CAPITULO 43: LA VERDAD, NO SERÁ FACIL.
—Lo que voy a contarte quizás te parezca descabellado. A lo mejor no lo entiendes así de fácil…
—Dímelo de una buena vez, por qué la cara que tienes me está comenzando a asustar.
No era para él nada fácil, sé que era considerar decirle que había ido allí en una misión secreta, conocerlos a todos, introducirse en el círculo de los empleados de la constructora, aprender a ver cuáles eran sus debilidades para así poder cancelar los a todos, sacarlos de allí de una buena vez y para siempre. No iba a seguir permitiendo que la empresa se siguiera destruyendo por la ineptitud de algunos.
Pero por supuesto que decir eso, reconocer aquello en voz alta iba a ser catastrófico para lo que él estaba intentando crear con ella.
No estaba enamorado, no podía haberse enamorado en tan solo un par de días, pero sí sabía que estaba sintiendo algo por Sarah.
—Lo que sea que está sucediendo. Puedes contármelo. Creo que ya nos hemos dicho nuestros más turbios secretos.
Por supuesto que ella pensaría aquello lo más difícil que había hecho a lo largo de sus años era haber entregado su confianza a la persona equivocada, sin embargo, él, Steven Lucas sí que tenía secretos.
—Una vez que te cuente las cosas, sé que todo cambiará entre nosotros.
—Aún no hay un nosotros, ya te estás preocupando por cómo vamos a terminar.
—Vamos ahora, dame algo de crédito. Por supuesto que hay algo entre nosotros.
—No lo sé…— dijo ella. Y eso le pareció lo más idóneo aquel momento. ¿Cambiar el tema? Eso era lo mejor que podía sucederle.
—¿Estás segura de que no lo sabes o no quieres admitirlo?
—Todo es muy confuso y las cosas han pasado muy deprisa. Te estoy esperando un hijo de Mark.
—Sin embargo, veo cómo la vena en tu garganta se acelera con tan solo acercarme a TI. — dijo él, dando un paso hacia ella colocándose tan cerca que sus respiraciones entrelazaron. — Aunque no estás segura de lo que sientes por mí, veo como tu lengua pasa por tus labios resecos, deseosos de que yo los bese. — Él se acercó un poco más hasta que sus labios casi se tocaron la respiración de ella se detuvo. Él vio cómo ella cerró los ojos. Que estaba esperando por él. — sé que ahora mismo lo único que estás pensando es el desarme. Así que admítelo.
—No voy a admitir absolutamente nada. — digo ella con voz gruesa. Cargado de puro deseo. — Lo único que quiero es escucharlo para que tu ego crezca aún más.
—¿Crees que necesito escucharte decir que me deseas?
A él le valía un centavo escucharlo. Con saber que el pulso de ella se aceleraba al tenerlo cerca, con ver sus ojos llenos de calor al verlo; el hecho de haberse declarado ante el contado sus secretos, hablado sobre su familia y sobre lo confiada que había sido en el hombre que ella amaba, eso era más que suficiente para demostrarle que ella también quería confiar en él. A él no le importó en lo absoluto que en su vientre estuviera el hijo de su mejor amigo, del único amigo que había creído tener, pero que en verdad ahora se daba cuenta que estaba intentando anclarse a su vida en aquel pueblo que, en verdad, no tenía nada más del pasado en su presente. Sea ató a Mark Rewards, con la intención de no olvidar nunca de dónde había venido.
—Es curioso…
—Sí quiero que me beses. — reconoció ella. Y él, actuando por un impulso primitivo, se acercó aún más hasta que sus labios finalmente se unieron. La besó con intensidad, con fuerza, con todo el deseo, que había estado cargando desde hacía horas, días desde aquella vez en que ella se desmayó y él la llevó hasta su casa y vio allí que ella encajaba perfecta en su hogar, en aquella casa alquilada y que con ella allí, su casa se sentía aún más cálida. Se sentía como un hogar.
Todo estará parecido en su alrededor ya nada más importaba tan solo ella entre sus brazos, coloca una mano en su boca, la acercó más a él para profundizar el beso, introdujo la lengua con los labios de ella entreabiertos, dejándole el paso a incentivar más su deseo, su beso, su forma de tocarlo. Sus manos subieron hasta el cuello de él y sus dedos cálidos le dijeron que ella también deseaba que ellos los dedos de Sarah se engrosaron en su cabello largo en la parte de debajo de su nuca y tiró de él con suavidad, pero con intensidad al mismo tiempo.
Se fundieron en un abrazo en un vaivén de caricias. Allí, en la acera frente a la calle, a expensas de que cualquier otro de los vecinos los viera, pero a ninguno de los dos le importaba ninguno de los dos estaba pensando en aquello, pensaban solo en ellos, en lo mucho que disfrutaban juntos.
—¡Vaya! ¿Quién lo creería? Hace 3 días tu ex prometido tiene un accidente y tú estás aquí besándote con otro hombre.
Sarah se alejó de sus labios y miró con los ojos espantados al hombre que Steven había conocido como el amigo de Sarah.
—Tony.
Así, eso era. Tony.