CAPITULO 44
Caminó en silencio mientras sentía que el alma Iba a salírsele del pecho. Sara nunca había hecho algo particularmente deshonesto, con lo cual se sintiera mal consigo misma, no más que haberle prestado el dinero a Mark cuando éste lo había necesitado. Sin embargo, hacer algo por hacerle daño a alguien, jamás había cruzado por su cabeza y en aquel momento sentía que le había clavado un puñal en la espalda a su mejor amigo.
Tony no dijo nada de camino a la casa, se mantuvo callado mientras ella encendía el coche que había pasado a recoger a la casa donde había intentado encontrarse con su hermana. Después de esta verle chantajeado, pero su hermana nunca apareció, se subió al vehículo y lo encendió. Tony se montó a su lado y juntos se fueron a buscar a su hermana a la casa de él.
Danny Wright se montó también en silencio en el coche después de haber dejado a Tony en la casa. Ninguna dijo nada.
Sara sentía que en cualquier momento iba a estallar. Pero de repente pensó que ella no tenía nada de qué avergonzarse, si bien se había besado con él no tenía que rendirle cuentas a nadie. Era una mujer soltera desde hacía meses, una a la cual había maltratado y utilizado en diferentes ocasiones. Ella no era la mala en ninguna historia, ella simplemente estaba intentando vivir su vida y ser feliz.
—Te pedí disculpas. — comenzó ella diciendo una vez que se bajaron del coche. — te pedí disculpas porque entiendo que es lo que mereces porque sé que te fallé, que te mentí y oculte información muy importante para ti. — Sin embargo, su hermana menor siguió en silencio mientras está con su llave, abría la puerta y entraba. — sé que no quieres escucharme, que quizás no me perdones ahora, pero tenía que decirte una vez más, cuánto lo siento.
—No todo gira en torno a ti, Sarah. — fue lo único que dije ella, mientras sacudía la cabeza y subía las escaleras con dirección a la habitación. — Lo hiciste mal — dijo ella, Deteniéndose en el último escalón, se giró y le miró a los ojos desde arriba. — Y tienes razón, no estoy lista para perdonarte, lo sé, tengo 14 años, pero soy una persona que tiene sentimientos al igual que tú y me siento sumamente traicionada. Creí que tú y yo éramos amigas, que podías contarme lo que sea.
—Y así es, Danny. Sabes que cuentas conmigo y que yo…
—¿Qué tú qué? — preguntó, y bajó la escalera de 2 en dos hasta que llegó frente a ella y la miró enarcando, una de sus cejas de forma prepotente. — ¿Vas a atreverte a decirme a la cara que tú confías en mí y que no me guarda secretos?
—Danny…
—Eso creí. — Su hermana comenzó a alejarse nuevamente y ella extendió una mano y la detuvo. — Estás tarde para volver a pedirme disculpas. Necesitas dejar que el tiempo pase y que yo aprenda a convivir con la verdad. con la realidad.
Sara tuvo que darle la razón en silencio, así que la dejó marchar y oír a su hermana menor convertida en una adolescente convertida en una joven señorita que pensaba bastante bien las cosas y que le había dado una bofetada de realidad a ella.
Era cierto, ellas dos eran una contra El Mundo. Ellas, todos se habían quedado solas después de que Penélope se fuera del pueblo y lo mínimo que Sarah debía de haber hecho era confiar en que su hermana comprendería y le ayudaría con los gastos, no trabajando, por supuesto, porque era una niña, pero sí gastando menos derrochando menos. No viviendo esa vida de lujos que había estado dándole.
Ahora ella no tenía la necesidad de sobre guardar toda esa cantidad de dinero, había pagado la hipoteca. Todo estaba al día, ella inclusive había pensado en construir una casa nueva justo en las inmediaciones de la de que sus padres les habían dejado.
Quería seguir invirtiendo, lograr crear un hotel. Siempre había querido tener un pequeño lugar acogedor donde los turistas y extranjeros pudieran quedarse a pasar la noche, tal vez dos días no visitaba mucha gente extraña el pueblo, pero cuando lo hacían en las festividades muchas tenían que irse a Tennessee para conseguir alojamiento.
Era un sueño que ya no le había dicho a nadie, era su sueño privado, una meta que se suponía debía cumplir antes de los 40 años, pero al paso que iba estaba segura de que no iba a poder lograrlo.
Se fue a su habitación después de cerrar la puerta de la entrada, tomó su bolso y el celular y con un peso enorme en la espalda, se encerró en su cuarto y se dejó caer en la cama con la ropa puesta. Su teléfono vibró en ese momento y ella vio el nombre de su hermana grabado en la pantalla.
—Creo que has causado suficiente daño. Voy a intentar conseguirte el dinero para que te largues.