Encontrando al papá de Luis

Capítulo 7 - Visitas de madrugada

Helena

No sé cuánto tiempo ha pasado cuando consigo calmarme y parar de llorar, pero me duele todo el cuerpo. El sofocón que me he llevado ha hecho que parezca que me ha pasado por encima un tren de mercancías.

Me levanto como puedo del suelo y, después de ponerme el pijama, voy al cuarto de baño a lavarme la cara.

Al mirarme al espejo, veo que tengo los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Espero que por la mañana no se me note tanto, porque he quedado en ir a casa de mis padres para recoger a Luis y pasar el día con mi familia, como todos los domingos.

Estoy pensando en hacerme un té relajante para que me ayude a dormir, cuando escucho cómo suena el timbre de la puerta, lo que hace que me asuste.

Cojo el bate de béisbol que tengo en el paragüero que está al lado de la puerta y, al mirar por la cámara, veo que es Amaia, así que abro la puerta inmediatamente.

-¿Qué haces aquí tan tarde? Es casi la 1,00 de la madrugada ¿Ha pasado algo?- le pregunto preocupada, haciéndole un gesto para que entre.

-Hemos venido para ver como estabas.- me contesta ella.

-¿Hemos?- vuelvo a preguntar y, es entonces, cuando veo que también están Lucca y Daniel. Se habían puesto de tal manera que yo no podía verlos a través de la cámara.

Mi hermano me mira con la preocupación con la que te mira alguien que sabe que estás pasando un mal momento y Daniel lo hace con lo que parecen remordimientos, pero eso no evita que haga un repaso de lo que llevo puesto.

Estoy vestida con unos pantalones cortos y una camiseta con el logo de los bomberos que es unas cuantas tallas más grande que la mía, por lo que una de las mangas se me ha bajado y ha dejado al descubierto mi hombro derecho.

Mi pelo rizado lo llevo recogido en un moño por encima de la cabeza.

-¿Nos dejas entrar? ¿Por favor?- me pregunta mi hermano.

-Voy a hacerlo porque no quiero montar un espectáculo y que los vecinos llamen a la policía. Además lo has pedido por favor.- le contesto dejándolos entrar. -Supongo que os ha contado lo que ha pasado. Aunque no entiendo por qué no tiene un ojo morado.-

-¿Por qué las dos pensáis que quiero pegarle? No soy violento.- dice mi hermano mientras vamos al salón.

-Porque eres muy protector con “tus chicas”. A Nacho le pegaste varias veces.- contesta Amaia sentándose en el sofá con un gesto de cansancio.

-Le pegué porque se lo merecía.- dice él sentándose al lado de ella.

-¿Y él no?- le pregunto señalando a Daniel, que se ha quedado de pie mirándome.

-Quizás sí, pero después de que me haya contado todo, puedo entender en parte su reacción. No me gusta que haya tratado a mi hermanita como una cualquiera, pero sé que se arrepiente.- me contesta Lucca mirando también a Daniel.

-¿Ah sí? Y, ¿Por qué no me lo dice él? ¿Le ha comido la lengua el gato o qué?-

-Porque tienes un bate de béisbol y me da miedo que, al decir algo, me rompas la crisma con el.- contesta Daniel y, es en ese momento, cuando me doy cuenta de que sigo teniendo conmigo el bate, así que lo suelto en la mesa.

-No me había dado cuenta de que seguía teniéndolo.- les digo, lo que hace que Amaia se ría. -¿Por qué has vuelto y los has traído a ellos contigo?-

-Porque está arrepentido de lo que te ha dicho y nos ha pedido ayuda.- contesta Amaia.

-Amaia, te quiero mucho, pero le he preguntado a Daniel y ya es mayorcito para hablar él solito.-

-Helena…- empieza a decir mi hermano pero, antes de que diga nada más, lo corto en seco.

-Ni se te ocurra reñirme Lucca. Estoy cansada y he pasado una noche de mierda, así que tengo derecho a estar enfadada.- le digo intentando no levantar la voz para que no nos oigan los vecinos.

-Tiene razón, amor.- me defiende Amaia.

-Es mejor que nos dejéis solos.- les dice Daniel.

-No podemos estar más de acuerdo. Además, Amaia está que se cae de cansancio. Iros a dormir a una de las habitaciones de invitados.- le digo a mi hermano señalando con la mano hacia el pasillo.

-Escúchalo. Y no lo mates, por favor. No he traído mi pala de esconder cadáveres.- me dice Amaia al pasar por mi lado, lo que hace que me ría.

-Ya estamos solos, así que habla.- le digo a Daniel sentándome en el sofá, y él hace lo mismo.

-Siento mucho cómo he reaccionado antes. Me he comportado como un capullo, pero no ha tenido que ver nada contigo.-

-Entonces, ¿Con quién tenia que ver si se puede saber?- le pregunto intentando no gritarle. Es lo único que me apetece hacer ahora.

-Con mi exnovia.- contesta él, lo que hace que lo mire extrañada. -Durante mucho tiempo, tuvimos una relación tóxica y, cuando la deje porque la situación ya era insostenible, me dijo que estaba embarazada.-

-¿Tienes otro hijo?- le pregunto antes de que pueda decir nada más.

-No. Poco después me enteré de que el bebé no era mío. Una amiga suya me lo contó porque no estaba de acuerdo con que me mintiera.- me cuenta él. -Todo eso pasó un par de meses antes de conocerte. Aún así, no debería haberte tratado cómo lo he hecho. Sé que tú no eres así, pero, cuando me has dicho que tenía un hijo, mi cerebro ha cortocircuitado y he dicho cosas que realmente no pensaba.-




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.