CAPITULO 40
—Confié en el hombre equivocado, al igual que tú.
—¿Estás hablando de Mark? — Preguntó él.
Ella se levantó de la acera y se sacudió la ropa.
—Fue mi novio desde la secundaria era el hombre favorito de todas y yo me sentí elogiada y feliz cuando él empezó a dedicarme atención.
—Supongo que tienes muchos años conociéndolo.
—Cuando me propuso casarnos lo vi como algo normal, lo vi como que era lo ideal, a pesar de que desde la Universidad me decían que él estaba engañándome con otras, a pesar de que desde la secundaria las mismas compañeras de clase se reían de mí a mis espaldas cuando creían que yo no lo veía. Sin embargo, para mí esos comentarios no tenían razones ni motivos. Yo jamás le faltaría el respeto a él siendo le infiel. Pensé que él me trataría de la misma forma.
—Que había estado mintiendo durante años.
—No solamente me mintió, Steven. — le corrigió ella interrumpiéndolo. — me vio la cara de estúpida, pensó que yo siempre estaría ahí para él. Creyó que por más que él me fuese infiel, que hablaran de mí a mis espaldas, que los vecinos del pueblo murmuran y susurrarán sobre sus infidelidades y que las mujeres con las cuales él se acostaba me miraran y señalarán como la tonta más grande del mundo. Él pensó que yo le perdonaría después de todo.
—No es solamente el tema de que me haya visto la cara de tonta, no es solo el hecho de que me haya sido infiel. Él me pidió dinero prestado porque tenía deudas y tenía vergüenza de pedirle a sus padres porque ellos no sabían sobre sus juicios al juegos. Mark iba de un lado a otro viendo a casinos en diferentes países. Después de que cumplió los 21 años, comenzó a juntarse con personas que no le eran buenas a él. Le dije una y 1000 veces que dejará de verse con esos hombres. Él no me hizo caso, intervino endeudado hasta la cabeza.
—¿Te pidió dinero?
—Él no lo hizo de esa forma, fue más inteligente de ahí y yo, tan tonta y enamorada. Me dejé llevar, creí cada palabra. Creé que me regresaría el dinero.
—¿De dónde sacaste el dinero? — Preguntó él. Y ella sintió como sus mejillas se llenaban de color teñidas por la vergüenza.
—La herencia de mis padres.
—Qué?
—Utilicé lo que nuestros padres nos dejaron al morir a las tres. Se lo di todo a él, le di todo lo que teníamos, le dí lo que le pertenecía a Penélope y lo qué pertenecía a Danny, junto con lo mío, le di todo y luego él no me lo devolvió. Jamás me regresó el dinero, al pasar los años entendía que quizás con mucho esfuerzo, yo podía recuperar la parte de Penélope. Con Danny no habría inconveniente porque ella nunca me preguntaría por ese dinero, pero yo le daría toda la vida buena que ella necesitaba y merecía. Yo me iba a encargar y lo estoy haciendo hasta el momento de que a mi hermana no le falte nada.
—¿Le has preguntado sobre el dinero y cuando pretende pagártelo?
—No lo hice más, me cansé. Dejé de hacerlo porque supe que él no tenía intención hasta devolvérmelo. Pero era muy débil como para permitir que él se alejara de mí por una simple discusión por un tonto dinero. Para mí el dinero no es importante, Steven, para mí es solamente un arma que utilizan las personas para conseguir lo que quieren.
—Maldito Cabrón. — dijo Steven, Levantándose también de la acera y tomando A Sarah entre sus manos, colocando ambas en sus mejillas. Le miró a los ojos y le obligó a buscar su mirada. — él no es mi amigo.
—No me digas que no lo es y lo defendiste a capa y espada la noche del accidente.
—Ese que está postrado en cuidados intensivos, no es mi amigo, ese hombre en el cual él se convirtió. No es el chico con el que yo jugaba cuando era un niño.
—Se conocen desde niños y yo estoy destruyendo esa imagen ante ti. No sabes cuánto lo lamento, lo siento de verdad. No… no quiero que te alejes de él… esto… lo que sucedió entre él y yo…
—Me bastó tan solo verte unos segundos para saber que tú no eras una mala persona, si bien sé que cometí un error al juzgarte a la primera y al dejarme de llevármelo, que Beverly me había dicho en aquel accidente, te aseguro, qué estaré arrepentido La vida entera de haberle creído.
Y fue allí cuando Sarah le creyó.
Le creyó porque no tenía por qué buscarlo como a él lo había hecho con ella.
Ella misma había pecado DE hacerlo en primera instancia cuando se conocieron, aquella vez en la entrevista y luego más adelante, en el accidente.
Así que juzgar a la primera había sido un craso error para ambos.
—Lamento haberte dicho estas cosas sobre Mark.
—Ya te lo he dicho, no es mi amigo. — repitió el.
—Se conocen desde hace años. Respeto eso, sin embargo, no aguantaba más. Seguir ocultándotelo. No aguantaba qué me juzgaras.
—Hace tiempo que deje de juzgarte, Sarah. Es más… hace rato que lo único que pienso es en ti. —El sonrió triste. — No regresé a Crossville a esto.