Enamorado del amor pero sin suerte

8- Envidia

Él no estaba celoso, él tenía envidia;

envidia por verla sonriendo todo el día y no ser la causa.

De haberla convertido en su musa y no poder tocar,

de que de su corazón no la podía sacar, mientras el corazón de ella era un hogar donde él no tenía lugar...

Se sentía un chiste, pero no de esos que dan risa,

sino de los que se dicen con prisa: uno que incomoda y se trata de olvidar.

Y eso, a veces, lo hacía dudar, esas veces que sentía envidia;

esos días se trataba a sí mismo con desidia y derrochaba la tristeza con un pesar que solo a él le pesa.

Pero, aunque sentía envidia, no le duraba demasiado.

Hablarle era su momento más ansiado; adoraba cada segundo que constituía el momento.

Entonces no tenía lamento, solo el bonito recuerdo de la existencia de los dos.

Entonces no importaban los modos, ni que mirase a través de él, ni que fuera una ilusión cruel... solo importaba el amor.




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