Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capítulo 34

CAPITULO 34

Steven Lucas

 

¿Odiaba los maltratos?

Por supuesto que sí. Se había criado en una familia disfuncional, donde su padre era un alcohólico empedernido que gastaba todo el dinero en juegos y bebidas, que llegaba a casa buscando problemas donde no había y que lo único que quería era maltratar a su madre y hacerla llorar, hacerse sentir que él era el más importante, que él era el verdadero hombre de la casa. Aunque nadie había intentado en ningún momento quitarle esa posición.

Entonces, ¿por qué diablos las personas debían de buscar la forma de hacer sentir a los demás inferiores, cuando en verdad ningún otro lo estaba atacando?

— Todo está bien, estoy bien, no te preocupes. — le dijo a ella una vez que él se acercó, sintió la presencia del asistente de Sarah detrás de él. Sin embargo, le importó un comino que está observara la situación, que esta supiera la clase de jefe que tenía.

— ¿Vas a decirme en serio que estás bien cuando hasta ese un momento este hombre casi te pega si yo no hubiese entrado a la oficina? — le preguntó acercándose a ella. — Este caballero tiene un problema y tú no eres quién para cuidar ni curarlo.

— No tienes idea de la situación por la cual está pasando.

El hombre en cuestión soltó una carcajada desprovista de emoción.

— ¿En serio eres tan ingenua, Sarah? — Le preguntó Marcus mirando a la pobre mujer que no entendía ni pizca de lo que estaba sucediendo.

Pero el si. Él lo entendió de inmediato.

Miró a Marcus con cara de perro a punto de saltarle al cuello, para darle un pequeño recordatorio de su pacto.

Su tío se enojaría bastante si la  careta de un simple empleado se caía antes del mes.

Era solo eso. Un mes.

No necesitaba nada más para darse cuenta si la empresa podía o no funcionar con los empleados que tenía.

No iba a defraudar a Trent Williams.

— No entiendo de qué estás hablando. — dijo ella, se pasó la mano por la frente y Steven supo en el momento exacto en que ella estaba a punto de desmayarse.

 

Era demasiado para su estado, así que sin preguntarle, la levantó en brazos y aunque esta se quedó y gritó por la sorpresa y por haber invadido su espacio, dejó que le sacara del cuarto de baño y dejando a dos personas este faltas a su paso.

Jamás en su vida se había comportado de aquella forma, le sorprendía inclusive a él mismo, en la manera en la cual estaba tomando la situación en sus manos.

Podían achacarle aquella reacción a que se sentía con un remordimiento muy grande en su conciencia. El hecho de haber juzgado a Sara a la primera el día en que Mark había tenido su accidente.

A ese también le tenía las suyas guardadas y una vez que él saliera de la clínica le iba a cantar sus cuatro verdades y terminaría definitivamente la relación de amistad por Sarah, èl era capaz…

— ¿Puedes bajarme ya? — Preguntó ella levantando la mirada hacia él y por unos escasos segundos Steven volvió a pensar en besarla.

— Desde que lleguemos a un lugar donde te puedas sentar, tomarte un café y tal vez comerte un croissant.

—¿Te estás volviendo loco?  Debo de volver con él. No puedo dejarlo solo. ¿Es que acaso no viste en el Estado en el que se encuentra?

— Tú no tienes que estar con él. La condición en la cual él se encuentra ahora mismo ha sido el resultado de muchas malas decisiones y no puedes cargarte con ellos.

— Bájame, por favor. — dijo ella. Esta vez sí, algo en su tono le dio a entender a él que en verdad ella estaba deseando alejarse de él, así que él no iba a ser quién la ofendiera, aún más de lo que ya había hecho.

— Te bajaré, pero solamente si me acompañas a la cafetería más cercana te tomas un café, te comes algo, no me importa lo que quieras, un bollo de canela, un croissant, si quieres pasta o si estás antojada de lasaña o no lo sé, lo que sea que quieras, pero tienes que comer.

— Steven…—  comenzó ella a decir pero el hizo caso omiso,

— Esas sudando frío.  Se te fue el color  del cuerpo, Sarah. Y en cualquier momento presiento que vas a desmayarte.

Ella pareció pensarlo mejor, miró hacia su vientre y casi Steven pudo jurar que estaba manteniendo una conversación interna con su hijo.

 

— Solo un café.

— Solo un café. — repitió él, y no pudo evitar sonreír a medias, pues al menos había conseguido parte de su cometido.

Caminaron en silencio uno al lado del otro. Sarah estaba más callada de lo común. Por lo regular Steven en esos 3 días que tenía conociéndola, se había dado cuenta que la mujer era explosiva, que hablaba hasta por los poros, que se quejaba, que lo juzgaba, que peleaba, que discutía con él. Parecía ser su entretenimiento nuevo. Sin embargo, le preocupaba el sobremanera el verla así. Entumecida mentalmente.

Él nunca le había dado cabida a los pensamientos sobre cómo lo veían los demás, sin embargo, con Sarah se había dado cuenta que realmente le importaba lo que ella opinará sobre él, lo que ella creyera de él y por eso es que le preocupaba tanto que ella se llegara a enterar que él era quien había comprado la constructora que probablemente el colapso. Emocional, mental y físico de su jefe, de su mentor era en parte su culpa.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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