CAPITULO 33
Sarah Wright
Las cosas pasaron demasiado deprisa como para ella poder pensarlo.
Estaba viviendo un sueño y de repente se daba cuenta de que era su realidad. De que en verdad le estaban sucediendo a ella estas cosas.
Ella había ido a la oficina de Marcus con la intención de conseguir el dinero suficiente para callarle la boca a su hermana y así evitar que su pobre e indefensa hermana menor tuviera que pasar por otra situación desagradable como lo que era mudarse.
Más aún si era con alguien que no la quería realmente.
Penélope no la quería.
Penélope no quería a nadie.
Eso todo el mundo lo sabía y si un juez en Crosville evaluaba el caso la custodia estaba segura que se la iban a otorgar a Sarah, sin embargo, ella no podía arriesgarse a involucrar a los abogados porque al final del día ella había gastado la fortuna de la familia.
Quizás no la fortuna, tan solo lo poco que tenían, los pocos miles de dólares que sus padres tenían ahorrados para su universidad y arreglos de la casa, y ella había sido tan boba de dárselo a un novio que no resultó ser más que un patán.
Así que definitivamente ella prefería no arriesgarse
No podía darse el lujo de perder a su hermana
—Esto no puede estar pasando. — farfulló mientras pasaba la mano por su cabeza su pelo se desarreglaba un poco, pero ni siquiera se percató.
Su única oportunidad para hacer desaparecer a Penelope, acababa de irse sin ella ver por donde. Ni hacia donde.
—Deja que se vaya, no es tu culpa. — murmuró él intentando consolarla y ella se sacudió de inmediato
No quería tenerle cerca, él representaba una debilidad.
La única debilidad que podía tener era su hermana menor.
Nadie más podía ocupar ese espacio en su corazón y en su cerebro.
Centrase. Eso era todo lo que necesitaba.
Por no estarlo precisamente era que Marcus se había largado.
Ella era demasiado funcional, cuadrada, pragmática; siempre había sido así y no pensaba cambair ahora: la Sarah pensante, calculadora pero nunca vengativa, no podía dejarla perder.
Quizás de haber tenido el corazón un poco más negro, más turbio, a lo mejor se hubiese vengado de su hermana muchos años atrás, le hubiese puesto un stop, le hubiese hecho que firmara los papeles cediéndole a ella la custodia completa de Danny
Sin embargo, lo que menos se imaginó era que Penélope regresaría a su vida - a la vida de ambas- tan solo para molestarlas.
— Procura no tocarme otra vez. — le dijo ella mirándole a los ojos. — No necesito esto.
El frunció el ceño sin comprender su actitud agria tan de repente.
Lo duro es que ni ella misma lo hacía
— ¿Pero qué diablos te pasa? — le preguntó él sin hacerle caso colocando una mano en su mejilla.— hasta hace menos de 5 minutos tú estabas dispuesta a besarme. — le dijo él completamente seguro.
Y por supuesto que así había sido, ella había estado a punto de sucumbir ante la tentación pero había sacado fuerzas de donde no sabía que tenía y había evitado una catástrofe.
No podía involucrarse con este hombre, ese que aparentemente era el mejor amigo de la infancia de su ex; del mismo hombre que le había sido infiel.
Este hombre que ella tenía enfrente, había sido capaz de juzgarla a la primera sin darle la oportunidad siquiera de conocerla; en menos de 5 minutos le había tenido en su contra.
Una persona así de manipulable era un problema, y de esos ella ya tenía suficientes. Sarah no podía dejarse llevar por las hormonas, por la tentación, por la soledad y sencillamente involucrarse con Steven tan solo porque se sentía sola o porque encontraba en él más mínimo consuelo.
— Eso fue hace 5 minutos. — le dijo ella sin mirarlo. — no te imaginas lo fácil que cambiamos las mujeres de pensar. — dijo ella hice en camino directo hacia la puerta y salió justo por donde Marcus había escapado minutos antes
— ¿En serio te estás yendo? — escuchó que él le preguntó sin embargo no se devolvió, sacudió la cabeza alejando todo mal pensamiento de tentación.
No iba a regresar.
No podía regresar
Necesitaba encontrar a Marcos para que éste le prestara una buena cantidad de dinero para así alejar a Penélope de su vida de una vez y por todas .
Mientras caminaba de prisa paso frente a su oficina y supo que había sido un error en el instante en que un par de ojos se clavaron en ella.
Su secretaria está se levantó detrás del escritorio mirándola con cara de enojada
— ¿Qué está pasando contigo? Te vas esta mañana sin decirle a nadie y ahora regresas como un torbellino — comenzó a discutir ella de inmediato — ¡Dime de una buena vez que sucede! ¿Esta bien el bebe?