CAPITULO 39
Steven tomó a Sarah de la mano y se alejó de allí de todas las personas que comenzaron a murmurar.
Caminaron en silencio mientras ella sollozaba incontrolablemente, temblando junto a la mano que él tenía entrelazada con la suya.
Quería consolarla, quería decirle que todo estaba bien, un instinto protector se había desarrollado en él. Se había creado teniéndola a ella tan cerca, tan indefensa, tan adolorida, él quería sanarla, él quería hacerle saber que todo saldría bien, que nada malo iba a pasarle, que quien sea que estaba intentando aprovecharse de ella, según había escuchado por sus propias palabras, que no le importaría quien fuera detrás de la línea. Él iba a salvarla. Él iba a protegerla.
Caminaron sin rumbo, pues Steven conocía muy poco de aquella ciudad, aunque había nacido allí mismo, pocas cosas recordaba de Crossvile.
Se sentaron en la acera y se miraron en silencio. Ella metió la cabeza entre sus rodillas y cubrió la nuca con sus manos.
—Sarah, dime cómo ayudarte. — le pidió él después de un rato. — Lo que sea que necesites: dinero, estatus….
—Porque te enfocas tanto en ayudarme, porque te esfuerzas en dejarme claro que tú puedes ser mi salvador. Yo no necesito a nadie.
—¿Sin embargo, fuiste esta mañana a buscar a Marcos para que él te diera dinero, no es así?
—¿Cómo es que…?
—Conozco a las personas cuando necesitan dinero. Conozco cómo se comportan. Veo la desesperación en sus ojos y Así mismo es como están los tuyos ahora, ese azul tan intenso, está atribulado y me tortura verte así.
—¿Me conoces desde hace dos días, cómo es que puedo molestarte tanto? — le preguntó a ella entonces. — ¿Por qué no simplemente puedes alejarte?
—No puedo dejarte Sarah. — reconoció el. —
Steven cuando silencio durante unos minutos, mirando hacia la calle que se encontraba desierta, debían de ser ya las diez de la noche, quizás más. Él hacía rato que no miraba el reloj en su muñeca. Tan solo disfrutaba de tener a Sarah a su lado, algo que él no había experimentado jamás. Un instinto protector se había vuelto imparable dentro de él.
—Conocí a una mujer hace muchos años. Se llama Melanie. Me enamoré de ella. Primera vez que me enamoraba de cualquier mujer, había pasado de los 25 años y nunca me había compenetrado tanto con nadie. Era como si ella me conociera mejor que como me conocía yo misma.
Jamás le había contado sobre Melanie a nadie. Él era un tipo solitario, una persona que buscaba mujeres solo cuando él deseaba tener sexo. Sin embargo, se había pasado todos esos años intentando demostrarle a su tío que no había cometido un error en adoptarlo, intentando demostrarse a sí mismo de que él era merecedor de la fortuna de su tío.
Él quería ser merecedor de todo lo que tenía, se sentía que estaba viviendo una vida robada, una vida prestada, algo que a él no le pertenecía.
Quizás esa vida debió haberla tenido el hijo que nunca tuvo Trent Williams.
Tal vez por eso Steven se esforzaba tanto en dar lo mejor de sí mismo.
—¿qué pasó con ella? — Preguntó Sara entonces mirándole.
—Todo fue una farsa. Jamás me quiso, jamás me amó como yo lo hice con ella. Ella solo estaba buscando mi estatus, mi nivel, buscando meterse en mis cuentas de Banco y robarme todo el dinero, por eso me conocía tan bien. Por eso resultó que le gustaban las mismas cosas que a mí. Ella solamente fingió, todo, duró tiempo estudiando, me acercándose a los mismos lugares a los cuales yo circundaba.
—Dios mío…— escuchó el que ella susurro. — ¿puedo preguntar cómo te enteraste de que todo era una mentira?
—La encontré con otro.
—No me jodas….
—Yo estaba de viaje, quise sorprenderla. Mi tío me había dicho una y 1000 veces que esa mujer no me convenía, que terminaría haciéndome un martirio. Sin embargo, yo no le creí que estaba enamorado. Era la primera vez que una mujer me cautivaba tanto como Melanie lo había hecho.
—¿Tu tío había tenido razón entonces?
—El muy desgraciado había tenido razón en todo.
—Lo siento. — le dijo ella colocando su mano izquierda sobre la rodilla de el, en un gesto de apoyo.
—Es peor cuando se dice en voz alta. — intentó él, ocultar el nudo que llevaba en su garganta.
—No tienes que avergonzarte por eso, confiaste en la persona equivocada.
—Supongo que puedo decir lo mismo de ti y aún así te estás torturando por los errores de otras personas.
—¿Cómo es que…?
—Ya te lo he dicho. Puedo verte, puedo leerte.
Él pasó un brazo por los hombros de ellas y ella, sin intentar detenerlo, se acurrucó junto a él.
Se quedaron allí un largo rato, no dijeron nada más, no era necesario, se comprendían el 1 al otro. Ambos habían confiado en las personas equivocadas y ahora estaban pagando las consecuencias. Quizás en el caso de Steven no era siendo apuntado por otras personas por haber cometido un error, pero era suficiente tortura el castigo interno personal. El se avergonzaba solo de haber creido a ciegas.