Capítulo 46:
Atrapada
Mafer
El fuego lame mi piel, una caricia tibia que choca contra las bajas temperaturas. Como un abrigo de lana que mantiene mi piel protegida y cálida. No se puede vivir en un invierno perenne, aun con todo el fuego en mis venas el frío muerde como una bestia hambrienta.
Debo admitir que mi corte se debilita con la amplitud de la helada y la enfermedad, ambas golpeando con fuerza una puerta que apenas se sostiene, por ende, mi magia también flaquea. Tiene sus altibajos, pero seguimos resistiendo. De momento, lo mejor es enfocarme en la daga y su mortal filo, dejar mis habilidades reservadas para un cambio de ambiente más favorecedor.
Será más fácil acabar con mis enemigos cuerpo a cuerpo, que intentar prender fuego sobre la nieve. Quizás pueda sostenerlo por un tiempo, pero se agotará y con ella mermarán mis propias fuerzas. No estoy en mi elemento, y si logro necesitar mis alas, debo guardar mi magia para ellas.
Mis habilidades con un cuchillo tendrán que ser suficiente. A pesar de que Agadria y Maritza se han quedado sin aliados entre las cortes, porque estoy segura de que Bianca se ha marchado a invierno al darse cuenta de que casi muere en los sueños de la bruja. Es una chiquilla ambiciosa que sabe muy bien que batallas evitar, esta es una de ellas. Pueda que apoye a la hermandad, mas no va a sacrificarse.
Quedan los condenados, una población limitada en números, pero muy letales. Sus habilidades de drenar la magia de otras hadas los hacen demasiado peligrosos, y a nosotros frágiles. Y deben estar aquí, protegiendo a sus reinas. También los Duants, que, si son una cantidad más considerable dado a todos los integrantes de la hermandad que siendo imbéciles, cedieron su propia existencia para que pudieran permitirse caminar sobre la tierra entre carne y huesos.
Me pregunto si mi madre sabría el desenlace que le esperaba, si realmente conocía los riesgos de permitir tener un huésped, uno que la devoraría desde adentro hacia afuera. No debería alegrarme de su muerte, pero lo hace, es tranquilizador saber que no llego a perderse ante el nacimiento de los Duants, que su cuerpo no está por allí, retorcido y modificado en una nueva criatura que debemos destruir.
El panorama ha cambiado demasiado desde mi última visita, los estragos de la hermandad sacudidos debajo una alfombra de nieve, inmensa. Ahora, los escuálidos árboles salpicados de blanco parecen tener un poco más de vida, decorados con transparentes carámbanos, más de lo que tenían antes. Lo verdaderamente extraño es el aplomo del silencio, la ausencia de nuestros enemigos.
Creí que estarían cubriendo cada rincón del velo, a la espera de que cualquier amenaza intentara acercarse a alguna de sus reinas, es lo más lógico, sin embargo, todo está demasiado tranquilo.
Shema se sube el cuello del suéter y se coloca un gorrito de lana. El frío es inclemente de este lado como del otro. Vino preparado, aunque no parece ser suficiente. Se frota los brazos a medida que caminamos.
No es algo a lo que me gustaría adaptarme. Sin embargo, es mejor opción que la enfermedad. Si hay que elegir, me asocio con mi hermano, el rey de esta tempestad que quiere sacudir mis huesos. Él y Lyon marcan el camino con destreza y familiaridad, del elfo no me sorprende la corte oscura, comparte frontera con invierno, pero mi hermano, Kevin, parece que se hubiera criado en Encantus toda su vida, y no es un pueblito montañoso donde los días más fríos era por las intensas lluvias.
Yo, en cambio, voy a pasitos de morrocoy, hundiéndome en la nieve y haciendo un esfuerzo triple para mover los pies.
—Aquí es peor que en el pueblo —musita Shema. Su aliento se vuelve humo blanco y sus mejillas están sonrojadas. Tiembla a pesar de estar muy bien abrigado.
Es arriesgado haberlo traído, si hubiera estado lejos de la entrada una vez que Kevin cerro el acceso con esa gruesa capa de hielo, estaría a salvo junto a la abuela, aunque no sería por mucho tiempo. Apuesto lo que sea a que Rocío y Olivia ya deben estar de camino.
La intención nunca fue alejarlas del peligro, ambas son guerreras de Encantus mucho antes que yo, son necesarias en realidad. Evitar que nos encerraran por protección era el problema.
Así que, Shema está aquí con un arma de fuego que según él sabe manejar muy bien. No lo discuto, porque yo sí sé que no soy buena con las pistolas. Además, él es resistente, fuerte y terco. Compartimos algunas cualidades.
—Kevin tiene un enfoque particular con el velo, es como si todo su poder se derramara aquí, y ya luego repercutiera en el resto de Encantus, El pilar… y hacia donde se haya extendido la helada —espero que no tan lejos. Que nuestras acciones puedan revertir los cambios climáticos en el exterior.
—Es cierto —secunda—. No te parece que algo en él ha cambiado, no sé, parece más decidido que todos nosotros por proteger el lugar que según, sus propias palabras, odia.
Mi hermano y Lyon llevan un buen tramo de distancia, lejos ya de los árboles petrificados. Me parece que ya estamos más cerca de las ruinas. Y es verdad, Shema tiene toda la razón, Kevin está lejos de huir de aquí una vez que todo… mejore, desprenderse de Encantus, ni siquiera de la corte de invierno, de alguna manera, que no entiendo, eso ha pasado a segundo plano.
—Pensé que era la única que lo sentía —paso mis manos por su espalda, le proporciono algunos lametazos de mi poder. No he preguntado cómo dejo el pueblo atrás, como está su padre, que tan mal va todo del otro lado, no es el momento. Así como tampoco lo es para interrogar a Kevin y hacerlo hablar—. ¿Tú qué opinas, Yira?
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Editado: 04.02.2026