Encontrando al papá de Luis

Capítulo 4 - Madre soltera

Helena

Al igual que todos los días, me levanto temprano y lo primero que hago es meterme en la ducha antes de que Luis se despierte.

Cuando salgo y me miro en el espejo, veo el tatuaje que tengo en mi costado derecho, donde dice “Todo pasa por algo”, y no puedo evitar pensar en el hombre con el que me lo hice: Daniel, el padre de mi hijo.

Ojalá tuviera alguna forma de contactarle para que conociera a su hijo. El formar parte de su vida o no es decisión de él, pero lo adecuado es que, por lo menos, tenga la opción de tomar dicha decisión.

Todo lo que pasó aquella noche, hizo que mi vida diera un giro de 180 grados y no puedo estar más feliz con ese cambio, porque en todos los aspectos ha sido para mejor.

Lo primero que ha cambiado, que fue lo más difícil y a la vez lo más importante, es que me convertí en madre y ahora tengo a un hijo de 21 meses a mi cargo, al que amo con todo mi corazón.

Mi hijo se llama Luis y es rubio y con los ojos verdes, igual que su padre. Es un niño bastante inquieto y muy risueño. También es muy cariñoso, pero sólo con la gente que conoce. No le gustan los desconocidos, sobre todo si son hombres y, si se acercan a mí, le gustan aún menos.

Lo segundo que cambié es mi mini piso por un hermoso dúplex con jardín y una pequeña piscina. Teniendo un hijo, un piso de una habitación era insuficiente para que viviéramos cómodamente.

La casa tiene 4 habitaciones: en una duermo yo, en otra duerme mi hijo y las otras 2 son las de los invitados. También tengo un garaje que, en un inicio, era para 2 coches, pero que yo he dividido en 2 partes. En una aparco el coche y, en la otra, tatúo a los clientes más fieles que tengo cuando no puedo hacerlo en mi local. Suele ocurrir pocas veces, pero nunca viene mal estar prevenida.

Otro cambio que he hecho es que he reducido mi horario de trabajo. Teniendo un niño pequeño y siendo madre soltera no puedo estar trabajando 16 horas seguidas sin parar y sin pasar por casa.

Antes había veces que me pasaba varios días sin ir por casa, porque tenía tantos clientes que me quedaba a dormir en el estudio de tatuajes para poder atenderlos a todos. Eso hacía que incluso me saltara alguna comida que otra, así que cuando me enteré de que estaba embarazada, esa forma de vida dejó de existir para mí, de lo cual me alegro, porque no era vida.

Por ese motivo, me hice el estudio de tatuajes en casa, para poder estar en casa con Luis todo el tiempo que pudiera. No quiero arrepentirme en el futuro por haberme perdido la infancia de mi hijo.

Además de eso, mi hijo ha empezado a ir a la guardería, lo que hace que se relacione con otros niños a parte de con mis sobrinos. También pasa mucho tiempo en casa de mis padres, ya que al tener 3 hermanas pequeñas que siguen viviendo allí, siempre hay alguien que puede estar pendiente de él, así que no me ha hecho falta buscar niñeras.

Lo último que ha cambiado en mi vida es que ya no tengo ningún tipo de relación con Elisa, la que yo creía que era mi amiga y a la que conocía desde la infancia.

Antes de saber que estaba embarazada, ya estaba meditando el hecho de sacarla de mí vida, aunque no estaba del todo segura. Quería ayudarla a salir del pozo en el que parecía que se había metido, pero tiempo después tuve que alejarme de ella por mi propio bien.

Cuando le conté que estaba embarazada, lo primero que hizo fue decirme que ella me acompañaba a hacerme el aborto, lo que no me gusto ni un pelo. Según ella, una mujer como yo, que le gustaba salir de fiesta y que tenía un trabajo mediocre, no podía ser buena madre.

Además, en esa discusión, por un descuido de ella, me enteré de que el hombre del que me salvó Daniel fue mandado por ella. Ella le compraba droga a ese tipo y, como no podía pagarle, el pago iba a ser pasar el rato conmigo.

Así que decidí cortar toda relación con ella. No quería ni pensar que hubiera pasado si Daniel no hubiera aparecido en el momento en el que ese hombre me atacó.

Según tengo entendido, ha entrado en un centro de desintoxicación. Espero que pueda salir de ello, pero, aunque consiga salir, la quiero muy lejos de mí y de mi hijo.

Hubo otra gente que también me dieron de lado, pero como realmente no eran amigos de verdad, me dio un poco igual. Los amigos de verdad están en las buenas y en las malas, y esas personas estuvieron sólo para salir de fiesta y poco más.

Pero lo que no me dio igual fue perder algunos clientes porque, según ellos, una mujer embarazada no puede tatuar. Es verdad que tenia que hacer descansos cuando eran diseños más grandes, pero el tatuaje quedaba igual a como hubiese quedado si no hubiera estado embarazada, sólo que me llevaba un poco más de tiempo hacerlo.

Los clientes más habituales, sin embargo, se portaron geniales conmigo, incluso algunos de ellos retrasaron sus tatuajes hasta que yo pudiera hacérselos. Según ellos, yo ya les había hecho muchos tatuajes con los que estaban maravillados y, ahora que yo necesitaba que tuvieran un poco de paciencia, ellos iban a tenerla porque por mi trabajo valía la pena la espera.

Pero no todo fue malo. También conocí a personas maravillosas, como Amaia y su familia. A ella la conocí en unas clases de natación a las que yo llevaba a Luis y ella a su hija Mireia.




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