Capítulo 37
—Es solo una invitación, no entiendo por qué te pones así. — le dijo su madre detrás de la línea. El que pensaba que no iba a volver a hablar con ella durante el tiempo que estuviese en el pueblo y quizás durante el resto de sus días, miró la invitación que había encontrado en la puerta de la casa que había alquilado.
—No entiendo por motivo a que estás haciendo una fiesta cuando sabes muy bien que he dejado clara mi posición con respecto a ustedes.
—Hazlo por mi hijo, no seas así. — fue la respuesta de su madre. — no sé durante cuánto tiempo más voy a estar en este mundo y quiero compartir lo más que pueda contigo. Nos han arrebatado demasiados años.
—Mamá, tus y papá se encargaron de arrebatarnos esos años a los 3, ustedes fueron los que me ofrecieron, fueron los que me vendieron, fueron los que me dejaron a la buena voluntad de un completo desconocido.
—Él te dio una vida decente, una, que nosotros no hubiésemos podido dar.
Por supuesto, esa era la mejor excusa, era la única excusa que tenían sus padres ahora que lo habían visto crecer y convertirse en un buen nombre en un hombre de negocios en un hombre pudiente. Esa era la excusa que ellos mismos se repetían una y otra vez y que ahora, después de tantos años más de 2 décadas, habían comenzado a interiorizar.
Después de 20 años, ellos habían comenzado a creerse esa mentira.
Estaba seguro que ella se confundía entre lo que había pasado en verdad y lo que su mente había creado para contrarrestar la tristeza de haber regalado a su único hijo.
—No voy a ir mamá.
—Es una pena, he invitado a esa chica con la cual estabas desayunando esta tarde. — dijo su madre, y él se quedó de una pieza al escuchar que ya sabía sobre Sara. — aunque bastante tarde para haber estado desayunando. Un par de croissants en la cafetería de Lucía.
—¿Cómo es que..?
—Eres mi hijo y todos lo saben.
—Tú te has encargado de decirlo ahora te sientes orgullosa de mí, pero antes no estabas dispuesta a sacrificarlo todo por mí.
—Ven a la fiesta solamente eso, te pido, he invitado a todo el pueblo, todos esperan verte allí, creo que es la oportunidad que necesitamos para tu reencontrarte con tu padre y conmigo.
—No tengo nada más que buscar en esa casa, mi padre ha dejado bastante claro que él jamás va a arrepentirse de haberme vendido.
—No dependimos, deja de decir esa barbaridad te dimos en adopción, hicimos lo que creímos, que era mejor para ti. — exclamó su madre y cerró la llamada.
Pero la primera vez que su madre, en todos esos años no había aguantado sus reproches.
Aquello le sorprendió, asustó y enervo en el mismo grado.
No pensaba ir a aquella fiesta, en verdad no iba a serlo, no conocía a nadie en el pueblo esta noche, cuando él había llegado después de haber organizado los documentos pendientes en la oficina, había llamado a la clínica en la cual se encontraba Mark para preguntar si este había presentado alguna mejoría.
El diagnóstico seguía siendo el mismo: muerte cerebral.
Quizás más que nada, por eso se mantuvo siempre cerca de Sarah. Quería estar ahí en el momento exacto en el que ella se enterara, que Mark no iba a despertar.
No sabía cómo demonios decírselo. No sabía cómo sacar el tema, como informarle que los médicos le habían dicho a él que las oportunidades de que Mark Rewards despertara eran escasas.
Había pagado bastante para que la información no se filtrara, para que nadie se enterara, tan solo los padres de Mark estaban conscientes de la situación en la cual se encontraba su hijo.
Salió a trotar en la calle y inconscientemente miró hacia la casa de Sara esperando encontrarla allí, sin embargo, las luces del pórtico estaban apagadas. Él se acercó hacia el jardín actuando por impulso y tocó la puerta después del tercer toque, se rindió. Ella no estaba allí.
—¿Qué diablos estás haciendo, Steven? — Se preguntó en voz alta, y dio media vuelta, siguió trotando aún más lejos de la casa de Sarah, como si esta representará el infierno y el estuviese intentando encontrar su salvación en el cielo.
Quizás era sencillamente el peso de conciencia. A lo mejor era el hecho de que él sabía que su ex novio no iba a volver.
Sí, definitivamente era eso, se dijo mientras aceleraba el ritmo.
Después de correr durante casi media hora, volvió a su casa, se dio una ducha fría y dejó que el agua alejar a los pensamientos de culpabilidad, pero ni siquiera está lo logró.
Se estaba alejando de lo que lo había traído al pueblo.
Su propósito se ocultaba cada segundo que pasaba.
Era como si la misión que su tío le había impuesto él la había ocultado en el instante en que colocó sus ojos en Sarah Wright.
Se colocó unos vaqueros de color azul oscuro y una camisa blanca, se colocó el cinturón del mismo color que los zapatos marrones y actuando por impulso tomó su cartera, llaves del coche y el celular y se dirigió a casa de sus padres.