewards?
Demonios. Más inquietudes. Más dudas.
¿Cómo pudo haberse involucrado tanto emocionalmente con una mujer que nisiquiera conocía?
¿Cómo es que podía molestarle saber que en su vientre ella llevaba al hijo de su amigo?
Del patán e infiel de su amigo.
—Tengo que salir de aquí— murmuró Marcus Pietro y se encaminó hacia la puerta.
—No, no voy a dejarte manchar en ese estado. No estás en condiciones de conducir, Pietro.
Steven vio todo en cámara lenta. Vio como Sarah se acercó hacia el viejo decrépito para impedir que se fuera de la oficina así de borracho como estaba, vio como ella subió una mano hasta su hombro para que este la mirara, también vio el momento exacto en el que el hombre levantó una mano y la empujó.
Steven actuó rápido y fue a recibir el cuerpo de Sarah que se fue hacia un lado con el golpe que Marcos le propinó para alejarla de él.
—¡Demonios! — gritó enfurecido al notar que Sarah lo miró espantada. — ¿te encuentras bien?
Ella asintió con la cabeza y se enderezó, haciéndose un poco hacia delante para no estar tan junto a él, sin embargo, el calor que emanaba de su cuerpo le taladró la piel y Steven tuvo que controlar todo el instinto de supervivencia que tenía para no abrazarla fuerte.
Presentía que Sarah era la clase de persona que si él la abrazaba una vez, no querría dejarla marchar nunca.
—¿Ves lo que provocas, Marcus? No era necesario llegar a nada de esto. Dices que ella es como tu hija en cambio la lastimas.
—¡Me robaste mi empresa! — chilló él. — Me robaste lo único que he tenido toda mi vida, por lo cual me he sacrificado todos estos años y con tu maldito dinero viniste a quitármelo. ¡No te atrevas a juzgarme, Lucas!
Él se sorprendió que el hombre explotara de aquella forma dejando claro delante de Sarah que él era quién había comprado la constructora.
Para ella, al igual que para el resto de los empleados de la constructora él le da un empleado nuevo más.