Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

CAPITULO 35

CAPITULO 35

 

Le pidieron a la camarera y luego se mantuvieron en silencio, aunque esta no le quitaba los ojos de encima, bastante curiosa.

 Eso fue lo único que Steven pudo pensar, mientras ordenaba dos croissants rellenos de queso crema y una combinación de mermeladas que él no le prestó atención.

Su única preocupación era para Sarah, está que lo miraba con cara de pocos amigos, estaba ahí de forma obligada, que, en verdad no deseaba su compañía. Sin embargo, por alguna razón, alguna estúpida razón, una sin lógica, hacía que él quisiese estar cada segundo más cerca de ella, que quisiera conocerla, que quisiera saber qué se escondía detrás de sus grandes ojos azules, tupidos con unas largas pestañas.

— ¿Por qué todos aquí se queda mirándote?

— No está mirándome solamente. Están pensando qué demonios hago con el extranjero.

— ¿Así de retrógrada sigue siendo este pueblo?

Ella se quedó en silencio y tan solo le miró, aceptó el Croissant y el café descafeinado que él había ordenado para ella. Le dio un sorbo a su bebida y cerró los ojos, dejó que el líquido bajará por su garganta y Steven casi puso a escuchar la ronronear como una gatita que finalmente estaba comiendo después de días de hambruna pura.

— ¿Hace cuánto tiempo te fuiste de aquí? — Pero la primera pregunta personal que ella le hacía, así que, en vez de verlo como un insulto, en vez de verlo como que era una cotilla más del pueblo, se sintió feliz de que por fin ella quisiera saber algo más de él. Aun así, esa felicidad la guardó dentro de una caja, en lo más profundo de su pecho y se dedicó a darle la misma respuesta que le daba a todo aquel que le había hecho esa pregunta en aquellos días que tenía en el pueblo.

— Me fui cuando apenas era un niño pequeño, así que recuerdo muy poco de aquí.

— ¿Y por qué regresaste?

— Creo que esa no es una respuesta que quiera saberla.

— Se te estoy haciendo la pregunta, te aseguro, es porque quiero una respuesta.

— Sospecho que no, sospecho que solo quieres distraerte para tomarte el café sin que te caiga mal en el estómago.

— Buena forma de evadir el tema personal, Steven Lucas. — dijo, ella y sonrió levemente. Después ocultó el gesto detrás de la taza.

— Supongo que Mark no se equivocaba cuando me dijo que la persona a la cual iba a sustituir era bastante perspicaz.

— Ya no sé si vas a sustituirme o si quieres, si voy a seguir teniendo empleo en la constructora. — Dijo ella lamentándose, con tono triste. Ella la estaba seguro que estaba pensando en la conversación que había sostenido con el decrépito de Marcus.

— lo que sea que sea hombre, te dijo.. — comenzó él a decirle. Sin embargo, ella le interrumpió.

— ¿Sabes, Steven? Creo que eres la peor piedra que me he encontrado en el camino.

Las palabras le calaron hondo.

¿Era un cumplido o una ofensa?

Prefirió ser positivo y pensar que era un cumplido.

— Puedo decir lo mismo. — respondió intentando que su tono de voz no lo traicionara.

Para nada similar a Melanie.

Eran definitivamente como la luna y el sol, las dos personas más dispares que él jamás pudo haber conocido. No sabía cómo por unos momentos había sido tan estúpido de pensar que las intenciones de Sarah para con él, para las personas a su alrededor, para su amigo de la infancia; habían sido dañina. Malévolas, maquiavélicas y llenas de mala vibra.

Había estado durante meses tan cegado pensando que todas las mujeres eran igual que Melanie que cuando encontró a una que era tan solo una flor en medio del bosque sola, a punto de ser pisada por algún cazador, devorada por un animal salvaje; cuando finalmente había encontrado a una mujer que si valía la pena que sin proponérselo era capaz de derribar las barreras que durante tanto tiempo se había construido alrededor de su corazón. Él había estado a punto de echarlo a perder tan solo por creer que todas eran igual que Melanie.

Ahora se daba cuenta de cuánto había metido la pata.

— ¿Estoy sorprendida, sabes? — dijo ella. Y él aterrizó nuevamente allí, en la cafetería frente a Sarah.

Sus pensamientos habían volado lejos justo en aquella noche que había intentado proponerle matrimonio a Melanie, y la había encontrado siendo la infiel.

— Marcus no es así. — le dijo. — la impresión que te estás llevando de él no es la correcta, no es la idónea.

— No tienes idea de lo que es idóneo o de lo que es correcto Sarah. — Murmuró él, en cambio dándole un último sorbo a su café, el cual ni siquiera se había percatado que había terminado de tomarse. — A veces estas personas se esconden más de lo que nos muestran.

— Ese es el punto con él. — ella dejó la taza sobre la mesa y se recostó sobre sus antebrazos para inclinarse más hacia Steven, lo cual destacó un poco más el comienzo de sus senos y él, aunque no quiso mirarla, sus ojos se fueron hacia allí directamente. Los cerró durante 3 segundos, el suficiente tiempo para estabilizarse nuevamente y no pensar en lo hermosa que era esa mujer y lo cerca que le tenía. — Sé que crees que le defiendo por defenderlo, sé que piensas que él es un abusivo….



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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