Encontrando al papá de Luis

Capítulo 1 – Noche Loca

Hace 2 años y medio.

Helena

Estoy despidiéndome de la chica a la que he estado tatuando durante las últimas 4 horas, cuando me llega un mensaje de mi amiga Elisa para recordarme que, en un par de horas, pasará por mi casa para irnos de fiesta.

He estado haciendo tatuajes casi todo el día, pero, a pesar de ello, no estoy nada cansada.

Tener mi propio estudio de tatuajes siempre ha sido mi sueño y lo estoy cumpliendo con creces. El que me entrevistaran en la revista “Tattoo Love” por ser una de las tatuadoras mejor valoradas de Madrid, ha hecho que el negocio suba como la espuma y que tenga una lista de espera de 1 mes.

Termino de limpiar y desinfectar todo el material que he usado y me aseguro de dejar la alarma puesta y el local bien cerrado antes de irme.

Mientras voy de camino a casa en mi coche, pienso en la conversación que tuve ayer con mi madre. Ella cree que, como tengo 32 años, ya es hora de que siente cabeza.

No quiere que esté sola, pero no entiende que, después de que mi exnovio me abandonara por mi forma de ser, por mi forma de comportarme, no me apetece tener una relación.

Cuando llego a casa, como algo rápido, me doy una ducha y, cuando voy a empezar a vestirme, llega Elisa que, al tener llaves, entra como si estuviera en su casa.

Yo pensaba ponerme algo cómodo, pero ella me convence de que me ponga el vestido que me regaló en mi último cumpleaños, así que me lo pongo y me miro al espejo.

El vestido me llega por encima de la rodilla y tiene la espalda descubierta y un escote en V. Es de color verde esmeralda, a juego con mis ojos.

El pelo decido dejármelo suelto. Como mis rizos pelirrojos me llegan por debajo del hombro, no creo que me molesten a la hora de bailar.

Elisa insiste en que me maquille, como hace siempre, pero, una vez más, me niego porque no me gusta hacerlo, únicamente me pongo un poco de brillo de labios.

Cuando termino de prepararme, ya ha pasado la medianoche, así que nos dirigimos a la discoteca.

Al llegar, aunque hay bastante cola, entramos directamente porque el portero es amigo de Elisa.

Lo primero que hacemos es sentarnos en la barra a tomarnos algo. Empezamos con unos chupitos y unos mojitos y, cuando nos los terminamos, decidimos ir a bailar.

No pasa mucho tiempo, cuando dos hombres se acercan a bailar con nosotras.

Elisa acepta al instante. Parece que le gusta el que quiere bailar con ella, pero a mí no me apetece para nada bailar con su amigo.

Estoy un rato bailando con ellos, pero como el tipo se pone un poco baboso, decido disculparme para ir al baño y así refrescarme.

Me cuesta llegar al pasillo donde están los baños debido a que la discoteca está llena hasta los topes, pero cuando lo consigo veo que el pasillo, que es bastante largo, está desierto.

Cuando estoy a mitad de camino, siento que me cogen de la cintura y me empujan contra la pared con bastante fuerza.

-¿Dónde vas tan solita, preciosa?- me pregunta un hombre algo más alto que yo y que huele bastante a alcohol.

-A ningún sitio que a ti te interese, así que déjame en paz.- contesto mientras intento escapar de él, pero, aunque se ve que está muy borracho, no lo consigo.

-No lo creo. Vamos a divertirnos mucho cariño.- dice él estrujándome más contra la pared e intentando besarme.

-¡Eh tú, déjala en paz, si no quieres que te de una paliza!- escucho que grita alguien mientras alejan al borracho de mí. -¡Largo!- dice empujándole.

El borracho parece que se asusta, así que se marcha.

-¿Estás bien?- pregunta el hombre que me ha salvado acercándose a mí.

Es un hombre más alto que yo, de casi 2 metros, con el cuerpo musculoso, rubio y con los ojos verdes.

-Sí, gracias.- contesto cuando dejo de repasarle con la mirada, cosa que a él no le pasa desapercibido.

-Mirándome así parece que me vas a hacer una radiografía.- dice con una sonrisa pícara.

-Bueno, eres bastante guapo, así que no he podido evitarlo. Déjame que te invite a algo para agradecerte que me salvaras de ese capullo.- contesto sonriendo yo también.

-Está bien, vamos.- dice haciéndome un gesto para que empiece a andar.- Soy Daniel, por cierto.-

-Yo me llamo Helena.-

Cuando salimos del pasillo, él me extiende la mano y, para no perdernos entre tanta gente, yo acepto.

Llegamos a la barra y encontramos un par de taburetes vacíos, así que decidimos sentarnos y pedimos un par de bebidas.

Al final, lo que iba a ser sólo una bebida, se convierte en que estoy el resto de la noche hablando y coqueteando con él, hasta el decidimos irnos a seguir con la fiesta en otro lado.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Aquí empieza la historia de Helena y del papá de Luis,.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.