Encantus. Alas de hielo (libro 5)

Capítulo 3: Decisiones

Capítulo 3:

Decisiones

 

Mafer

—¿No se supone que todas las puertas estaban cerradas? —murmuro.

Las instalaciones a dónde han llevado a la princesa oscura son pasillos estrechos. Apenas iluminados. Dan la sensación de que existe muy poco espacio para maniobrar cualquier circunstancia, y es la terrible realidad.

Yira ya tiene la respiración agitada y mide el espacio con sus brazos.

—¡Que par estamos hechas!

Doy pasos lentos. Calculando la distancia con el hombre serpiente que va por delante.

—Ni lo menciones. De haber sabido que esté lugar… no hubiera venido.

—Ja. ¿Qué esperabas? Estamos dentro de una cascada —detono casi que con sus mismas palabras.

Abre los labios y se queda parada con los brazos abiertos tocando las paredes.

—Si intentas distraerme, no está funcionando

—Por lo menos lo intente. Yira, no has respondido a mi pregunta.

—Ah, pues. Las más obvias están selladas por completo, sin embargo, hay dos que tienen acceso para salir…

Me detengo. El guardia que nos guía sigue adelante, hay que mantener la distancia. Él se mueve sobre sus dos piernas, así que estoy controlada.

—¿Cuál es la otra y porque no me habías dicho? —miro sobre mi hombro. Ella está respirando por la boca y sus brazos quedan arqueados contra la pared del pasillo. Sí, son muy estrechos.

—La otra puerta da directo a la cueva —arqueo las cejas, una puerta allí es tentadora y muy peligrosa—. Ya estuve allí y la hermandad casi me atrapa, Cris y Suri me sacaron. No era la mejor opción, así que preferimos no decir nada. Era muy tentadora.

Ah, eso sucedió hace más de un año. Cuando ella exploraba el valle donde se encuentran los selváticos. Un secreto desvelado.

—Usar esa puerta está fuera de discusión, a menos que…

Ella niega con un semblante de terror, un poco por el pánico de los lugares cerrados y otro tanto por la idea incluso que se agita en mi mente.

—Jamás la usaremos —sentencia Yira como si tuviera la llave de ese sitio.

—Sí, tienes razón. No estamos tan desesperadas.

—Exacto —su pecho sube y baja.

—Pero si lo estuviéramos.

—¡No! Mafer, nadie va a cruzar esas puertas —me señala con el dedo. Su respiración sigue agitada. —No vale la pena el riesgo. Siempre habrá otra alternativa.

Pienso en el tiempo y los riesgos, no los de cruzar esa puerta, en los que intentamos de evitar cada día. Shema tiene razón, me guardo algunas cosas. Recuerdo perfectamente a la corte oscura, la batalla con los condenados, a Yira intentando salvarla cuando ya no había nada que hacer. La ayudamos, compartimos parte de nuestra magia con ella y el lazo que la une a Encantus. Sentí esa conexión como una red entre todos y me di cuenta de que verano puede ser el siguiente. Ya estuvimos bajo el tuyo de la hermandad, tengo miedo que un ataque nos ponga en jaque. No es que quiera perder mis habilidades, dejar de ser quien soy, pero si es necesario para salvar a mi corte, tomaré esa salida solo como última opción.

—Por eso no quería decirte.

—No he dicho nada —replico.

—Ni que hiciera falta. Me es muy fácil leerte, Mafer. Haces lo que sea para salvar a los demás, por qué esta sería la excepción.

Enfrentó su mirada. Somos dos iguales, no me cabe duda de que Yira algún día llegará a reinar. Desconozco los detalles de su estadía con los selváticos, no hemos tenido tiempo de hablar sobre otras cosas que no sea Susej, las puertas, los condenados, Idris, la seguridad de Encantus… Ya ella adoptó esa mirada regia y dominante que llegara a intimidar a muchos.

—Prometo involucrarse en cualquier decisión que tome con respecto a esa posibilidad.

—Encontraré a m… Idris antes de que te sientas tentada a sacrificarte por los demás.

Eso espero.

—Dejen de cuchichear y muévanse —gruñe el soldadito serpiente.

—¡Qué grosero!

—Oye, Mafer.

—Ni lo pienses, no me vas a abandonar ahora.

—Necesito tomar aire en un lugar más amplio. Nos vemos en un rato —da vuelta y huye.

Me dejó a mi suerte con las serpientes. Es la primera vez que la veo huir. Muy bien, puedo hacer esto. Soy una reina, el hada de fuego y he estado en peores situaciones. No, mentira, nada se compara con un nido de serpientes que pueden doblar, triplicar mi tamaño.

Respiro hondo y avanzo. Una pequeña curva y el guardia se detuvo en el arco de una habitación sin puerta.

Una mujer de cabello corto por encima de los hombros en color verde me da una mirada rasgada que me hiela la sangre. Algunas de ellas no necesitan cambiar sus pieles para hacerme sentir acechada.

—La reina de verano —dice la mujer, me inspecciona desde los pies a la cabeza. Espero no estar temblando, eso dañaría mi reputación—. Se habla mucho de ti. ¿Se puede saber dónde está la sanadora que durmió al hada oscura?




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