Enamorado de la embarazada de Crossville - Libro (1) -

Capitulo 38

CAPITULO 38: NO LLORES, NO VALE LA PENA.

 

 

Nunca en su vida algo la había incomodado tanto como aquella situación que se estaba desarrollando frente a él.

—¿Qué es lo que pretendes, madre? — Le preguntó él, con tono salido de Casillas. — ¿A qué diablos estás jugando conmigo?

—No sé a qué te refieres, no estoy jugando absolutamente a nada.

Se defendió ella y se acercó a la nevera. Sacó de allí una botella de vino y le sirvió después de descorcharlo una Copa repleta casi al desparramarse.

Él la tomó y prácticamente se bebió todo de un sorbo. La mujer abrió los ojos de par en par y él enarcó una de sus cejas.

—¿Vas a criticarme ahora, por cómo me tomo el maldito vino.? — estaba molesto si él sería más tiempo allí en aquella casa terminaría cometiendo un asesinato, mataría a sus padres por ser tan desgraciados como para involucrarlo en una maldita fiesta sorpresa, algo que él no necesitaba, algo que no quería.

 

—¿Crees que haciendo estas cosas vas a mantenerme? — Le cuestionó el terminando de beberse el vino. Su garganta quemaba por el líquido de color uva bajando por su garganta. — Te lo he dicho una y 1000 veces madre ya es tarde para intentar volver a tener una buena relación.

—No se trata de tener una buena relación, te conozco, sé que todo esto es simplemente una fachada, sé que lo único que quieres es que no te hagan daño, pero te prometo mi hijo querido…

—¿qué vas a hacer? ¿Prometerme que vas a Cuidarme tal y como lo hiciste cuando me regalaste? ¿Vas a Prometerme que vas a estar ahí en todo momento, tal y como no estuviste cuando otra persona se encargó de mí? — él estaba enfurecido, sostuvo la Copa y la estrelló contra el suelo. Sin pensarlo, su mente estaba segada. Sus ojos lo veían todo de rojo. Su madre comenzó a desaparecer lentamente de su frente. — ¿crees que mi vida ha sido fácil? ¿Crees que no he tenido nada que sufrir, que no he llorado, que no he pensado una y otra vez, que mis padres jamás me quisieron y por eso me regalaron?

—Hijo, nosotros siempre te quisimos. — ella se acercó a él y colocó una mano en su brazo, pero él la sacudió y ella soltó un aullido de dolor. — tú no nos entiendes, no teníamos para darte ni de comer… estábamos pasando por un terrible momento, estábamos desconsolados, no sabíamos qué más hacer con un niño pequeño que no teníamos como mantener.

Por supuesto, él sonrió secamente. Y la única alternativa había sido regalarlo a un desconocido.

—¿Sabes que, mamá? Terminaremos siempre dándole vueltas al mismo círculo vicioso, esto es lo que se ha vuelto a nuestras vidas, y yo necesito salirme de él porque ya no soy aquel niño, ya no soy el adolescente que lloraba cada noche porque se sentía un paria en la sociedad, ya no soy el mismo niño que se sentía un indigente cuando todos los demás hablaban de los lugares a los cuales. Había quitado vacacionar, no soy ese niño que esperaba cada noche a que su madre y su padre fueron a buscarlo, aquella mansión que le resultaba inmensa para vivir él solo.

Él habló tan rápido, las palabras, aunque salieron claras y precisas, parecían un torbellino al desplegarse de sus labios, pero su madre había captado cada una de ellas lo había visto en sus ojos, como estos se llenaron de lágrimas y éstas comenzaron a bajar silenciosas por sus mejillas, aunque él había hablado de prisa, aunque había dicho las cosas salidas a tropel de sus labios, su madre había captado cada una de ellas.

—Ahora vienes aquí…— continúe hablando porque no iba a parar, no iba a dejarlo hasta que su madre entendiera que debía dejar de buscarlo, porque nada iba a salvar la rotura que había habido en su relación. — intentando convencerme de que podemos ser una familia feliz, de que yo soy el hijo que siempre has querido, cuando en verdad lo único que ustedes deseaban era deshacerse de mí. Es enfermizo lo que estás haciendo, madre.

—Lo único que quiero es tener a mi hijo en mi vida. — murmuró ella y se secó las lágrimas con una de las toallas de cocina que estaba a su lado. Luego la tiró al suelo y le apuntó con el dedo índice. — ¿Crees que es fácil para mí no haber tenido a mi hijo en mi vida? Eres sangre de mi sangre, saliste de mi cuerpo, yo misma te di a luz, fui la primera persona a la que viste a los ojos, yo fui quien estuve ahí cuando diste tus primeros pasos, soy tu madre.

—No lo fuiste durante demasiados años, no lo fuiste durante dos décadas y te aseguro que hace mucho tiempo que dejaste de ser esa persona a la que amaba.

—¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes ser tan desalmado como para no perdonarme? — Murmuró ella. Y saliendo de la cocina, dando pisadas fuertes y sonoras, se alejó de él dando sollozos atribulados.

Duro, sí, pero verdadero.

Decía nada más allí tomó la botella y se pegó del borde de esta, dándole un par de tragos acelerados dejo la botella a la mitad y se alejó de la cocina después de colocarla encima de la encimera con sumo cuidado, mucho más cuidado del que había tenido sus padres al separarlo de ellos.

Sin embargo, justo cuando estaba llegando a la puerta de la salida se encontró de frente con la razón de sus tormentos, con el motivo de sus pesadillas, con la razón por la cual su corazón aceleraba cada vez que pensaba en un solo nombre.



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En el texto hay: traicion, jefe, amor

Editado: 25.10.2022

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