Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capitulo 36

Capítulo 36

 

 

Aunque sabía que Steven estaba siguiéndole, aunque sabía que él estaba cerca, procuro no hacer que él supiera que ella le prestaba atención.

 

Iba a mantener la calma, se montaría en su coche e iría hasta su casa. Intentaría tranquilizar a su hermana y verificar si aún su mejor amigo sería allí. Lo cual probablemente así fuera, pues Tony tenía la costumbre de siempre esperar a que ella regresara a casa antes de marcharse.

No sabía en qué embrollo se había metido, en qué momento su vida se había vuelto tan complicada. Sara se catalogaba por siempre, ser la pensante de la casa, la que más racionalizada las cosas de las tres hijas de aquel matrimonio.

¿En qué momento había empezado a complicarse tanto su vida?

Casi pudo escuchar la voz de su hermana Penélope, diciéndole que en el momento en que aceptó ser la novia de Marck.

Y la verdad es que, aunque intentaba ser positiva, aunque le decía a las personas que todo tenía una razón de ser y que ese hombre pertenecía a su pasado, a una bonita historia que habían compartido, aunque cada vez que intentaban los cotillas del pueblo hacerle cualquier comentario mal intencionado, ella siempre terminaba por decir las cosas. De Dios son a su forma y a su manera, de no podemos cuestionarlo. Si esto fue lo que él decidió darme así voy a quedarme.

Aunque en la soledad de su habitación se decía a sí misma que no podía haber dicho cosas más patética que aquella, haber pensado siquiera en esas palabras para consolarse a sí misma y consolar las chismosas personas que vivían a su alrededor.

Ahora se daba cuenta que había pasado demasiado tiempo intentando vivir para los demás, sino para ella misma, intentando complacer a otros desde que Penélope se marchó de aquella casa desde que empezó a salir con Mark y éste le pidió dinero para pagar sus deudas por malos negocios, por sus vicios, por sus juegos. Y sus apuestas.

Ella se había dado por entero, había intentado complacer a todos y ahora se daba cuenta que nadie la complacía a ella.

Excepto Steven, que había sabido en el momento exacto en el que ella había necesitado aquel café para no morir.

Ella se le había olvidado desayunar, ingerir cualquier tipo de proteína, jugo o inclusive agua. En el transcurso de la mañana, la situación con Penélope se había extremado, ella tenía intenciones de ir a la clínica en Tennessee para saber del Estado de Mark. Había pasado por su cabeza que el pensamiento intruso. Pero después, con las cosas que habían sucedido en el transcurso de la mañana, había olvidado por completo que su ex novio, ex prometido y el hombre que le había roto el corazón aún seguía en cuidados intensivos en una clínica alejada de ella.

Con Beverly como su acompañante.

Encendió el motor de su coche y, antes de poder cerrar la puerta, el sonido en el cristal hizo que ya se espantará.

—¿En verdad vas a irte así sin más? — era Steven el que le estaba hablando detrás del cristal. —

Abre la puerta y vamos a hablar. — ella bajó el cristal para responderle.

— No tengo absolutamente nada que hablar contigo.

— Hace un momento parecía todo lo contrario.

— Tengo que irme, tengo cosas que resolver y si sigo aquí, te aseguro que lo único que hago es perder el tiempo y perder la oportunidad de hacer feliz a mi hermana.

— Esa que vi esta mañana. — dijo él. En cambio, y ella asintió, no tenía caso seguir mintiendo. — está molestándote. ¿Qué es lo que quiere que hagas’ ¿Quiere que le prestes dinero? ‘Ella esta enferma?

—Haces muchas preguntas.

—Tu respondes muy pocas. Así que hago varias para ver si de diez, consigo al menos una respuesta valida.

—No es tu problema lo que suceda con mi hermana.

—Definitivamente ella está torturándote con algo y te sientes culpable. Por eso buscaste a Marcus Piettro.

Tampoco era una pregunta. Ese hombre parecía poder tener la Facultad de ver a través de ella. Descubrir lo que pasaba por su cabeza y corazón.

Y habiendo entendido eso, sintió que el miedo le atenazaba el pecho.

Nadie podía tener el poder suficiente para saber todo lo que pasaba por tu cabeza.

Nadie podía ser tan transparente para dejar que los demás pudieran ver a través de ellos.

—¿Fuiste buscando ayuda donde Piettro, no es así?

—¿sabes? ¿Cuándo una persona está completamente harta de otra?

—¿Voy a adivinar, tú estás harta de mí? — Preguntó él y sonrió. — ¿No será que te sientes un poco intimidada por mí, que quizás te sientes un poco atraída?

El sonrojo volvió a ocupar sus mejillas.

Por supuesto que ella estaba harta de él, así que subió al cristal, sin decirle ni una sola palabra y aceleró el coche, saliendo del parqueo de la oficina.

Esta vez sin tener intenciones de regresar, al menos no por aquel día, debían de ser ya a las 15:00 h de la tarde, tal vez las cuatro había perdido demasiado el tiempo y no tenía idea si Penélope había regresado a la casa a buscar a Danny.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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